El hombre lluvia

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Estoy esperando para volver a Burkina después de pasar poco más de 2 semanas en España.

Allí me espera el calor, un calor discreto, 20-30 grados, nada que agobie como los calores de marzo-mayo, pero no estos fríos inclementes que te dejan encogido hasta el ánimo. Siento que me estoy aclimatando a Burkina porque mi cuerpo reacciona ahora mejor al calor que al frío.

Aunque lo verdaderamente duro ha sido la lluvia. Y la nieve.

No es exactamente un hombre lluvia, era nuestro guía en Malí

 

Llegaré a Burkina y la posibilidad de que nieve allí es cero, lo cual incluye lo más parecido a la nieve que han visto desde la última glaciación: el granizo.

En estos meses sólo vi granizar una vez pero fue impresionante, había que refugiarse por el tamaño de las piedras que caían.

Estaba yo en casa pensando en arriesgarme a llegar hasta mi furgoneta con un paraguas, sombrero o cartón que me cubriera la cabeza para ir a buscar a una amiga médico que vino un mes a trabajar como cooperante al hospital, cuando veo que alocadamente el guardián de mi casa, que se ocupa del jardín y de la seguridad (no hay ningún problema, pero hay tradición en tener guardián: es un puesto de trabajo), se pone a corretear entre las plantas recogiendo las bolas de hielo para metérselas en la boca.

Supongo que es de las pocas veces al año que puede disfrutar del hielo y de su frescor, aparte de las veces que yo le invito a beber algo.

Es caso es que pensé que a Issifú le tenía que acabar llevando al hospital, descalabrado. Recibió algunos golpes, ‘eso debe doler’, pensé, pero no le desapareció la sonrisa de la boca y se acercaba ufano al porche a mostrarme sus manos llenas de granizo para que cogiera. Tenía como para que nos hiciéramos unos gin-tonics, pero sólo le cogí uno por cortesía.

La posibilidad, simplemente, de que llueva también es cero, en esta época del año. Aunque yo me he tomado mi buena ración de lluvia en España. He leído en la prensa que este año que termina ha sido malo para la región de Madrid pluviométricamente hablando (lo demás peor), pero ¡caray!, a mí me cuesta creerlo porque mientras he estado en Madrid raro ha sido el día que no ha llovido, cuando no ha nevado.

Voy siempre en moto por Madrid y me he pasado la mayor parte de los días calado hasta los huesos. Pero si es por llenar los embalses doy por bien empleado el sacrificio. Voy a estar pendiente si paran las lluvias mientras estoy en Burkina y si vuelven a mi regreso, porque podría ser el ‘hombre lluvia’ por algún wack (hechizo) que me hubieran hecho.

 

En un viaje a Malí, una mañana nada más salir de una aldea donde pasamos la noche a la intemperie, se desencadenó una tormenta tal que tuvimos que refugiarnos en una cueva y el guía local nos decía que en la aldea nos recordarían como los blancos que trajeron la lluvia. Y que muchas cuestiones se referirán en el tiempo relacionadas con nuestra visita.

Allí los calendarios, en las aldeas, no funcionan como en las ciudades o en Europa. Las cosas que pasan en la aldea, los acontecimientos, son los que marcan las fechas, los años, incluso los nacimientos, ‘nació unos días antes de que vinieran los blancos que trajeron la lluvia’.

El tiempo, en definitiva, se mide de otra forma. Además les sobra tiempo para dar y tomar. Yo me voy a tomar el mío, pero como sea verdad que soy ‘hombre lluvia’ me voy a poner al alquiler. Aunque aquí, en Burkina, que es donde más se necesita, no creo que funcione. Ni echándome monedas.

PS.- Os había contado que habían hecho muchas obras, públicas y privadas, para la celebración de la Fiesta Nacional del 11 de diciembre pasado en Ouahigouya, mi ciudad.

Entre otras se contaban una suerte de pequeños arcos triunfales que jalonaban la carretera entre la capital y mi ciudad. Por aquello de impresionar a las ‘fuerzas vivas’ que fueran a venir. No sé quién ha sido el ‘cerebro’ al que se le ocurrió la idea, pero viendo como van aquí los camiones de cargados, o los autobuses, que no pasarían por debajo de ningún puente de nuestras autopistas, pensé que alguno se lo acababa ‘tragando’.

Lo peor es que muchas veces, coronando la carga pueden ir personas que no pueden pagarse otro tipo de billete.

Pues, efectivamente, ¿quién me mandaría a mí ser adivino?

Hoy he visto, no hacía mucho que había ocurrido, un accidente por culpa de esa ocurrencia.

Sólo espero que no hubiera personas encima, me imagino su cara de terror al ver que se estrellaban contra el arco triunfal. Dudo mucho que pudieran contarlo de ser así. Mejor no pensarlo.

Pero hay camiones que van tan cargados que no pasan. Y aquí todos van cargados hasta los topes

1 COMENTARIO

  1. Querido Félix, un viejo

    Querido Félix, un viejo compañero de la emisora, Carlos Briones, chileno, que ya regresó a su país y con quien mantengo el contacto vía mail, me escribió para felicitarme por el nuevo año, y entre las diversas cosas que me cuenta hay una que te transcribo sin quitar ni añadir una tilde:

    «Siguiendo el vínculo de alguien que te agradecía un comentario, llegué a un lugar de África, y comencé a leer. La pureza, la ingenuidad, la bonhomía, «pelotuda» en estos tiempos, me llamaron la atención. Me agradó y seguí. Un tipo contando algo, nada más, sin esa mierda de «pretensiones literarias». Y además, sin esa mierda intelectualoide (de los intelectuales) de «escribir como el pueblo» o «hablar como la gente común y corriente», que terminan escribiendo cagadas, que terminan degradando el quehacer. Bueno».

    Ya ves, pues, que no soy yo solo quien aprecia tu escritura por lo que tiene de natural, de falta de afectación, eso que es tan difícil en quienes andamos podridos de literatura. Vale.

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