El macho porriñés

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Disculpad que este post sea local pero mi amigo Santi, de Porriño (Galiza) me ha dicho una frase que requiere, qué menos, de una reflexión profunda. Resulta que el muchacho, que no tiene abuela, me dijo hablando de sí mismo (que no para sí que es distinto): “Fíjate, con tan sólo 29 años y ya trabajo para dos universidades. Y además, soy un macho”. A mi lo de soy un macho me llegó al alma porque yo sé, desde hace muchos años que en Porriño son muy machos, más que en otros sitios de España, pero de lejos. Y cuando dicen que son muy machos significa, lo aclaro, que follan mucho y con hembras, mariconadas las justas en Porriño.

 

Esto de ser muy machos lo sé por mi otro amigo Dani, a quien conocí hace muchos años en Marruecos: no es que Dani sea moro, no, él es de Porriño y con mucho orgullo, pero yo me lo encontré por avatares de la vida en un viaje al Reino Alauí y la primera noche tuvimos que compartir cama (no piensen mal) y confieso que fue una experiencia épica. Lo juro. No se imaginen posturas sexuales: allí estaba yo, intentando dormir al lado de un desconocido que a altas horas de la noche recitaba poesía mientras leía con un frontal colocado en la frente y me tiraba del pelo, cual Homo Sapiens, porque yo no sabía dónde cojones quedaba Porriño. Que no lo sabía entonces pero ahora sí que para eso me costó una mata de pelo. Así se las gastan en este pueblo gallego: obediencia y sumisión me dice Dani recurrentemente.

 

Dani es mi proveedor oficial de hombres cada vez que voy a Galiza: según voy llegando él, de motu propio y sin que nadie se lo pida, avisa a sus amigos y les dice “que viene ya y viene caliente”. Imaginaos qué fama. Me esperan con más ganas que la lluvia en época de sequía, hubo quien incluso me esperó con gaiteros en la estación de trenes, una banda que hubiera que ni la del entierro de Don Manuel. Lo que pasa es que los hombres que me presenta Dani a mi no me gustan. Una es así, un poco exquisita. Cómo sería el primero que me presentó que no recuerdo ni cómo se llamaba. Después le dio por los bomberos y me presentó a otro. El chico estaba bien (los bomberos atesoran uno de los mejores cuerpos que tenemos en el Estado), pero leñe, ¡me llegaba a las tetas! Era como un bombero de bolsillo, un fireman de pocket…

 

Hizo intentos con otros cuantos y entre medias me presentó a Santi, el que se autodefine como macho más arriba. Yo no sé si es muy macho o no, porque tenemos una relación básicamente comercial (no, no es que yo tenga sexo con él y me pague por ello… aunque mi chico me dice que de la forma que le como la polla bien podría cobrar 200 euros por cada felación… la idea yo la dejo en stand by, para cuando ningún medio pueda pagarme por mis artículos).  

 

Seguimos con Santi, el macho porriñés: si os soy sincera, me da que es un poco vendepeines. Conmigo aún no intentó nada y creo que es porque le atemorizan las mujeres maduras, es fácil ser un macho con las nenas que tienen dientes de leche pero las que rozamos los 40 los tenemos afilaos y hay que tener cuidao… En esa situación las reglas de la conquista porriñesa ya no valen. ¿Qué reglas son ésas? Se resumen en dos: “Folla mucho, lo de menos es con quien” y “Si te estás follando a una fea basta con hacerlo con la luz apagada”. ¿Qué esperabais nenas? ¿lindezas? Que son machos.

 

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!