En caso de emergencia

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En casa, tras la cena, M pinta, mientras S juega con sus cochecitos. L aprovecha para contarles que hará un par de talleres en donde le enseñarán a saber qué hacer si alguien sufre un desvanecimiento o cómo actuar si sucede un accidente. Gracias a las redes sociales, L ha conocido una iniciativa muy interesante llamada EdCivEmerg (@EdCivEmerg) que nació del interés de los profesionales dedicados a la atención de emergencias sanitarias en España en lograr que los más pequeños sean formados en las escuelas para saber actuar ante una emergencia. Y L se ha organizado para asistir a dos talleres, uno sobre prevención de accidentes en el hogar y otro sobre reanimación cardiopulmonar, en la primera Jornada Internacional de Educación Escolar en Emergencias. Ese día, D tendrá que recoger a los niños en el colegio.

 

M la observa, muy pensativa, y le dice:

 

–Yo no sé qué hacer si pasara algo así.

 

–Yo tampoco estoy muy segura de lo que haría ni si lo que pueda hacer sería lo mejor, por eso quiero hacer el taller.

 

M sigue pensativa, con los ojos exige más información. Para no alarmarla, le dice:

 

–Imagínate que estás en la casa con otra persona mayor, una de tus abuelas, tu papá o yo, y que esa persona sufre un desmayo.

 

–¿Cómo es un desmayo?

 

L se deja caer en la cama y simula la situación.

 

–¡Ah! –dice M.

 

–Si pasa eso, tú tendrías que intentar buscar ayuda y la mejor forma de hacerlo es llamar al teléfono 112, en ese teléfono te contestará alguien que te dirá qué debes hacer.

 

–¿Y cómo lo hago?– pregunta M.

 

L coge el móvil y le enseña cómo marcar. También le explica cómo hacerlo con el teléfono fijo.

 

–¿Y qué hago cuando me contesten?– pregunta M.

 

–Te harán varias preguntas, una de ellas es dónde estás.

 

–Es decir, que tengo que darles la dirección de mi casa– dice M.

 

–Exacto– responde su madre.

 

–Ah, eso está chupado– dice M, recitando la dirección de su casa–. ¿Y qué más?

 

–Pues a lo mejor te preguntarán algunas cosas que les ayude saber en qué estado está la persona que se ha desmayado. Por ejemplo, te dirán que te acerques a ver si está respirando– explica su madre.

 

–Ah, o sea que debo tocarle la nariz.

 

–Más o menos, podrías acercar la mano a la nariz o poner tu oído cerca de la nariz.

 

–Bueno, eso es fácil. ¿Y qué más tendría que hacer?

 

–Ellos te dirán paso a paso qué hacer. Lo importante es que llamando ya has hecho algo muy valioso y es avisar a esas personas que saben cómo actuar en el menor tiempo posible.

 

–Vale. ¿Y tú vas a trabajar con esas personas en el curso?– pregunta M.

 

–Sí, así estaré preparada por si algo pasa– responde L.

 

–Bueno, ya me dirás qué aprendes y así yo también sabré qué hacer– comenta M, volviendo a su libro de pintura y dando por terminada la conversación.

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L (Linda Ontiveros) tiene treintipocos años, es periodista, tiene una empresa de edición y gestión de proyectos culturales y dos hijos: M, una niña de 4 años, y S, de 7 meses. Junto a su pareja, D, otro periodista y escritor que roza los 40 años, hace malabares para que la crianza de los niños no altere, no demasiado, su estilo de vida.