El nombre de los hombres

0
275

El planeta, que por entonces sólo era una criatura, se divertía ensayando las notas esenciales para la sinfonía de la vida. Se dice que unos visitantes estelares, atraídos por la promesa de un final apoteósico, decidieron acercarse a escuchar. Cuando concluyeron el viaje, el mundo estaba tan crecido que ya no cantaba.

 

Los recién llegados, con ojos receptivos a lo que hay que ver, observaban las alegrías que caían del cielo y los frutos que crecían en la tierra. Una vez dieron nombre a cada cosa, descubrieron a los que iban recogiendo alegrías y frutos a ras de suelo, y que resultaban especialmente difíciles de nombrar.

 

Cuando los recién llegados preguntaron por el  nombre que les faltaba, se sucedieron varios días sin respuesta. Los recién llegados creyeron haber encontrado lo inefable y guardaron silencio.

 

Mucho después, cuando los hombres habían aprendido a conocer y a nombrar lo que se conoce, un eco trajo la vieja pregunta al silencio actual. La cuestión se había considerado resuelta con la asignación de un nombre a cada uno. Quizás el eco sea el nombre que nos dieron aquellos visitantes. Están perdonados: lleva tiempo conocer a los hombres.