En la otra orilla

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If you want a lover
I’ll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I’ll wear a mask for you
If you want a partner
Take my hand
Or if you want to strike me down in anger
Here I stand
I’m your man

(…)

“Si quieres un amante haré lo que quieras. Si quieres otro tipo de amor, llevaré una máscara de cuero para ti”, cantaba Leonard Cohen en I’m Your Man. Y tonta de mí, no consigo sacarme de la cabeza esta melodía pegadiza y descarada, que me arrastra a trompicones por entre las olas encrespadas de mi memoria.

 

Me sonrojo al decirlo, pero una de mis muchas preocupaciones de juventud era la de encontrar a alguien tan auténtico y tan salvaje como los personajes de esas canciones de Leonard Cohen. Compañero de conspiraciones y alegrías, alguien que sin sacar las manos de sus bolsillos y sin necesidad de máscaras, me ayudara a abrirme paso en el difícil arte del día a día de la vida.

 

Buscaba a alguien que me esperara al otro lado de la orilla, sin preguntas ni respuestas. Alguien con quien intercambiar silencios y palabras, que me entendiera con una simple mirada. Buscaba unas manos que se perdieran en las mías y unos ojos que supieran leer entre mis líneas. No sé por qué siempre me pareció más atractivo el misterio abierto de lo que se intuye entre bambalinas que la cruda y ya cerrada realidad del escenario. Esa imaginación a punto de ebullición, tan sugerente al soñador.

 

Por aquel entonces, me sentía tan perdida y desdibujada como la Sumire de Murakami, aquel personaje de Sputnik con el que acabé identificándome al instante y ya sin remedio. Romántica incurable, intransigente y bastante ingenua, de mundo interior envolvente, estaba yo también empeñada en ser escritora de verdad y en cambiar con palabras mi imperfecta vida real por otra no tan inútil y llena de viento y de aire. Y tal era mi afán por conseguir ese propósito, que no me daba cuenta de que si las cosas inútiles acabaran desapareciendo, la vida dejaría de ser vida, y desaparecerían también todas esas inútiles líneas emborronadas…sería otra cosa, una vida tan útil y prosaica, incluso dejaría de ser imperfecta para llegar a no ser nada. Ni siquiera nada perfecto.

 

¿Si?

¡Pues si…!

 

Esperé y esperé… Siempre me sobró el tiempo que ahora me falta. Ya veis, era mi única meta. Mi corazón y mi mente nunca estuvieron tan dispuestos a amoldarse a las circunstancias de ese alguien, por peregrinas que esas fueran; mente y corazón sin coraza, bandera blanca: ese era mi lema.

 

Pero crucé de orilla, como hizo ella, sí, pero dejé a mi otro yo aquí, en esta… mientras me sentía desamparada, envuelta en esa incertidumbre del que algo espera y que no llega. Como una astronauta flotando en el negro espacio, a la deriva y en silencio… marioneta, vapuleada por el viento, como si estuviera partida en dos con dos mitades separadas sólo por un frágil biombo invisible, habitando ese mundo imposible, inútil y trasnochado de los sueños.

 

Busqué entonces respuestas en cada esquina, entre empujones, al bajar la persiana y al levantarme cada mañana, en cada boca que se cruzaba en mi camino, en cada pisotón sin un mísero “perdón”. Respuestas y respuestas que busqué y busqué sin reparar que estaban justo ahí, frente a mí, en mí, en esta cabeza que a veces parece una manta de patchwork confeccionada con retales de pensamientos mal hilvanados y destartalados, cada uno de su padre, cada uno de su madre, cosidos a la ligera como baratija de rebajas… y….

…un amigo me dijo al atardecer:

“¡No busques más! ¡Libérate de esa ansiedad que te ahoga! Espera… Sí, eso sí, ¡espera! La esperanza no agobia, al revés: libera, invita a vivir sin ahogos, con aliento fresco y siempre nuevo…”

“Ya encontrarás, el día menos pensado y en el más inesperado lugar. Mientras tanto, privilegiada, aprovecha los tesoros de todos aquellos que te aman -aunque te amen de una forma diferente a la que deseas-. Da igual, disfruta… disfruta… espera y disfruta…”

 

Me dijo… y yo intuía que también a sí mismo -a todos nosotros- se lo estaba diciendo.

 

***

No sé si lo he conseguido; las dudas siguen asomando de vez en cuando, traicioneras, burlonas. Pero sí, me he liberado de ese asfixiante ahogo de no encontrar, mientras apuesto por apreciar, querer y aprender de todos aquellos que me rodean y que están dispuestos a acompañarme ( de “compañía”) en este agónico, único e inigualable viaje que es la vida. Ellos también se vienen conmigo…a la otra orilla.

 

 

(…)

And if you’ve got to sleep
A moment on the road
I will steer for you
And if you want to work the street alone
I’ll disappear for you
If you want a father for your child
Or only want to walk with me a while
Across the sand
I’m your man

If you want a lover
I’ll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I’ll wear a mask for you

 

 

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Foto: In the mood of love

 

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Manuela della Fontana
Manuela della Fontana, escritora oculta. Después de trabajar muchos años en el mundillo editorial, rodeada de facturas e impuestos, decidió dar el gran salto y retomar esta “vocación” suya escribiendo con mayor regularidad. Fue entonces cuando empujada por algunos amigos salió a la luz, compartiendo sus vivencias en su blog Soñando con maletas y en las revistas vozed, e Hyperbole donde colabora habitualmente. @enmanuelle2002

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