El sueño americano

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Si en vez de politólogos los de Podemos fuesen vendedores de enciclopedias quizá los hogares españoles seguirían siendo como los de antes....

 

Si en vez de politólogos los de Podemos fuesen vendedores de enciclopedias quizá los hogares españoles seguirían siendo como los de antes. Se han cambiado dos baldas en el mueble del salón, ocupadas entonces por flamantes tomos con tapas verdes y doradas que nunca nadie consultó (si acaso para un trabajo del cole sobre la fotosíntesis), por varios gigabites metidos en el teléfono que le proveen a uno de información sobre cualquier duda, sobre todo cuando no tiene ninguna. La empresa de Pablo, que es incluso más exitosa que la de los vendedores de enciclopedias de los ochenta, va creciendo al más puro estilo americano. Él es un hombre hecho a sí mismo, saltando de beca en beca entre los nenúfares (está documentado que entre salto y salto se encontró con el Rey, entonces príncipe, y con Blesa, entonces libre), al que quizá le falten sólo unas elecciones para irse a vivir al rancho, como los toreros. Hay casi un imperio, según las encuestas, salido de una tertulia minoritaria como de una mercería salió el gigante Inditex, que llegó para engrosar la mitología. El sueño americano (imperialista dirán ellos mismos pero sacándole todo el partido al capital) de vender el descontento puerta a puerta con la corbata aflojada, ese desprecio gestual al establishment del que se ha servido para subir al balcón de Julieta, está haciéndose realidad. Pablo tiene aspecto de vendedor a domicilio cansado pero es el segundo político más valorado del país, líder del partido con la segunda mejor intención de voto, todo lo cual suponen aspectos de triunfador en la vida como aquel Frank Catalano, igual que Amancio Ortega, del que escribía Talese. El negocio se expande y se abren nuevas tiendas y franquicias, lo cual tiene sus inconvenientes, pero nada que no se pueda solucionar mudando de principios, o limándolos, para que encajen en el mercado. Pura estrategia empresarial. Da igual que salga la gerente de Sevilla proponiendo la posibilidad de la supresión de la Semana Santa, o incluso el mismísimo Monedero dando caramelos a la puerta de un colegio, pues hoy sus clientes le van a echar la culpa a la casta, que es cualquiera menos ellos y que ahora siempre está al fondo a la derecha, como los baños, y no acumulando polvo en el mueble (o el inmueble, según se mire) del salón.