El precio de la incuria

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Aquí hablaremos brevemente de cómo el régimen de Obiang, en una actitud sin parangón, está tirando el dinero al mar.

 

Aquí vamos a hablar de una partida grande de dinero que tiraremos al mar, y de la que se hablará cuando, llegará, y si las ambiciones de ciertos actores permiten una unidad de acción, hayamos arrinconado al grueso de los generales y a los parásitos que han crecido alrededor de ellos. Pues un confidente habló conmigo de las cuentas del general Obiang en lo que respecta a los devotos que tiene pluriempleados en las instituciones que crea para dar la sensación de que es muy querido. Aquí debemos introducir una nota de honda tristeza, porque si ya era descabellado que se le consintiera hablar de un parlamento, siendo dictador, ya roza la esquizofrenia de ir corriendo en busca del psicólogo hablar de un senado.

 

O sea, acá no se vota en libertad, ni siquiera se sabe quiénes son los aspirantes a los puestos, y apoyamos sonrientes, gastando en ellos muchísimos millones, como si no hubiera en todo el país nada en que emplearlos. Como si dijéramos, por ejemplo, que no existe la escuela de Neymar, de la que me llegan cada día más informaciones que confirman muchísima intencionalidad en su estado. A lo que íbamos, 2.000.000×100 diputados que no van a hacer nada en un año son 200.000.000 al mes. Si esto lo adecuamos a los que se embolsarían en un año serían 200.000.000×12=2400.000.000.


Esto es lo que el Estado de Guinea gastaría por unos señores que no saben nada, en su mayoría, y que no harán nunca nada. A esta cantidad añadimos la de los senadores, y a ella los millones que se gasta al mes, y solo al mes, en pagar a todos los altos cargos del gobierno con más miembros del mundo entero.  Y arrojaría una cantidad que no cabe en la pantalla de las calculadoras que usamos. Saldría algo así: 234 E. Y está ocurriendo en Guinea y sesudos políticos sonríen y se presentan como los salvadores, cuando una sangría similar se tiene que parar, y que lo haga el salvador si tiene más que agallas que otros.

 

Las cifras presentadas son expresadas en FCFA, y aunque fuera en la unidad monetaria más devaluada del mundo entero, es una barbaridad. Dos mil cuatrocientos millones de FCFA al mes es una barbaridad para un país que tiene los mismos índices de pobreza que Níger o de Sudán del Sur, países con muchísimos más millones de habitantes, por otra parte. Esto no hay país del mundo que lo aguante, y está ocurriendo aquí, y todavía crearemos instituciones para que la corte de aduladores de Obiang y de Constancia sea grandísima, y que reconozcamos que eso sí, es auténticamente a la ecuatoguineana, que estamos donde siempre hemos querido.

 

Bien, el demonio que hay dentro de todo ser humano siempre acecha, y el nuestro nos ha permitido creer que los que se embolsan estos dineros son guineanos, y así que nunca dirán, siendo tantos, y habiendo reputados opositores entre ellos, que no tienen su cuota de culpa en esta monumental montaña de dinero malgastado. Sí, se dirá que fue Obiang, y con los que le seguían. Y esperemos que no se diga cuando todo esté seco y se esté buscando cómo salir de la miseria. Si no, no estaríamos escribiendo esto ahora.

 

Si a esta cantidad de dinero malgastado añadimos el hecho de que cualquier guineano puede perder la vida en cualquier barrera si el vehículo en el que va no se atiene a las normas de los militares que la controlan, entonces se confirma que sí, vamos a revés, no se puede hablar de parlamento cuando los habitantes están sometidos a esta locura, teniendo, además, peores parámetros de los peores países africanos.

 

Aquí lo vamos a dejar, ya es un esfuerzo grande meter un poco de cordura en la locura en la que nos han metido Obiang, familia y acérrimos seguidores.

 

Malabo, 21 de septiembre de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.