En el mundo online, somos huella digital y tenemos sello digital

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La era digital ha cambiado este concepto: hoy en día, cada uno de nosotros tiene un sello digital… Las huellas digitales son la información que publicamos online acerca de nosotros mismos, mientras que las sombras digitales son lo que otras personas publican de nosotros… Todos somos pequeñas celebridades digitales y siempre hay alguien que nos considera su héroe.

 

Este es un mini-rescate del libro de Erik Qualman, autor del bestseller Socialnomics, que este año ha publicado Líder digital. 5 claves para conseguir el éxito. Le rescato porque coincidimos en el mismo concepto de huellas digitales, casualmente, uno de los primeros tweets que escribí hacia alusión a que éramos precisamente eso, huella digital. Vamos dejando un rastro de nuestra personalidad, de nuestros intereses, aficiones, amistades y trabajo, en un haz de luces de avatares variopintos donde muchas veces se confunde la realidad con el deseo de algo más. Queremos ser. Queremos imprimir. Queremos estar. Ir más allá. Hasta el punto de que llega el día de nuestro cumpleaños y un buen número de desconocidos, te felicitan y entonces, das las gracias porque es todo un detalle. Pero, no los conozco. Sólo su rastro, su huella digital es la que me refiere a su identidad real. ¡Oh, dioses del Olimpo, cómo filtrar todo este embrollo dialógico impregnado de palabras, palabras, palabras, palabras, sin hechos! Bendita locura. Maldita cordura. 

 

Las huellas digitales se están perfilando cada día en nuestras redes sociales, en Facebook particularmente, pero también en Twitter o en Instagram, como en Youtube, en websites que registran nuestros datos como 1, 2, 3 People, en las webs de congresos donde figuran nuestros trabajos académicos, en nuestros comentarios e interacciones virtuales, en un reply a un twitter-friend, en una foto que hurtadillas ha sido etiquetada por un ‘alguien’ que nos cazó casi sin darnos cuenta, en los nuevos contactos de LinkedIn que van sumando, como si de una cuenta corriente se tratase, intereses de un +1, +2, +3 contactos compartidos. Inundamos de huellas y sombras digitales los nuevos ecosistemas virtuales. ¡Horror! Un gran hermano se cierne sobre nosotros… Es el ojo que todo lo ve. Oh my Gosh! ¡Un mundo feliz de Huxley pero en la pantalla del ordenador! ¿Quién me lo hubiera dicho cuando a los 15 leía a Huxley con extrañeza?

 

Orwell, acompáñame en esta nueva aventura digital, necesito un buen guía: Para el futuro o para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios… Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho: desde esta época de uniformidad, de este tiempo de soledad, la Edad del Gran Hermano, la época del doblepensar… ¡muchas felicidades!

 

Nuestra huella digital se está haciendo presente incluso antes de nacer. Amigas que publican fotos con su embarazo, conocidos que hacen pública una ecografía a los pocos meses de gestación y fotografías de niños, que siendo menores de edad, conocemos mediante la publicación de álbumes y galerías de fotos en Facebook. ¿Qué nos está pasando? ¿Nos habremos vuelto todos locos con este afán de protagonismo? ¡Intimidad, te quiero de nuevo en mi vida! Entremezclamos todo. Vida, obra, pensamientos, deseos, imaginación, realidad, viajes, todo con el mismo afán. Reconocimiento. Integración. Pertenencia. Amistad. Y hasta Amor. Todo mezclado, enrevesado, entremezclado, compilado, sinsentido, ordenado cronológicamente, por días, por fechas de arriba a abajo. ¡Wow! ¡Qué vertigo!

 

Y yo que quería implantar las filosofía de los ‘I love you’ con un sólo hashtag #lovelovelove. Un icono con un smile :). Más un have a good day por las mañanas y un have a good night por las noches. No era tan difícil con música a raudales. Cultura. Cine. Fotografía. Noticias. Literatura. Poliedros, espejos, mosaicos, destellos, chispas. Completemos si hemos de completar nuestro universo digital. Entonces, el día que faltemos, sí, podremos decirlo. Epitafio of the day: yo sí tuve una huella digital. Yo sí quise el anhelo a la eternidad. Todos los sabemos, en una Facebookracia, estamos gobernados por el imperio de los ‘likes’. Y en una twittercracia, por el número de followers. Y yo me pregunto, qué más da. Todo es lo mismo: comunicación, compartir, comunión. Actos de Amor. Dar, dar, dar. Hasta el infinito y más allá. Así que antes de morir en el intento de vivir en un ‘Matrix digital‘, proporcionaré 3 claves de Sol, que como notas musicales, debiéramos tocar con suavidad:

 

1. No mentir: tu identidad virtual ha adquirido un valor con el paso del tiempo que transciende. Aún no conoces los efectos pero los habrá si has sido constante en tu empeño. Piensa que eres huella y como huellas permaneces. Caminamos juntos.

 

2. Coherencia: debiera existir una coherencia entre tus gustos, intereses y amistades de la vida offline y la vida online. No mentir para ser coherente con lo que uno publica, es decir, acorde con la identidad real de uno mismo.

 

3. Ética. Respetar ideas y opiniones. No juzgar a otros porque no piensen como uno mismo. La libertad de expresión y de pensamientos entraña divergencias y discusión bien entendida. Civismo. No asumir como una afrenta personal un comentario negativo y desarrollar la habilidad de debatir con serenidad, especialmente los asuntos más complejos… o al menos intentarlo.

 

Finalizo con una frase de una canción que ayer publicaba online: ‘We are here. We’re all alone in our own universe’.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.