En el nombre del padre.

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No recuerdo el primer apellido de mi bisabuela materna. Recuerdo su cara, su voz, su risa. Pero no su apellido. Creo que nadie nunca me lo dijo. Enviudó a los cuarenta años con cinco hijos y sacó a todos adelante. Luego crió a mi madre, su nieta preferida.

 

Nacemos de mujer pero nos nombra el varón. Dios padre en el principio dio nombre a todo lo existente. No tener padre es no tener nombre. No tener nombre es no ser de nadie. Porque el cuerpo del que vienes nunca fue otra cosa más que el cuerpo, nunca otorgó derecho a filiación, a herencias, a protección. Tampoco deberes para quien no quería nombrar, reconocer.

 

En el necesario y recomendable documental de Patricia Ferreira, Señora de, había mujeres que soñaban con que sus hijos llevaran el apellido de su padre. Para que no fueran de ella sino de la sociedad en la que nacieron. Sociedad que afortunadamente cambia, aunque no tanto.

 

Cuando nació mi hija le puse mi apellido. Nada más sencillo que elegir el del padre o el de la madre. Pero había  truco. A veces parece que las reglas cambian, pero no es así, sobre todo en las cabezas más que en los actos. Se permiten posibilidades de saltarse las reglas, pero enseguida descubres que la excepción sirve precisamente para contener las rupturas.

 

Hasta que la polémica reforma sea aprobada, para poner el apellido materno, padre y madre tienen que ir al Registro en persona, en cambio, para continuar la tradición del apellido paterno, basta con que el padre se acerque a reconocer su criatura como suya y deje descansando a la madre recién parida en casa. En caso de duda o desacuerdo se pondrá «el que corresponde», el del varón.

 

¿Ponen muchas madres su apellido? Pregunté a la funcionaria del Registro en mi vena sociológica. Prácticamente ninguna. Me contestó ella. Lo dicho, cuesta más cambiar las cabezas que las leyes y más las leyes que tocan cómo tenemos conformadas nuestras cabezas.

Pilar Pardo Rubio. Estudió Derecho en la Carlos III y continuó con la Sociología en la UCM, compaginando en la actualidad su trabajo de asesora jurídica en la Consejería de Educación y la investigación y formación en estudios de Género. Desde el 2006 colabora con el Máster Oficial de Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid que dirigen las profesoras Fátima Arranz y Cecilia Castaño. Ha participado en varias investigaciones de género, entre las que destacan la elaboración del Reglamento para la integración de la igualdad de género en el Poder Judicial de República Dominicana (2009), Políticas de Igualdad. Género y Ciencia. Un largo encuentro, publicada por el Instituto de la Mujer (2007), y La igualdad de género en las políticas audiovisuales, dentro del I+D: La Igualdad de Género en la ficción audiovisual: trayectorias y actividad de los/las profesionales de la televisión y el cine español, que ha publicado Cátedra, con el título "Cine y Género". (2009). La publicación ha recibido el Premio Ángeles Durán, por la Universidad Autónoma de Madrid y el Premio Muñoz Suay por la Academia de Cine.   La mirada cotidiana que dirigimos cada día al mundo en que vivimos es ciega a la las desigualdades que, sutiles o explícitas, perpetúan las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar los antiguos y nuevos mecanismos, que siguen haciendo del sexo una cuestión de jerarquía y no de diferencia, es el hilo conductor de "Entre Espejos". En sus líneas, a través del análisis de situaciones y vivencias cotidianas y extraordinarias, se ponen bajo sospecha los mandatos sociales que, directa o indirectamente, siguen subordinando a las mujeres e impidiendo que tomen decisiones, individuales y colectivas, críticas y libres, que siguen autorizando la violencia real y simbólica contra ellas, que siguen excluyendo sus intereses y necesidades de las agendas públicas, que siguen silenciando sus logros pasados y presentes, que, en definitiva, las siguen discriminando por razón de su sexo y hacen nuestra sociedad menos civilizada, a sus habitantes más pobres e infelices, y a nuestros sistemas políticos y sociales menos democráticos y justos.