Publicidadspot_img
-Publicidad-spot_img
Mientras tanto‘El viaje íntimo de la locura’, la novela de Robe Iniesta

‘El viaje íntimo de la locura’, la novela de Robe Iniesta


Robe Iniesta. Foto de Samuel de Román. Diario El Mundo

Es asombrosa la inmensa resonancia, la tremenda difusión que ha ocasionado el fallecimiento de Robe Iniesta, aquejado de un grave trombo pulmonar. Todos los medios han publicado la noticia; y en muchas ocasiones con varios firmantes. El magno homenaje en su pueblo, Plasencia, ante sus cenizas, verdaderamente asombroso. Los compañeros del mundillo, los músicos, han mostrado todos su sincero aprecio. Y todos los políticos lo han elogiado. Hasta Feijóo, y alguno más, incluso de Vox, que en verdad no tienen nada que ver con su mundo. Ha habido comentarios un tanto disparatados, tildando al fundador de Extremoduro de filósofo y psicólogo, una exageración. Sí, aparte de un gran músico, con una voz enronquecida muy singular, fue un buen poeta, donándonos excelentes versos, exactos y atinados, bien dirigidos a un ámbito popular: “Las banderas de mi casa son la ropa tendía”, o a una más alta poesía, como muestran muchas de las canciones. Influido por grandes poetas en lengua castellana, un tema suyo, “Sin dios ni amo”, del disco ¿Dónde están mis amigos?, establece, como en un célebre poema de Pablo Neruda, una sucesión de nombres sin más nexo que las comas; en esta ocasión, nombres de cárceles: “Carabanchel, La Modelo, Herrera de la Mancha, Cáceres II, Alcalá Meco, Puerto de Santa María…”.

La novela de Robe Iniesta (Roberto Iniesta firma la obra), El viaje íntimo de la locura, se publicó en junio de 2009 en la editorial El Hombre Del Saco. Yo escribí una reseña en el desaparecido El Día Cultural de Toledo unos meses más tarde, el 22 de enero de 2010. Ahora, para mis queridos lectores de FronteraD, republico tal reseña, un poco actualizada temporalmente. Quizá, tal vez, debido a la gran nombradía alcanzada por el autor, una muy acreditada editorial la reedite. Yo tuve algún trato con Robe. Sin duda, soy uno de los primeros conocedores de la obra de Extremoduro, escuchando su primer disco, Rock transgresivo, todavía en una cinta cassette. Gracias a un amigo, Antonio Racionero, pude asistir a uno de los primeros conciertos de Extremoduro, en una discoteca de Alcázar de San Juan. Tras ese concierto, y tras otro en Albacete, Charo Mayordomo, que fue mi exmujer, mi primera mujer, madre de mis hijos, y yo estuvimos las dos noches de farra con ellos. Provocador, en una cafetería de Albacete, mientras la gente desayunaba, él se bajó los pantalones enseñando el culo. En esa ocasión, Robe nos regaló a mi mujer y a mí una cassete con la grabación, aún sin mezclar, del Dónde están mis amigos. Antonio Racionero, Charo y yo le hicimos, en 1992, una larga entrevista en una radio, ya extinta, de Alcázar de San Juan, a raíz de una falsa noticia por la que Robe había muerto en un accidente de tráfico. En conciertos posteriores, pasábamos a su camerino, libremente, para saludar a Robe. Yo escribía artículos sobre su música en columnas de ABC, donde yo colaboraba. Él mismo me contaba que su padre fotocopiaba los recortes para regalarle mis textos sobre su hijo a sus amigos.

Robe Iniesta y yo en septiembre de 2024 en Toledo

En septiembre del año pasado lo vi al terminar un concierto que dio, ya como cantante en solitario, en la Plaza de Toros de Toledo. Yo estuve invitado por Rafa Bargueño, un querido y viejo amigo mío, promotor de la magnífica actuación. Le referí a Robe nuestro pasado y el mamón, aunque estaba amable, no se acordaba o no quería acordarse. Nos fotografiamos y le regalé dos libros míos. Curioseó, interesado, que uno de mis libros era una antología de mi obra poética y el otro, bastante reciente, un diario. Se delató como buen amante de la literatura. Pues aquí va mi reseña de la única novela publicada por Roberto Iniesta:

 

Roberto Iniesta, “Robe”, fue, antes de actuar en solitario, a la vez juglar y trovador de la muy prestigiosa y muy conocida banda de rock Extremoduro. Al atractivo de la música generada por este grupo se une la calidad en las letras, compuestas por él. Temas desarrollados desde poemas de enorme lírica y patetismo, poemas en toda regla aun estando desprovistos de su potenciador acompañamiento musical: “Mi cerebro es asfalto; / mi rostro, cemento. / Las palabras forman / grilletes de brillante hielo. /  Suda mi piel, y lubrifica / mis malos pensamientos.” Otro ejemplo: “Tu corazón, / embalsamado como un cebo, / hoy me recuerda un mojicón: / veo que me añurgo si no bebo. / Tu corazón, mitad de coca y de caballo, / como te atrevas a decir / que estás de mono, te machaco.” Versos que incluyen un vocablo castúo (Roberto Iniesta era de Plasencia), ya que el verbo “añurgarse” (“añusgarse” en el diccionario de la RAE) significa atragantarse. Lo mismo ocurre con el término “agila”, que da título al, quizá, el álbum más resonante de Extremoduro, y que proviene del verbo latino “agere” (hacer, realizar), que aquí toma un preciso sentido imperativo: ¡agila! = ¡espabila!

En muchas ocasiones, la creación verbal de Roberto Iniesta se ha orientado a la explícita referencia literaria, poética. En Agila se incrustan versos emblemáticos de Machado, Hernández y Neruda. Agila supuso el momento culminante en la carrera de Extremoduro. Un disco que se sabían al dedillo los chicos de la ESO, tarareando las letras dale que dale en los recreos. Iniesta alcanzó entonces una notable nombradía y un asentado puesto en la cultura española; sin renunciar a su marginalidad, concedía entrevistas a los medios, dedicándole El País muchos espacios preferentes, a toda página. Precisamente, nada más aparecer, esta novela fue saludada por el diario español más difundido. Robe ostentaba, en esos años, el rol de un activo y auténtico héroe del rock; su vida no era ajena a los mensajes vertidos, con especial incidencia autobiográfica, en las canciones que iban surgiendo. Llegó un momento en que su alocada experiencia se calmó, estudió filología, traducía a Cicerón (cosa que mejora mucho el estilo) y, sin dejar las actividades del grupo, inició su obra literaria, de la que esta novela, El viaje íntimo de la locura, es el comienzo de lo que pretendía ser una carrera literaria que, al cabo, no cuajó. Muy digno. por parte de Robe, no adoptar la arrogante actitud de Joaquín Sabina, quien, sólo porque dispuso de unos amiguitos en el poder literario y editorial, publicando una colección de mediocres sonetos en Visor, se creyó poeta de toda la vida, con lo que cuesta eso.

Robe Iniesta presentando su novela ‘El viaje íntimo de la locura’

Sin desvelar el argumento de El viaje íntimo de la locura, pues sería boicotear la sorpresa del proceso expectante en la lectura,  sólo se pueden dar leves pistas: Don Severino, una casa muy especial, lombrices, un paraje selvático amenazado por la desforestación; y encima no está claro si la novela termina bien o mal tras haber expuesto una fantasía, es más, un delicioso disparate abordado con mucha libertad. El fondo de la novela es optimista, yendo de la opresiva alienación hasta la dicha refrescante, pero como la literatura es esencialmente forma (la lengua siempre es forma, Saussure dixit), el juego formal, sustancial en esta obra, está bien tramado y conformado, originando párrafos donde el tropo luce a la perfección, como exhibe la aliterada antítesis de esta cláusula metalingüística: “…habían desfilado por ella muchas otras palabras que empiezan por ‘des’. Entraron desamparo y desapego, desfigurar y destierro, desgravitar y desapego; y, al entrar estas dos últimas, se desarraigó del suelo, se despertó el terreno y despegó con los árboles, la casa y el jardín, y todo junto como un bloque se desasió de su asidero.” La prosopopeya asimismo está muy presente. Su estructura, en tres partes, delimita muy bien la fábula. ¿Que en momentos descompensados la novela resulta desigual? Es posible, pero, en el balance, el hipotético defecto queda neutralizado por sus muchas virtudes; Roberto Iniesta era aún novel y la crítica, esperanzada, que se hiciera por entonces habría de ser, a la fuerza, provisional. Para no excitar al lector prematuramente, Iniesta (consciente de tener en las manos su ópera prima) empieza a narrar su historia con prudencia, conteniendo las expresiones, siendo muy justo, comedido y eficaz en la sintaxis, y obteniendo, de entrada, un buen resultado, atrayendo convenientemente al receptor y esgrimiendo esa captatio benevolentiae que aconseja el canon retórico. El relato se aprecia como bien modulado. Su arrojo a veces muestra un aire unamuniano de interpelación coloquial del creador a sus personajes. La novela es larga, lo que permite al escritor, y al lector, disfrutar, jugar con holgura en torno a un tiempo dislocado; y si la novelística es el arte de manejar el tiempo, sin duda esta novela lo administra a gusto y con asombrosa ductilidad.

Más del autor

-publicidad-spot_img