El Rockefeller de los tejados

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Desde el tejado de su buhardilla dirigía con chaqueta, gafas de concha y pajarita, todas sus empresas: una revista, dos productoras de espectáculos teatrales, un sindicato y hasta una escuela de teatro. Una mañana luminosa de verano se hizo tomar este retrato para dejar constancia de sus elevadas raíces empresariales. Temblaba el teatro español contemporáneo tras cada nuevo envite de sus caderas intelectuales. Parecía Un Harold Lloyd de cine mudo, sobre su trono de tejas; directivo de cartón piedra para una delirante comedia sobre la bohemia postmoderna.

 

Bajo el tragaluz, hacían llamadas de teléfono las muchachas, tres bellas y jóvenes actrices de La Marítima Espectáculos, que establecían contactos, mandaban dosieres o hacían seguimiento de las gestiones iniciadas, en busca de la contratación de actuaciones. También le echaban mucho teatro a sus personajes de productoras de teatro, a la hora de ser retratadas.

 

 

Ana Crespo -con gafas- Lola Gil y Marina Andina eran actrices de la compañía Corral-86, que tenía en repertorio tres espectáculos: El Rey Juan, de Shakespeare; Chantecler, de Edmond Rostand (versionado por Ignacio del Moral); y ¡Eh tú!, una comedia marinera con loro, de la autora madrileña Julia Royo.