Elecciones en México

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En México, las elecciones presidenciales y sus campañas partidarias han encubierto una enorme adversidad: cualquier candidato que llegue al poder, encontrará un tiempo difícil y escasas posibilidades de mejoría hacia el futuro.

 

La realidad mexicana de hoy implica la quiebra del Estado de derecho, cuyos efectos han originado la pérdida de la paz social y el desastre institucional, en principio, por  la corrupción y la inseguridad generalizados. Si no hay paz en México, es debido a tal factor determinante.

 

Y las soluciones de por medio trascienden todo idealismo y buenas intenciones: ni el movimiento pacifista que encabeza Javier Sicilia ni el candidato puntero en las encuestas Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), han hecho suficiente énfasis en la causa y dificultad que enfrenta su ambición compartida: pacificar al país.

 

En los diversos debates entre los candidatos a la presidencia, ha sorprendido la retórica con la que se refieren a la realidad. Es inadmisible su enfoque acrítico frente al proceso de degradación institucional que condujo a México a la grave inseguridad y violencia del presente.

 

La carencia de la “supremacía de la ley” y el velo de las campañas al respecto tiene su complemento en la fantasía que resguardan las propias propuestas políticas de los distintos candidatos, el alcance limitado de sus promesas, sus programas y proyectos. El engaño al electorado se ha vuelto así un elemento constante.

 

Frente a los dos temas estratégicos para la ciudadanía (la seguridad-control de la violencia y el mejoramiento de la economía-empleo), los candidatos han sido incapaces de ofrecer respuestas satisfactorias. Esta ineptitud de los candidatos refleja su ignorancia de los asuntos de Estado, cuando mucho, tienen conocimientos gubernativos, y resalta su ceguera frente al nivel geopolítico de los problemas.

 

Hoy se sabe que el anuncio por parte de Peña Nieto de que nombrará su asesor en seguridad al general colombiano Óscar Naranjo es sólo para congraciarse con el gobierno de Estados Unidos: se trata de un personaje polémico que en Colombia ha sido acusado de trabajar para tres amos: narcotráfico, gobierno y la agencia DEA estadounidense.

 

Las encuestas dan una ventaja a Peña Nieto que podría reducirse el día de la elección: existe gran cantidad de votantes que suelen abstenerse y que está vez asistirían impulsados por dos ideas: a) la tendencia ascendente del candidato de izquierda López Obrador; b) la oposición al regreso del PRI.

 

Si algo tiene Peña Nieto es que, por fin, después de tantos años de políticos fallidos, la oligarquía mexicana tiene a un candidato cien por ciento hecho a sus preferencias, y que resume la idea de la subcultura política fomentada por los “poderes salvajes” (Luigi Ferrajoli dixit): alguien que encarna la “narrativa” de la oligarquía que sabe adónde a quiere ir mediante una mezcla de tecnocracia populista, glamour mediático, despolitización masiva y primacía de los intereses privados. Tal es el verdadero programa de su candidato: allí está la trampa de su triunfalismo.

 

 Existe entre los votantes la ideología de que con el PRI hubo orden y gobierno. Por ejemplo, muchos jóvenes aprendieron tal ideología de sus mayores. Pervive un gran desánimo colectivo por los pésimos gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN): doce años de promesas incumplidas, decepciones y, en el último lustro, un auge de la violencia y la inseguridad producto de la estrategia fallida del gobierno del presidente Calderón en su «guerra al narcotráfico».

 

 Las siete décadas de presidencialismo autoritario y partido único en el poder representan, para muchos, una época superior. Como se sabe, las votaciones suelen ser contiendas en las que reinan las emociones y percepciones más subjetivas.

 

Sin embargo, se registra en una parte de la sociedad una aversión extrema al regreso del PRI, sobre todo, entre los jóvenes universitarios y los votantes de izquierda, así como entre muchos adherentes al PAN. Esto último podría contrarrestar  e incluso revertir la tendencia puntera de Peña Nieto. Muy pronto se sabrá el desenlace. 

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.