
Labio de liebre de Teatro Petra – foto de Juan Antonio Monsalve
Interior. Pasillo del supermercado. Tarde.
Manoli está sentada en un gran butacón que no debería caber en un pasillo del supermercado, pero ahí está, encajado entre las galletas digestivas y los botes de suavizante. A su lado, sobre una mesa que aparece y desaparece a ratos, una libreta, tres bolígrafos de colores que se encienden solos de vez en cuando, un vaso en el que ya solo queda hielo aguado que tintinea como si quisiera decir algo y un pequeño folleto desplegable del Festival de Otoño.
SATURNA.- (Asomándose desde dentro de un cajón de patatas, como si viviera ahí desde hace meses.) Manoli… ¿Qué estás haciendo? Llevas dos horas sin pestañear mirando ese papelajo. Como sigas así, se te van a quedar los ojos como garbanzos secos.
MANOLI.- Estoy organizando mi vida, Saturna. Hacerse la agenda para ver TODO el Festival de Otoño es complicado. Empieza mañana y quiero verlo todo.
SATURNA.- ¿Todo? ¿Cómo? ¿Todo, TODO?
MANOLI.- (Apuntando con el boli como si fuera una espada láser intermitente.) Todo. Incluso las propuestas que no entiendo. Incluso las que están en idiomas que no conozco. Incluso las que están en idiomas que no se han inventado todavía.
Saturna sale del cajón de patatas dando un pequeño salto de cigüeña bailarina. Se acerca a Manoli con cautela.
SATURNA.- A ver… ¿Puedo?
Saturna señala el folleto con su pico de cigüeña; Manoli asiente con su cabeza de avestruz, que de pronto tiene un plumaje precioso y totalmente innecesario. Saturna toma el folleto en sus manos (es un sueño: aquí las cigüeñas pueden tener manos, bolsillos, o incluso un piso en propiedad en el centro de Madrid). Lo hojea…
SATURNA.- Esto es demasiado, Manoli. Aquí hay funciones que son los mismos días… No puedes estar en dos sitios a la vez… Y hay encuentros y charlas y coreografías en sitios imposibles… (Se detiene, frunce el ceño…) Hay una que dice “el público entra por la ventana”. ¿Esto es legal?
MANOLI.- (Solemne.) El arte exige sacrificio.
MANOLI.- He estado haciendo mis cálculos y de 23 espectáculos se pueden ver 22.
SATURNA.- ¿En serio?
MANOLI.- Muy en serio. (La cabeza del avestruz asiente con un ritmo casi musical.)

Re Chicchinella de Emma Dante – foto de Masiar Pasqualli
SATURNA.- ¿Cómo vas a comprar tantas entradas?
MANOLI.- (Consultando su cuaderno, que ahora es enorme y brilla.) He recibido una herencia.
SATURNA.- ¿Tú? ¿Una herencia? No me lo creo.
MANOLI.- Me da igual que no te lo creas, tengo un montón de dinero… Mira… (Le enseña un fajo de billetes.)
SATURNA.- ¿De dónde has sacado eso?
MANOLI.- ¡Vaaaaaaleeeee! En realidad no he heredado nada… me lo ha dado Carol de la caja registradora.
SATURNA.- ¿Carol ha abierto la caja registradora del súper y te ha dado dinero para que vayas al teatro?
MANOLI.- Sí.
SATURNA.- Eso es mentira.
MANOLI.- Eso es verdad.
SATURNA.- Es mentira y de las gordas.
MANOLI .-Bueno, vale, lo he robado yo. 373€ exactos. Para ir al Festival de Otoño.
SATURNA.- Te parecerá bonito…
MANOLI.- Pues sí.
SATURNA.- Te parecerá bonito no haber robado nada para mí…
MANOLI.- ¿Y qué quieres ver tú?
SATURNA.- Todo lo que veas tú.
MANOLI.- ¿Incluidas las del Condeduque, donde los guardias te hacen sentir una delincuente antes de entrar y te empujan después de los aplausos para que te vayas cuanto antes sin mear?
SATURNA.- Sí, incluidas esas. ¡Me gustan las experiencias fuertes! ¡Gracias a esos guardias, ir al Condeduque a ver algo cultural se ha convertido en una actividad de riesgo!
MANOLI.- Ya, Saturna… Yo no voy a ver tantas… Es que yo no puedo robar tanto dinero… y menos con estas alas. No me da el ángulo.
SATURNA.- Vaya chasco.
MANOLI.- A ver, si quieres podemos fundirnos tú y yo en un solo ave, para entrar con una sola entrada.
SATURNA.- ¿Y eso cómo se hace?
MANOLI.- Pues no tengo ni idea. Pero seguro que se puede. En los sueños todo se puede: ayer soñé que era un radiador calentito.
SATURNA.- ¿Cuáles son las que más ganas tienes de ver?
MANOLI.- Ay, pero no me hagas elegir, que es muy difícil… No sé… Teatro Petra, Conchi León, Teatrocinema, Emma Dante… (Se abanica con el folleto.) Qué calores me están entrando… Tengo muchas ganas de visitar durante el festival Pradillo, Cuarta Pared, Réplika, Abadía, Canal… Estoy impaciente por empezar a gastarme el dinero que he robado…

Conchi León en Cachorro de León – foto de Ulises Ávila
SATURNA.- Oye, espera… ¿Y las funciones que ya están agotadas? Porque esas no las vas a poder comprar…
MANOLI.- ¡Eres una aguafiestas de mierda!
SATURNA.- ¿Yo?
MANOLI.- Mira, aguafiestas, ¿sabes cuál es mi refrán favorito?
SATURNA.- No.
MANOLI.- (Levantándose del butacón, que aplaude solo como un sillón entusiasta.) ¡EL QUE NO VA AL TEATRO NO VE LA FUNCIÓN! (Se vuelve a sentar.)
SATURNA.- ¡Eso no es un refrán!
MANOLI.- ¡SÍ LO ES!
SATURNA.- ¡No! Y venga, levántate. Vamos a comprar las entradas antes de que se agote hasta lo que no existe.
Manoli se pone en pie. El butacón, emocionado, hace un crujido que suena a ovación lejana. De pronto, el pasillo del supermercado empieza a inclinarse suavemente, como si fuera un barco que zarpa. Los productos empiezan a deslizarse de los estantes: los cereales navegan, los yogures hacen piruetas, a las patatas del cajón de Saturna les salen piernas y bailan…
MANOLI.- (Agarrándose al butacón, que ahora tiene forma de góndola.) ¿Pero qué pasa…?
SATURNA.- (Se sube a la góndola.) Ay, Manoli… Es que cuando decides ver TODO un festival, el mundo se te mueve.
MANOLI.- ¡Me temo lo peor!
El supermercado se transforma: las estanterías se pliegan como telones, los fluorescentes se convierten en focos cálidos, y de fondo suena una música de violines y pitidos de lector de códigos de barras…
CAROL.- (Desde lejos, acercándose.) ¡Manoli! ¿Dónde mierdas estás?
Manoli mira a Saturna. Saturna mira a Manoli. Las dos ponen cara de miedo, emoción y vértigo.
MANOLI.- ¡Creo que me ha pillado!
SATURNA.- ¿Qué hacemos?
Las luces del supermercado–teatro parpadean, un telón rojo aparece desde ninguna parte y se despliega sobre ellas como una ola de terciopelo. Y justo cuando están a punto de subirse en esa ola…
CAROL.- (LLegando donde están ellas.) ¡MANOLI! ¡DEVUÉLVEME LOS 373 €!
El telón cae de golpe. Las dos aves se estrellan contra el suelo.
Oscuro.
Aplausos imaginarios.
FIN DEL SUEÑO.
Manoli, avestruz





