El hombre más odiado de Valladolid

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“Por fin estoy en Facebook”, me escribió hace unos días, resignado, Eduardo Jordá. Sus amigos facebookeros llevábamos tiempo intentando convencerle de que se registrara, pero no había manera. Y aún seguía resistiéndose a la succión de este nuevo Maelstrom, cuando Facebook le ha caído encima. A una tal Pilar Bedate le molestó el artículo que Jordá publicó en el Diario de Mallorca a la muerte de Delibes, “Un mundo en extinción”, y creó un grupo de Facebook llamado “Todos contra el artículo de Eduardo Jordá sobre Miguel Delibes y Valladolid”. En el momento en que escribo estas líneas, el grupo cuenta con 4.759 miembros. Mi amigo Jordá, el bondadoso Jordá (¡el delibescamente compasivo Jordá!), es hoy el hombre más odiado de Valladolid.

 

El espectáculo es deprimente y regocijante al mismo tiempo. Deprimente, porque siempre lo es la exhibición de la chusma, el corro de rebuznos autoconvencidos y desatados. Regocijante, porque le da plenamente la razón a Jordá. Lo que se está diciendo en ese grupo convierte casi en elogio la leve desgana que manifestaba hacia Valladolid en su artículo. A juzgar por esos 4.759 vallisoletanos, Valladolid es peor: mucho peor. Una ciudad con 4.759 habitantes como esos no puede ser sino opresiva y sórdida. (Lo cual, dicho sea de paso, centuplica el mérito de Delibes: por haber logrado crear una obra grande y filantrópica enmedio de un material humano tan deleznable.)

 

¡Ah, Castilla! En este país de bobos en que se va convirtiendo España (todavía está fresca la que se montó con “los gallegos”), los castellanos parecían mantenerse limpios, aparte. Me ha gustado Castilla cuando la he visitado. Me he encontrado cómodo en sus ciudades, en sus pueblos; he apreciado sus campos. De los poemas de Antonio Machado, seguía recreándome en los paisajísticos y elogiosos. Los que criticaban Castilla, en cambio, no los entendía muy bien. Ese “desprecia cuanto ignora” parecía haber perdido su sentido. Pero de pronto rebrota el corazón cazurro y polvoriento de la Península, para que el mapa de nuestra estolidez quede también rellenado por el centro.

 

Antes he dicho chusma, pero no soy elitista. Hablo de chusma no porque considere que haya (ni deba haber) una minoría por encima, sino porque la masa se ha desplomado estrepitosamente. No puede decirse que exista demasiado nivel entre los, así llamados, profesionales de los medios; pero basta con que se abran los canales al público para que afluya algo peor aún: algo peor dicho, más soez, más sectario, peor hilado, más estomacal. Supongo que con ello tendrá que ver el desmantelamiento del bachillerato, que es lo que define el tono cultural medio. Y también, por supuesto, el asfixiante localismo que se va adueñando cada vez más de este país de todos los demonios.

 

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P.S.– Un amigo de Valladolid escribe en su blog “De la vida provinciana”.   

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10 COMENTARIOS

  1. Empezaré diciendo que yo no

    Empezaré diciendo que yo no voy a insultar,quizá no tenga la maestría ni la capacidad de maquillar insultos de forma elegante,aunque no dejen de ser insultos,por eso no lo haré,no voy a insultar,no es mi estilo,aunque si quizá el de otros, que lejos de defender con argumentos dedican unos cuantos párrafos únicamente a degradar, a utilizar la demagogia como arma…Un arma de doble filo,que se puede volver contra uno mismo,quizá sea eso lo que se va adueñando de “este país de los demonios” y está acabando por “desmantelar el bachillerato”…No soy tan bueno escribiendo,eso seguro,por eso quizá yo no habría llamado leve desgana al desprecio que muestra Jordá en su artículo por la ciudad de Valladolid,el uso de los eufemismos no se me da demasiado bien,aunque por lo visto “chusma” pretende serlo,no así “chorro de rebuznos” del cual no hay ninguna justificación…¿por qué trata de aclarar el uso de la palabra chusma?Excusa no pedida,acusación manifiesta…Habla del localismo,de una manera interesante,como asemejándolo al nacionalismo,o eso me parece ver en sus lineas tan elocuaces,pero ¿qué tendrá que ver el nacionalismo con el amor a la tierra que nos vió crecer y el respeto a sus gentes? Estamos ante un caso grave de demagogia,o desde luego ante el más famoso de todos los casos:”Más vale parecer tonto, que abrir la boca y confirmarlo”

    Palentino,y criado en Valladolid,en esta “triste” ciudad en vivido,he amado,he muerto miles de veces,pero esta ciudad y sus gentes hablan por sí sólos.

  2. He leído su crítica y me he

    He leído su crítica y me he quedado perpleja. Usted, que se hace llamar a si mismo escritor, lo único que parece que sabe hacer es insultar. No se que educación recibiría en el “antíguo bachillerato”, pero a mí no me enseñaron a faltar al respeto a los demas tal y como lo hace y mas con la ignorancia del que opina sin conocer. Mucha gente de la que usted habla no es de Valladolid, yo misma, sin ir mas lejos, llevo viviendo tan solo 7 años aquí. Nadie me ha preguntado nunca de donde soy y me he sentido bien acogida en todo momento.

    A usted, que confunde la libertad de expresión con el insulto facil, le aseguro que no me gustaría que me “defendiera”. Flaco favor le esta haciendo a su “querido y bondadoso amigo”.

     

    P.D Refrán castellano.

     

    Líbreme Dios de los amigos, que de los enemigos ya me libro yo.

  3. Pero si el de Jordá es un

    Pero si el de Jordá es un artículo maravilloso, delicadísimo, muy cariñoso…

  4. Creo que se ha dejado llevar

    Creo que se ha dejado llevar tanto por su interés por defender a su admirado Jordá que ha confundido las cosas. Probablemente no todas esas más de cinco mil personas que se han hecho seguidoras de esa página sean vallisoletanas. De serlo, suponen poco más del  1% de la población de la provincia, lo cual es poco representativo de la opinión global que se tiene en Valladolid.

    Me gustó el artículo de Jordá por su carácter crítico que sí acierta con muchos de los lastres conservadores de mi ciudad, pero, ¿qué necesidad hay de insultar a toda una población basándose en la parte por el todo?

     

  5. Los odios enconados de la

    Los odios enconados de la vida provinciana, la vida provinciana en que nos vamos dando con los codos, en que nos vamos chocando en nuestras vidas, y eso queda ahí, eso no lo olvidamos, cada roce, cada aliento del otro que nos golpea la cara. La vida provinciana es eso, la vida disminuida, triste, cazurrilla. La vida provinciana es también la ilusión de tener una vida grande, de vivir a lo “Nueva York” pero viviendo en Borobia. Es vivir entre músicos mediocres que tocan la zanfoña y creer que uno tienen como vecino a Bach y Beethoven, es leer a un buen hombre y creer que se está leyendo a Louis Ferdinand Céline. Y claro, cuando nos lo icen, montamos en cólera y atacamos a quien ha sido capaz de querer sacarnos de nuestro tibio y reconfortante error.

    Nunca digas que un escritor de provincias es malo. Nunca digas que una ciudad de provincias es fea. Te caerán encima los guardianes del orgullo local.

    • Decir que en Valladolid

      Decir que en Valladolid existe una vida provinciana es no haber pisado por esta ciudad desde tiempos que no se recuerdan,una ciudad en la que se llevan a cabo acontecimientos importates de ambito cultural,y de cualquier otro ámbito,empapada de urbanismo y con oportunidades de gran índole como en toda ciudad normal ocurre.La gente que vive en Valladolid no sueña con vivir en una Nueva York,dime donde vives tu,a lo mejor ese es tu sueño.Decir que Delibes es un escritor de provincias es no tener ni la más remota idea de quien estás hablando,analiza su obra,analiza a cuantos idiomas están traducidas algunas de ellas y verás que es un escritor nacido en provincia,pero reconocido mundialmente.Nunca ataques a quien pueda defenderse,sobretodo si con el ataque uno puede quedar en evidencia,sobretodo si demuestras con ello que “la ignorancia es muy osada”

      • Me permito decirle que Garven

        Me permito decirle que Garven es de Valladolid. Y allí vive. Pero da igual la ciudad: lo provinciano es el discurso, se aplique a Valladolid o se aplique a Nueva York.

  6. Yo creo que Eduardo Jordá no

    Yo creo que Eduardo Jordá no es el hombre más odiado de Valladolid, no creo que sea odio lo que haya suscitado, creo que ha provocado la risión de todo aquel que ha leido “Un mundo en extinción” (ni siquiera hace falta ser vallisoletano para morirte de la risa), pobres esfuerzos por sacar a colación al boticario, al registrador de la propiedad, las mujeres saliendo de misa (lo que él imagina personajes arquetípicos de las novelas de Delibes)… resulta tan paródico y chusco. Por eso no creo que haya sido odio. Por otro lado señor Montano es muy osado por su parte llamar masa deleznable a un grupo ya numeroso de personas con tan buen sentido del humor como Jordá, porque imagino que lo que quiso contarnos el buen hombre fue un chiste.

    • A mí lo que me produce risa,

      A mí lo que me produce risa, floja por cierto, es que tanta gente se identifique con ese ideal que según ud. no existe pero en el que ellos se ven reflejados, y salten cual jauría sobre un escritor.

      Seamos serios, los que vivimos aquí sabemos que hay una gazmoñería superlativa que parte de las instituciones públicas, el Ayuntamiento sobre todo, y que es voceada por los periódicos y televisiones locales. Según ellos, Valladolid es el centro del mundo, la oferta cultural de Valladolid es la mejor del mundo, superior incluso a Nueva York, la mejor cocina es la de Valladolid (aunque se reduzca al paleto lechazo y las gambas al ajillo), y por supuesto las mejores fiestas patronales son las de Valladolid. Con el fútbol se tienen que callar porque hay hay una medida objetiva para medir la calidad.

      Yo que no he viajado mucho, he estado en el Teatro Real de Madrid y la programación del mismo está a universos luz de la del Auditorio Miguel Delibes, he ido a comer a algunos restaurantes fuera de Valladolid: Arzak, Viridiana, Atrio (pocos más) y lo que allá sirven no puede compararse con lo de Valladolid (porque es tan enanito lo que aquí se hace que la comparación no es posible; la comparación solo es posible entre iguales), y qué decir de las fiestas patronales, cuando el Ayuntamiento da permiso para que los hosteleros instalen abrevaderos y comederos en la calle con el reocijo de los naturales del lugar. En Valladolid las fiestas están para salir a comer chorizo y morcilla a la brasa y algún potaje grasiento.

      Valladolid no es el centro del mundo, Valladolid es una ciudad provinciana de Castilla, triste y monótona, donde los vecinos aún se apostan tras de los visillos para saber y cotillear.

      Por último le diré que cuando el Ayuntamiento pedía el Nobel para Delibes lo hacía desde una estrategia muy clara: la vinculación de Delibes con la ciudad, que así atraería a los turistas, al igual que promocionaron la novela El hereje para atraer a los turistas. Sabían perfectamente que nunca le darían el Nobel, pero les daba igual. La caja registradora sonaba y no les importaba la dignidad de la persona.

  7. ¿Qué tendrá que ver el culo

    ¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas? Señor Garven ¿ha leído ud. algún encomio en mi opinión anterior respecto a Valladolid, sus fiestas, su gastronomía, sus actos culturales…? ¡si yo no he defendido a esta ciudad ni he enarbolado su bandera…!, simplemente he manifestado mi hilaridad y he presupuesto la de otros tantos con respecto a la forma y fondo del artículo del amigo Jordá, que se le ocurra tratando de emular el ambiente y personajes de las novelas de Delibes citar solteronas, boticarios lascivos, registradores de la propiedad con escopetas y curas pululando por Valladolid es muy ñoño, en Valladolid hay cotillas y chismosos, claro, imagino que en Mallorca o en Sevilla, en Nueva York o en Kuala Lumpur, no, por eso Jordá les considera exclusivos de ésta u otras ciudades provincianas (que, esa es otra, no entiendo por qué emplean la palabra provinciano peyorativamente, uds. sabrán con que feos demonios las pueblan).

    Escribió Delibes un libro muy interesante, puede ser que le hayan leido, se titula “Castilla, lo castellano y los castellanos”, suscribo todo lo que en él se dice y cómo se dice.

    Por cierto, tengo curiosidad, Jordá dice “con la excepción de El hereje, que trataba de los reformistas religiosos del siglo XVI, sus últimas novelas pasaron desapercibidas” ¿a qué últimas novelas que “pasaron desapercibidas” se refiere?

    Gracias.

     

     

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