El tiempo. Uno

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Siempre veraneo en Los Nietos. Es una heterotopía con apariencia de pueblo pescador en el Mar Menor donde no existe la Historia; el pasado y el futuro se perciben por la ausencia o aparición de viejos o nuevos vecinos respectivamente, según si la muerte o el nacimiento han visitado el pueblo.

       Hace unos años, con el periódico dominical, regalaban unos relojes de muñeca de colores, cuyos fondos eran pinturas famosas. Cada semana cambiábamos de reloj, intentando introducir alguna novedad en el estupendo hastío cotidiano estival.

       La primera semana usé un Velázquez plastificado en marrón a tono con el culo del caballo de Breda; la segunda semana vestí Los Nenúfares envueltos en una correa violeta. Sorprendentemente, en esos días, creí sentir que el tiempo transcurría más despacio. Lo intercalé con Dalí y comprobé efectivamente esta circunstancia, que disfruté utilizándola a mi antojo durante unos días y especialmente durante unas noches interminables de lluvias de estrellas. Dos semanas después, tras seguir abusando de Monet y alternándolo frívolamente con Van Gogh y Kandinsky, descubrí que otro ejemplar de la colección producía el efecto contrario. El reloj azul portando La Autopista era un acelerador del tiempo. Fue un descubrimiento todavía más maravilloso debido a mi carácter impetuoso; y se volvió parte de mí en tan innumerables ocasiones y períodos tan largos, que olvidé a los otros.

       Ahora me pides que te cuente lo sucedido y apenas sé cómo ha ocurrido. El tiempo ha desaparecido; mi abuelo y mi perra también; no me di cuenta. He envejecido y me siento engañada. Frente a lo absurdo de una denuncia a la editorial después de tantos años, he decidido volver a utilizar mi reloj impresionista y ralentizar lo que me queda de vida. Lamentablemente, la humedad y el abandono lo han estropeado y nadie arregla ya algo que vale tan poco. Yo añoro ese ejemplar sin valor de mi estúpida colección. Me gustaría disfrutar de aquel paisaje sin formas cada minuto, incluso en cada segundo de mi existencia; pero el tiempo pasa tan deprisa sin reloj como cuando estaba con Klee.

       Volveré cada verano a la espera de una segunda edición; pero, a este paso, no tengo mucha esperanza de vivir para contarlo.

 

Cortesía www.hipo-tesis.eu

 


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Autor: Atxu Amann y Alcocer