En el bucle de los años perdidos

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Retrospectiva en Sitges, 13 de octubre; y anticipación, 20 de diciembre, en todo el territorio nacional. El tiempo que reúne, hoy, el pasado, el futuro. Un motivo, ‘Juventud’, de Paolo Sorentino; ‘Tag’, de Sion Sono; ‘El cadáver de Anna Fritz’, de Héctor Hernández Vicens, para aprender del tiempo que pasamos, parte de él, en el cine.

 

“¿Te has fijado en que llevo una armadura?”


“¿Y tú te has fijado en que yo llevo un abrelatas?”


 

Este emotivo diálogo, tomado de los libros de caballerías, ejemplifica la actitud adecuada ante el abuso, la coacción, la Ley Mordaza, los peperos, la Banca: que exige holgura, libre de la agobiante tutela del Estado, hasta que necesita que el Estado, el ciudadano, la rescate. Las leyes, el rigor, las exigencias, en función del poder y del dinero. Hacienda somos todos. Unos sosteniéndola. Y otros esquilmándola.

 

Las sardinas, que no salen porque la llave se la han dejado fuera (el abrefácil, siempre a disposición del agresor), en la lata podrían suponer, el cielo no lo quiera, que es el del exterior un mundo apetecible. Abandonan su refugio y se las comen. No porque el exterior sea peor que quedarse en la lata: lo que ocurre es que en el exterior los que mandan son asimismo ellos. Y en la publicidad, internet, el colegio, la tele, las enseñanzas familiares de la sardina en lata -nada como el hogar para crear ideología-, la propaganda interna de la lata se centra en convencerte de que te quedes quieto. Hasta que ellos te saquen. Cuando quieran. Comerte. Con fotos y con vídeos de lo que pasa más allá del refugio. De lo que ellos te hacen. Y hay quien llega a olvidar que fueron también ellos los que te metieron en la lata. Así que, lo mejor, montarse desde dentro un abrelatas y abandonar la lata por tus medios. Cuando no estén mirando. Cuando te juzguen cautivo y derrotado, superadas tus últimas defensas, tan a gusto en la lata. Entonces. Por sorpresa. Lo que hubiese podido conseguir cierto partido, entonces y por eso emergente. Y, sin embargo, el 20 de diciembre habrá sardinas que entierren su futuro, su presente, en las urnas. Que vuelvan a votar a los de siempre. Que, en aceite, con tomate, en escabeche, regresen, por las urnas, a la lata.

 

Viene esto a colación, España 20 de diciembre, Sitges 13 de octubre (Hispanidad, el día después), de ‘Tag’: un juego virtual para el que los jugadores son la presa.

 

SITGES RETROSPECTIVA

 

Quinto día (martes 13 de octubre)

 

‘Magic Bus’

 

 

El autobús decapitado, curvatura en el tiempo, con ‘Endorphine’, ‘February’ o ‘Demon. Túneles, agujeros de gusano. El autobús es un transporte mágico. Subes al autobús y ya has llegado. No importa si no se mueve el autobús de la parada.

 

‘TAG’

 

‘Tag’, de Sion Sono.

 

En ‘Tag’ el autobús sale a la carretera. ¿Qué otro sueño, más que abrir por la mitad un autobús, podría tener un abrelatas? Niñas enloquecidas viajan, corren, son blanco de armas automáticas, ‘If’, de Michael Anderson, en una orgía que es como todas las orgías: se divierte el que paga.

 

Suerte. Martes y 13

 

Buscamos a la suerte y es la suerte la que nos ha designado con su dedo. Mala suerte. Enmascarados justicieros, superhéroes: El Coyote, El Zorro, El Llanero Solitario (éste, de la película en 2013, con Tonto, el indio, aún le sonará a alguien), El Fantasma con los pigmeos bandar (como Tarzán, que es Tarzán de los Menos: un blanco entre los negros ¿quién ocupa el centro de la foto?), The Spirit, Batman, Spiderman, El capitán América, Catwoman, Batichica: menos mujeres que hombres enmascarados y éstas, muchas, reflejo de los hombres, una copia.

 

Decía Jerry Rubin, primer yippie, la cosa de los hippies violentos (volvemos sobre Rubin; al correr de los años, el triunfo del PP, tomemos nota, Rubin, de yippie se hizo yuppie), que se dejaban, ellos, el pelo largo para volverse negros, indios, mujeres y así ser ciudadanos de tercera, solidarios y, por lo mismo, fuertes. Otros tiempos.

 

Pero estamos con los enmascarados, no con los que se muestran.

 

Superman, a cara descubierta, que es hombre del común sólo con gafas, para que no lo reconozcan. Supongamos que Clark Kent se las quita y, debajo, no viene Superman. Que El Coyote se quita el antifaz y no es César de Echagüe. Que debajo de la máscara de Batman no está Bruce Wayne. Que Spiderman no sale de casa Peter Parker, cuando cuelga su traje. Que no hay, años creando fama debajo del disfraz, un Denny Colt dando carne a The Spirit: le ha pasado a Darht Vader.

 

Homenaje a David Prowse


 

 

Sosteniendo a Darth Vader estaba David Prowse. Y cuando los estudios le sacaron el casco apareció Sebastian Shaw, actor, igual que Prowse, pero un actor distinto. Eres actor de todo y te lo roban. Como en la vida misma. Como en casa. Homenaje a David Prowse. Sitges, paladín justiciero de Prowse, remedia esta injusticia.

 

Y, sin embargo, la juventud de Prowse, desperdiciada.

 

‘YOUTH’

 

‘Youth’. Paolo Sorrentino.

 

Como el tiempo es una frontera que va avanzando, instante tras instante, con nosotros, hasta que la cruzamos, no hay forma de saber qué hay más allá. Si la muerte nos proyecta en el futuro, ¿el nacimiento nos encadena en el pasado?

 

Todos, Paul Dano, Harvey Keitel, incluso Rachel Weitz; todos, excepto Michael Caine -tal vez Jane Fonda-, demasiado conscientes de sí mismos, una hermosa película que nos deja al final, porque él lo quiere, el amargo sabor de la derrota.

 

La sonrisa la pone Maradona; y se salva, inteligente, elegante, en su sitio, la miss.

 

El laberinto de la mujer objeto.

 

Sin pretender con esto cerrar los ojos al abuso de ellas: “¡Amalia, que te he dicho seis millones de veces que no quiero ponerme el traje nuevo!” ¿justifica esto el asesinato? El “¿tú qué sabes?”, de él, equivale al “¡que te calles!”, de ella. Para agarrarlos por el cuello, a una y a otro. Sólo que no se hace. Se va uno. Se va una. Como suele ser uno y no una el que tiene, además de la envergadura y de la fuerza física, el control de los recursos económicos, se entiende menos (¿o se entiende más?) que sea uno y no una la que mate.

 

De todas formas, matar está muy feo. No lo haga usted en casa.

 

En ‘El cadáver de Anna Fritz’ matar no es necesario. El producto está ya sobre la mesa.

 

EL CADÁVER DE ANNA FRITZ

 

‘El cadáver de Anna Fritz’, de Héctor Hernández Vicens.

 

De lo fácil que es quedarse sin empleo, si te pones a ello. Fantasías enfermas: ¿el macho, lo que tiene, es que le pone?

 

Más dócil que un cadáver es difícil. Y el miedo a la mujer, que es quien te puede dejar en evidencia cuando quiera, subyace como causa del desprecio. Un inferior, el ejemplar del sexo débil. Inferior, todo aquel que trabaja para uno. Inferiores, porque saben que lo hacen, quienes nos dan la vida, quienes nos la sostienen. De lo que aquí se trata: mujer, famosa (¡cómo se atreve ésta, cuando yo no lo soy!), muerta: lo mejor en la cama.

 

Martes y 13 en Sitges. Aquí y el 20 de diciembre, la suerte, para quien se la trabaja.

 

‘The Age of Self’


ROBER WYATT

NUNCA HE ESCRITO DE CINE. NO SABRÍA. ¡PERO QUÉ MAGNÍFICA EXCUSA, PARA ESCRIBIR, DA EL CINE! Audioteatro. Bogotá, 1952. Ex-Radio 3, es guionista y escritor. Trabajó en Radio Peninsular de Madrid. En Radio 1. En Radio Juventud de Madrid. En Onda Madrid. En el Cuadro de Actores de Radio Nacional. En el área de cultura de los Informativos. Arkham 3. Juventud y Pitanza. Zona Roja. ¡Qué alegría ser mayor! 65 Días en Poquín. Los teatros en La Casa Encendida…