El Rompetista

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Rompetista

 

 

Esta mañana me he levantado con el pie izquierdo, así que, después de vestirme, he ido a votar. Sé que el 20-N ya pasó, pero como nos aseguraron que salíamos de la crisis y yo lo veo todo igual, quizá votando otra vez… O lo mismo es que voté mal, no lo sé, pero es que siempre he tenido facilidad para desbaratarme a mí mismo.

 

   No hay trabajo, la ‘desaxperación’ llega hasta tal punto que el martes pasado vi una oferta interesante: «Se busca persona desaparecida…». Coño, es perfecto para mí, cuando hay que hacer tareas del hogar nunca estoy a la vista. Así que llamé al teléfono que indicaba el anuncio. Parecía que todo marchaba estupendamente, sin embargo, cuando pregunté por el sueldo me despacharon con cajas destempladas ¡qué gritos! La gente pierde los papeles a la mínima.

 

   Menos mal que no hice la entrevista en persona porque estaban buscando a un chino con bigote. Y ¿a quién quiero engañar con esta barba?

 

   En fin, con todo el tiempo que tenía probé a apuntalarme en un curso de bricomanía doméstica. Después de la primera hora de cursillo acabé con unas herramientas de Playskool. Según el profesor, no puedo entrar con una camiseta en la que se lee en la espalda «Yo soy el Bosch» y emprenderla a martillazos con las paredes del local.

 

   Aunque lo que sí fue una buena chapuza fue mi primera clase de cocina. La profesora me pidió que pasara los huevos por agua. Yo venía bien limpito de casa, pero siempre había oído hablar de lo escapularios que son los cocineros con la higiene, así que, por si no se lo creía, me bajé los pantalones. Y lo siguiente fue un cuchillo cebollero volando por encima de mi cabeza y la profesora amenazándome con rebanar mi salchicha en juliana.

 

   Claro, que no fue mucho peor que cuando me apunté a clases de trompeta. Me ‘obnublé’. No sé qué me pasó, las imágenes de Jimi Hendrix y Jerry Lee Lewis pegándole fuego a sus instrumentos y los backstages destrozados por bandas se sucedían en mi mente. Así que estrompeté el instrumento contra la pared. No llegué a soplar ni una sola nota, pero seguí la partitura de puta madre.

 

   Y aquí estaba consultando más ofertas cuando he encotrado una idónea para mí: Se busca dependiente… Sí, amigos, no soy nada sin la gente que me rodea.

 

 

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.