El rigodón de Kagame y nuestro pacifismo selectivo

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    La pasada semana nuestro país ha sido escenario de un evanescente ballet diplomático. Resulta que se celebraba una reunión para cotejar el grado de cumplimiento de los Objetivos de la Cumbre del Milenio de la ONU, Zapatero es  co-presidente del grupo supervisor y, sorpresa, sorpresa… el otropPresidente, el ruandés Kagame, no era en estos momentos muy presentable. Aunque con pruebas no siempre sólidas está acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad. Incluso en nuestro país. Ver a nuestro presidente sonriendo y fotografiándose con un personaje al que nuestra Justicia ha puesto la etiqueta de “Wanted” no era una instantánea edificante. Varios grupos políticos mostraron su irritación ante esa posibilidad y Moncloa empezó a rebobinar. Nuestro presidente empezó a escabullirse.

        Esto dio lugar a un sainete diplomático. Kagame llegaba a Madrid arropado nada menos que por el secretario general de la ONU y el otro co-presidente, Zapatero, alegaba múltiples ocupaciones, debate del Estado de la nación… Para no comparecer. El muerto, una vez más, le cayó al bueno de Moratinos que acudió al hotel del evento, se reunió con Kagame, le daría Dios sabe qué explicaciones sobre los novillos de Zapatero y se hizo una foto casi a hurtadillas con el africano.

      Un pequeño papelón ante varios espectadores, la ONu, los países africanos, etc. ¿Cómo se justifica que un acontecimiento de la ONU que se presume muy importante -en realidad no lo es tanto, los países miembros de las Naciones Unidas se fuman dos puros con los objetivos del Milenio, que pasados diez años están incumplidos en toda la línea-, del que somos sede y que cuenta con la presidencia rimbombante de nuestro presidencia se celebre en ausencia de éste? ¿Qué explicaciones se dan a los demás asistentes?

      Como siempre ocurre en estos casos el desaguisado no encuentra progenitores. Gente del PSOE cercana a Zapatero dice que Exteriores no advirtió a tiempo que el otro co-presidente sería una personalidad incómoda y que una vez que trascendió no se actuó con celeridad para desmarcarse. En Exteriores se susurra con aplomo que Zapatero se apunta a un bombardeo con tal de tener una foto que le haga aparecer como algo que no es, en este caso gran estadista, y que toda la responsabilidad es de Moncloa. No quiso ver que el cargo podía ser un avispero de escaso lucimiento aparte de que, una vez más, la agenda del presidente es embarullada, coincidente en actos de los que salen malparados los relativos a Exteriores.

    Los remilgos y remolino originados con la venida de Kagame, un político exonerado de cualquier desmán en un cierto número de países y responsabilizado en otros, contrasta con el pasotismo total de nuestra clase política y nuestra opinión pública cuando se produjo la catástrofe dramática de Ruanda hace 16 años y que refrescamos. Es uno de los genocidios mayores de la historia.

      En Ruanda conviven dos etnias, la hutu y la tutsi, la sufridora en esa ocasión y a la que pertenece Kagame. Un atentado mortal contra un avión en el que viajaba el presidente Juvenal Habyarimana, un hutu moderado, produjo unas represalias que terminaron en monumental masacre. No se conoce la autoría del atentado, atribuída por lo hutus a los tutsis y por éstos a unos extremistas hutus para calentar el ambiente. También se ignora si  la masacre estaba planificada. Los penosos resultados son que el curso de cien días, unos 800,000  tutsis fueron asesinados, muchos de ellos a machetazos. Algo trágicamente insólito. Una canallesca  carnicería que eliminó a un 10% de la población del país. Algo superior a la población de Valencia.

       La comunidad internacional estaba un tanto distraída. A diferencia de lo que ocurriría con Irak, las protestas fueron reducidas en nuestro país, prácticamente inexistentes. Ni manifestaciones en ciudades importantes españolas, ni pancartas, ni grandes invectivas en la radio, ni protestas ante Embajadas (en el extranjero hubo acusaciones al papel complaciente de Francia…), ni rasgarse las vestiduras. ¿Era una cosa entre negros, o más probablemente, no se podía culpar a Estados Unidos y entonces no nos brotaba la santa indignación? Deduzcamos lo que deduzcamos lo cierto es que la comparación con Irak constituye una prueba palmaria de lo curiosamente  selectivo que puede ser nuestro pacifismo. Obsesión acusatoria en un caso, incluso antes de saber el coste humano, y pasividad total en otro incluso cuando trasciende.

    Kagame es miembro de la minoría que fue machacada. Él se encontraba en el extranjero de donde volvió al frente de un grupo político-militar para hacerse con el poder. Su país, con un régimen con ribetes autoritarios, ha sido en alguna ocasión, por su estabilidad, encomiado por responsables de la ONu mientras que crecen las denuncias de asesinatos políticos, limpieza étnicas aisladas que ahora se le imputan a él. De ahí las protestas de estos días y el rigodón descrito de nuestra diplomacia.

Inocencio F. Arias es un veterano diplomático y frecuente colaborador en los medios de información. Ha tenido cargos destacados con diferentes gobiernos: embajador en la ONU con el PP, Secretario de Estado y Subsecretario con el Gobierno anterior del PSOE y Portavoz del Ministerio de Exteriores con tres distintos ejecutivos de la democracia; UCD, PSOE y PP. En la ONU presidió el Comite Mundial contra el Terrorismo y la Asociación de Embajadores. Ha sido profesor en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. En su única escapada a la empresa privada fue Director General del Real Madrid. Ha escrito libros: Confesiones de un Diplomático (Planeta) y Tres Mitos del Real Madrid(Plaza-Janes) y en colaboración con Eva Celada La Trastienda de la diplomacia (Plaza-Janes). A mediados de 2012 publicó también en Plaza y Janés Los Presidentes y la diplomacia. Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero que actualmente está en su tercera edición.