El universo se expande

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El blanqueamiento de los políticos es como el blanqueamiento dental de los artistas. Un actor se blanquea los dientes y un político, además de los dientes, se blanquea el perfil. Las instituciones hacen el efecto de la férula blanqueadora. Un político llega a las instituciones, mayormente al Congreso, y al poco tiempo ya se le ve como a la plata, igual de reluciente, o casi, después de haberle aplicado bicarbonato y vinagre.

 

El blanqueamiento de los políticos es una cosa sencilla y rápida, y definitiva. Antes existía un blanqueamiento más exigente y cerrado. Antes seguía existiendo el bien y el mal. Lo mejor y lo peor. Lo correcto y lo incorrecto. Ahora con la apertura a las nuevas fuerzas políticas, el blanqueamiento se ha expandido como decía el niño Woody Allen del Universo.

 

Los de ERC son demócratas. También sus amigos de la ETA. Los demócratas de Podemos están más blanqueados hoy que el hueso del hechicero aquel de El descenso de Orfeo. Los De Podemos (Unidas) son demócratas perfectamente homologados como no lo son los de Vox porque así lo ha decidido alguien que yo nunca sé quién es.

 

Se ha dicho de toda la vida que hay que tener cuidado con el blanqueamiento porque daña el esmalte. Pobre esmalte. El blanqueamiento ha llegado hasta a presentar a una asesina (Unidas Podemos) a unas elecciones. Eso tiene que ser blanqueamiento abrasivo, digo yo. El blanqueamiento abrasivo llama chavales a delincuentes, como decía Arzalluz, y “hombres de paz” a terroristas, como decía Gorburu, alias Zapatero.

 

El blanqueamiento se expande de tal modo que las rastas de Alberto Rodríguez, “el rastas” del Congreso, son motivo de análisis elogioso en la prensa, por supuesto. El titular dice: “El ritual de belleza de Alberto Rodríguez para unas rastas siempre perfectas”, así, como si estuvieran hablando de Jane Fonda.

 

El cariz que está tomando el blanqueamiento va a terminar impidiendo que podamos distinguir algo. Estamos tan ciegos de blancura que un día denostaremos a los hombres buenos y alabaremos a los hombres malos por costumbre. La costumbre que tenemos. Ya ha llegado el día en que a las rastas del diputado Rodríguez las acompañan palabras como “belleza” y “perfectas”. Acabaremos acudiendo a charlas motivacionales de Otegui, o pensando en Rufián como en un político de altura, como si no estuviera ya sucediendo.

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