El inconsciente y el seno

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Ayer por la noche soñé con un potito. Sé que los españoles le llaman culo, pero voy a llamarlo poto porque así lo he llamado toda la vida.

 

Hoy he soñado con una teta. No sé si todos los hombres sueñan alguna vez con tetas. Sospecho que sí. Me han dicho que hasta las mujeres sueñan con tetas, pero no por las mismas razones que los hombres.

 

Ayer con un poto y hoy con una teta. Queda más o menos claro con lo que debería de soñar mañana, así que me come la impaciencia. Por eso me he levantado temprano y me he puesto a escribir. Así pasa cuando a uno le sobra tiempo antes de irse a dormir o cuando le apasiona escribir de lo que a uno le sucede. No sé si será interesante, tal vez necesito describir mejor los sueños.

 

Empezaré con el poto: se alejaba. Así que pueden estar seguros que en ese sueño no había ninguna intención malsana, ningún contenido pornográfico. Era un poto a la distancia, bien proporcionado, vestido con un pantalón transparente por donde se veía un calzoncito de color negro. Un poto admirable. Tal vez deba indagar más, pero los sueños suelo tenerlos por lo que suelen ser: eventos entretenidos que aligeran la noche, que me ayudan a recibir el día con mejor ánimo.

 

Ojo, también he tenido de los otros, alguna vez, esos «sueños cochinos» como solía llamarlos un amigo argentino, un guitarrista medio tacaño, un tanto resentido con la vida, a quien me alegro de no haber visto hace muchos años. Los sueños cochinos, en los que incurría con relativa frecuencia en mis años de soltería, solían ser todo lo contrario de relajantes. Eran perturbadores, cargados de preguntas insatisfechas y deseos reprimidos. Hoy soy un hombre felizmente casado, y mis sueños son sencillos, bien intencionados, sin más contenido erótico del necesario. Sospecho que por ese motivo aún no me aparecen todas las canas que deberían. La mayor parte de mis amigos, acá y en Lima, tienen el techo blanco. Así que algo debo de estar haciendo bien.

 

El sueño de la teta es más controversial. Era un primerísimo primer plano (jerga indispensable que aprendí de mi profesor de cine, querido Chacho León Frías, allá en la fría Lima) y a pesar de la cercanía, no hubo más rasgos que permitieran identificar a su dueña. Era blanco, por lo cual sospecho que no incurrí en delito. Si el seno hubiese sido de un delicioso marrón claro, de un apetitoso tono naranja o de un atractivo negro intenso, me imagino que, de la vergüenza, no hubiera podido compartirles los detalles de mi sueño. Sin embargo, era blanco.

 

Además de aquellos detalles, ambos sueños fueron confusos. El seno, que no pude identificar, desapareció de pronto. Si bien desperté con sonrisa de hombre bueno; me trajo cierta incertidumbre su origen y su causa. He interrogado al único seno con el que estoy en buenos tratos en este momento de mi vida –y espero que hasta que la muerte nos separe– y hay características generales reconocibles, si bien, también debo confesar, exista la posibilidad de que el sueño haya sido un tipo de mistura en el sentido más apetitoso de la palabra. Un collage internacional. También, habrá contribuído, una obsesión mía con este datalle anatómico, que proviene de jovencito, cuando dibujaba ese fanzine de corta vida llamado Resina (Historietas para mentes cochinas) y ya dedicaba más tiempo del necesario al retrato de los senos de las protagonistas. Tal vez por simple envidia profesional de Moebius y de Manara –sobre todo Manara, que los dibuja tan bien.

 

Como desconfío de los sueños premonitorios, hombre sencillo, de placeres simples, prefiero seguir soñando, de vez en cuando, con un potito y con un seno. ¿Volverán? No lo sé. A los sueños, si ignoramos a los charlatanes que dicen poder interpretarlos, es imposible controlarlos y manipularlos. Uno se acuesta y propone y el sueño dispone. Sugeriría, que tomemos a nuestros sueños como lo que son: vuelos del inconsciente para el entretenimiento del cuerpo dormido, universos que nos alejan de las noticias del fin del mundo, la guerra nuclear, la muerte del periodismo, el calentamiento global y tantas otras verdades estresantes.

 

Así que si la próxima vez usted sueña con una teta y un potito, sonría. No está solo, cuénteselo al mundo.