El paro juvenil nos muestra el futuro del mercado laboral global

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La Organización Internacional del Trabajo acaba de publicar un informe sobre la relación de los jóvenes y el empleo. ¿Vemos en la situación de la juventud actual el futuro del mercado de trabajo global?, ¿vamos hacia un mundo con poco empleo y de bajísima calidad?

 

Continuamos con la situación de la juventud porque esta semana la Organización Internacional del Trabajo ha publicado un informe sobre su situación dentro del mercado de trabajo. En alguna ocasión hemos hablado del final de la sociedad laboral tal y como la hemos conocido durante el siglo XX. No hay trabajo para todos. Hay que asumirlo. O, dicho más suavemente, el trabajo es un bien cada vez más escaso y ni los Gobiernos ni los partidos clásicos en la oposición ni las fuerzas emergentes han presentado planes para abordar y superar este problema. Ninguno parece tener ni en la cabeza ni sobre el papel propuestas lo suficientemente ambiciosas para afrontar esta nueva realidad que no se resolverá echando atrás, como plantean las fuerzas más progresistas, las últimas reformas laborales por muy perniciosas que hayan sido para los derechos de los trabajadores. Podemos habla de repatriación de todos los jóvenes que han emigrado en busca de un trabajo. Pero, ¿qué modelo de mercado de trabajo proponen para que sea posible que todos los que se han ido vuelvan con la promesa de encontrar un empleo aquí? Izquierda Unida sí tiene un modelo más elaborado, el del trabajo garantizado, que ha elaborado Eduardo Garzón, pero que es contestado por irreal por parte de especialistas en economía dentro de las propias filas de la formación.

 

Si es cierto que desde finales de la década pasada nos encontramos en una crisis de sobreproducción, hay que cambiar las estructuras del mundo del trabajo de raíz. Esa reforma sería, además, una vacuna contra futuras crisis del mismo tipo. Y contra burbujas. Pero no lo proponen ni Gobiernos ni las oposiciones ni viejas ni antiguas. Ni tampoco lo hacen los sindicatos, cuya presencia es cada vez más difusa en la sociedad, cuya relevancia sólo aflora en casos muy concretos, en conflictos muy específicos, siempre en el ámbito de empresas particulares, pero sin que trascienda mucho más allá con planteamientos globales y alternativos.

 

Nos faltan alternativas en lo económico en general y en lo laboral en particular. Las únicas medidas que nos tratan de vender los únicos políticos que hablan de estos problemas más o menos en serio pasan por una mayor liberalización y abaratamiento de la contratación, lo que, en un contexto como el actual, sólo puede agravar el problema: sí es posible que menos costes sociales hagan posible una bajada del paro, pero ¿qué ocurrirá con el nuevo empleo? Que será aún peor que el que se está creando en la actualidad para maquillar levemente las cifras de desempleo con vistas a las elecciones o a las reuniones de los FMI de turno. ¿Qué será del futuro de quienes durante toda su vida sólo encadenen trabajos precarios, trabajos a tiempo parcial, trabajos con bajísimas cotizaciones a la Seguridad Social?

 

Saltamos de una cosa a otra, del paro juvenil a la situación del mercado laboral en su conjunto, porque en el primero se puede observar el futuro del segundo, si nada cambia, si el inmovilismo político respecto a este asunto se hace crónico, o si se moviliza en la misma dirección de las últimas reformas laborales con más liberalizaciones.

 

No hablamos sólo de la alarmante situación de España en particular o del sur de Europa en general. El problema es global y lo pone de manifiesto el último informe de la Organización Internacional del Trabajo. En la tabla bajo estas líneas lo pueden ver: la participación de la juventud en la fuerza laboral (tanto en la reserva, en el paro, como en activo, con un contrato) ha caído en todas las regiones del mundo entre 1991 y 2014.

 

 

 

 

Es muy grave lo que muestra la tabla sobre estas líneas, y lo es más acompañada del gráfico de abajo dado que esa tremenda reducción de la participación de la juventud en el mercado de trabajo ha venido acompañada también, en la mayoría de regiones, de una caída también de este ratio entre los adultos. Si en el caso de los jóvenes, la caída de la participación en el mercado de trabajo se puede explicar, en una importante medida, quizás sustancial, porque cada vez permanecen durante más tiempo en el mundo educativo, en el caso de los adultos, ésa no puede ser la coartada.

 

 

 

 

También es verdad que hay muchas diferencias entre países. En los países asiáticos en los países subsaharianos persistente altas tasas de trabajo entre la juventud y la OIT lo achaca a la obligatoria incorporación al mercado laboral que deben asumir los jóvenes de hogares pobres. Mientras que otras diferencias entre unos países y otros obedecen a las brechas persistentes de género: hay sociedades en las que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo sigue siendo muy baja.

 

 

 

La crisis económica puede ser una coartada para explicar que cada vez menos jóvenes participen en el mercado de trabajo. En las economías desarrolladas y en la Unión Europea la participación de la juventud en el mercado de trabajo ha caído ocho puntos porcentuales entre 1991 y 2014. Pero, como muestra el gráfico bajo estas líneas, la reducción estaba ya en marcha antes del inicio de la última y dañina crisis económica. Hay factores estructurales, más allá de los coyunturales, que ayudarían a realizar un diagnóstico de la enfermedad del mercado de trabajo y para aplicarle el tratamiento adecuado.

 

 

 

Que la última crisis no es el gran factor detrás de la reducción de la participación de la juventud en el mercado laboral o de la fuerte subida del paro también puede observarse aquí:

 

 

 

 

 

La tasa de paro se mantiene estable mientras que el número de parados va cayendo sin cesar en los últimos años y ello se debe a lo que ya se ha explicado: la participación de los jóvenes en el mercado laboral no hace más que caer. Aunque todavía el número de parados se encuentra por encima de los niveles de finales de los años noventa. De acuerdo con las estimaciones de la OIT, aún se tardarán cinco años en volver a los 70 millones de parados a nivel mundial desde los 73,4 millones que se calcula hay en 2015.

 

Se asume que a nivel global la reducción del número de jóvenes que forman parte de la fuerza laboral se debe al incremento de los años que pasan educándose. Pero el gráfico bajo estas líneas muestra que el paro es mayor entre los jóvenes de mayores ingresos, que normalmente equivalen a los jóvenes que han alcanzado un mayor nivel educativo:

 

 

 

Aunque la dinámica es diferente según el país sea desarrollado o en vías de desarrollo: en los países desarrollados, el paro es más frecuente entre los jóvenes menos formados, mientras que en los países en vías de desarrollo, quienes más difícil lo tienen para encontrar trabajo son los más educados.

 

 

 

 

Todas estas deficiencias, además de las relacionadas con la calidad en el empleo (temporalidad y trabajo a tiempo parcial no deseado, entre otras) de las que se hace eco el informe, explican el siguiente gráfico, que muestra la predisposición y el deseo de migrar por parte de los jóvenes de las diferentes regiones del mundo. El 30% de los jóvenes de la próspera Unión Europea desea migrar, el mismo porcentaje que manifiesta esa misma predisposición en América Latina:

 

 

 

 

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