El polvo del camino

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El Simpecado de Carmona retorna a su templo originario, bateando el polvo del camino. A estas horas del soleado mediodía es la única sombra en la que pueden guarecerse las peregrinas; con sus batas de cola y de lunares se arrebujan bajo el ala de su Blanca Paloma. Los hombres van por el sol, arrastrando sus pisadas; con sombrero o sin sombrero, como broncos gauchos sin caballos.

 

Vistos todos de espaldas, parecen cabizbajos; será el cansancio. El Rocío no se hizo para dormir, sino para participar en un sueño arcaico colectivo, más allá de la civilización y el tiempo. ¿Cuándo goza más el peregrino en el camino?, ¿a la ida, o al regreso? La respuesta evidente sería la primera, porque muchos de ellos no hacen el camino de vuelta; desde la aldea retornan cómodamente en automóvil a sus puntos de origen. Aunque se pierdan lo mejor de la Romería, la prueba es que no tienen dinero para pagárselo.

 

El regreso del Rocío lo hacen los privilegiados, los que después de que todo haya acabado -para la mayoría- pueden  disfrutar de una prórroga de la romería. Volver a vivir y convivir codo a codo y paso a paso con la Naturaleza, es la verdadera purificación que experimenta el romero en toda romería. De regreso a Sevilla, se duermen dos noches en el campo, al menos en la ruta que toma la Hermandad de Carmona, con la que Faba en el año 2000 peregrinara.

 

La última noche y como despedida, decidió internarse en el cercano bosque de pinos, cuando todos estuvieran durmiendo. (…)

 

(Continuará)

 

Foto: Clara X*

 

* (La fotógrafa Clara X. -catalana afincada en Holanda, y cuyo apellido lamentablemente no recordamos- y Julio José de Faba compartieron carreta, peregrinando con la Hermandad de Carmona al Rocío, en Junio del año 2000. Ambos fueron invitados de Juan Fernández Lacomba, pintor sevillano y hermano rociero comprometido. Lacomba había participado en el diseño del Simpecado de Carmona, cuyas fotos ilustran estas entradas rocieras de la Huerta del Retiro. Guiados por la sabia mirada de su pintor anfitrión, los ojos de Clara y de Julio vieron las mismas imágenes y portentos en aquel Rocío.)