El mercado de la carne

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Os podría hablar un Rato de Bankia pero creo que los que entráis en esta página, si es que hay alguno (alguno debe haber cuando aparece como segunda página en el buscador de San Google. En efecto, esto era una cuña publicitaria), no venís buscando insultos ni bilis. Lógico. Así que vamos al tema de hoy que no es otro que el mercado de la carne, pero no el de Ventas sino uno virtual, una red social que no voy a nombrar porque sería darle publicidad. Y como no me han soltado pasta pues no me da la real gana…

 

Resulta que hace unos meses un familiar, tras mi enésima ruptura amorosa (nótese aquí una pizca de la bilis a la que me refería anteriormente) me recomendó apuntarme a una red social para conocer a gente, me dijo. Un consejo: no hagáis caso nunca a un familiar. Por mucho que diga que os quiere.

 

Yo se lo hice y me apunté. Para nada había oído hablar de la susodicha red ni sabía de qué iba. ¿Os acordáis de cuando os conté que en mi primera media hora en Meetic me encontré a mi antiguo amante, denominado en este foro El Innombrable? Qué risas ¿no? Claro, como a vosotros no os ha pasado, ¿verdad? Bueno, pues en esta red los primeros minutos tampoco fueron decepcionantes: la red te ofrece una opción llamada “superpoderes” que te permite ver cuándo aquellos a quienes mandabas mensajes los ven. Y es una opción gratuita. Yo quería los superpoderes claro y a ello me puse con estas manitas hasta que descubrí que para atesorarlos debía facilitar mis contactos de Hotmail (huelga decir que casi todos son profesionales). Me eché para atrás ipso facto.

 

Ipso pollas. No me preguntéis qué hice ni qué no (me reconozco una analfabeta tecnológica) que, media hora después, ¿quién creéis que me mandó un mensaje diciéndome “he recibido este mail de parte de XXXX para que me apunte. No sé si sabes que es una red para follar” (nótese una pizca de indignación en su texto). Pues sí, mi última pareja, ésa que me contaba los lunares del cuerpo (vamos a llamarle El Dormilón, porque se me quedaba dormido a las diez todas las noches y sin follar).

 

Joderrrrrrr, dije yo. Joder joder joder. Y lo seguí diciendo durante toda la semana que me iban cayendo mensajes de tooodos mis contactos, con un texto más o menos parecido. “Oye, que he visto que te has apuntado a esto, jeje, ¿y eso?”. Menos mal que tengo la excusa perfecta: “No, qué va, es que me apunté porque estoy escribiendo un artículo”. Ya.

 

En serio: no habréis tenido una vida plena sin haber tenido un hijo, vivido un divorcio, visitado al proctólogo y sin haberos apuntado a esta red social. I promise. Qué experiencia chatos/as: es como Meetic pero más chabacano, más chonichandal (cuando pongo esto en Google me aparecen las imágenes de Evo Morales y de Fidel Castro en Vallekas). Te van desfilando las fotos de los tíos y es muy diver porque les puedes escribir y chateáis y todas esas cosas. Y gratis además. Es guay.

 

Una luz verde te indica si la persona está on line (los angelitos se pasan así todo el día. Y en horario de trabajo. Así que no me extraña la baja productividad de este país. Que no es culpa de Zapatero, no. Es culpa de esta red).

 

Hay una opción que se llama atracciones o encuentros, o algo así, en la que decides si te gustaría conocer al chico, quizás o no. Yo me pasaba el rato dándole al no y cada cierto tiempo aparecía un mensaje diciéndome: “¿estás segura? ¿otra vez no? así vas a seguir sola maja unos cuantos años, tu verás…” . Japuta. Pos claro que estoy segura…

 

Otro día os contaré los bonitos (y explícitos, sobre todo explícitos) mensajes que te mandan los corderitos de esta red. Hoy nos centramos en las fotos de los tipos, que dan para un estudio sociológico:

 

— Primer grupo: los del torso desnudo (más buenos que un quesito) y cuyo nickname es “quiero comerte el coño” o su bio se resume a un “quiero tomarme un postre contigo”. Queda muy claro lo que buscan, ¿no? Al menos no engañan. Este grupo también existe para ellas, que suelen mostrarse con un sujetador de dos tallas más pequeña de la que necesitan en realidad.

 

— Luego están unos que a mi me resultan muy curiosos: los que aparecen desnudos de torso para arriba queriendo lucir tableta de chocolate cuando en su lugar tienen una buena morcilla de Burgos. Vamos a ver, almas cándidas, ¿por qué cojones os ponéis así para las fotos si parecéis Hommer? ¿Estáis tontos o qué? Éstos tampoco engañan al público femenino y además, es evidente que no se comerán un colín.

 

— Los que se hacen la foto con el móvil en el cuarto de baño de su casa: joder, ¿no tenéis amigos que os puedan hacer una foto? ¿No hay otro sitio más elegante para hacerla? Chicas: desechad este grupito para un posible polvo porque ya sólo con la imagen demuestran tener muy poca clase.

 

— Los que reciclan una foto con su antigua novia, a la que le cortan la cabeza. O peor, una foto con sus hijos: había uno que tenía cinco… Ufff, qué miedo, ¿no?

 

— También existe un nutrido grupo de amantes de la pesca, pero no de la pesca de ligoteo no: la pesca de altura o de bajura, según la distancia de la costa, que aparecen con grandes peces en la imagen… ¿Lo entendéis? Yo no.

 

— Y finalmente y espero no dejarme nada en el tintero, los borrachos: se les puede ver con botellas de cerveza, whisky y otras bebidas alcohólicas. Ya sabes también qué puedes esperar de éstos.

 

Prometo que el próximo día os regalaré esos creativos mensajes que me han ido mandando los miembros de esta exquisita red. Y hablaremos de follabarcas y demás. Pero eso el próximo día, si los mayas y Rajoy (hola, majo) lo permiten, claro.

 

 

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!