El portuñol y las negras sombras de Rosalía

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Hace una semana escribí sobre nuestro incipiente proyecto de relanzar el portuñol como lengua vehicular en América Latina, y me olvidé, error imperdonable, mencionar que una hermosa versión del portuñol existe desde hace siglos: el gallego, claro. Para los que no conocéis la lengua de Galicia, os transcribo esta poesía de Rosalía de Castro, una de las figuras que, en el siglo XIX, dieron a la literatura gallega la calidad para que fuera considerada una lengua y no un dialecto. Hay quienes defienden que gallego y portugués son la misma lengua. No entro en discusiones elevadas; pero me gusta más verlo como un hermosísimo portuñol, también lengua vehicular para todos los ibéricos.

 

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

 

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

 

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

 

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

(Follas Novas, 1880)

 

* Hermosísima también la interpretacion de Luz, aquí.

El debate sigue abierto…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.