En la primavera con Salinger

0
216

Un grupo de sectarios neoyorquinos discute sobre la poliglosia, las traducciones y la imposibilidad de traducir al castellano novelas como la de Salinger.

 

The Catcher in the Rye

 

 

—Si hay algo que me gusta del inglés, es cuando usas la forma Don’t_________me! (Don’t girl me, don’t mister me, don’t lady me, etc). Yo aprendí el inglés solo para poder usar esa frase.

 

—Lo que muchos no se dan cuenta es que la personalidad se transforma según el idioma en que uno hable. El tono de voz cambia mucho cuando pasamos del inglés al español.

 

—Es verdad: un novio alemán que tuve me dijo: me gustas más cuando me hablas en alemán que cuando me hablas en inglés. ¡Y yo apenas si sabía decir unas cuantas frases en alemán! A él no le gustaba yo, sino esa mujer sumisa que apenas si sabía cómo decirle hola.

 

—A mí me pasa lo mismo: en inglés soy una tonta: no puedo decir nada muy elaborado.

 

—Mi sentido del humor se pierde cuando quiero decir algo en inglés.

 

—Por otro lado, cuando hablo francés me siento muy liberada: no me importa cometer errores, solo me dedico a hablarlo. Y como a la mayor parte de la gente le parece ya una proeza que una norteamericana hable más de un idioma. Sonríen cuando yo hablo: la gringa es so cute cuando no habla inglés. Les da igual si no me entienden nada o les arruino toda la sintaxis.

 

—En mi colegio las clases eran en inglés. Ahora me da vergüenza cuando escribo: cometo un montón de errores, me olvidé todo.

 

—Tenía una amiga que se reía de que yo leyera El guardián entre el centeno en castellano. Decía que a Salinger solo se le podía leer en inglés.

 

—Bueno ¿cómo es leerlo en castellano? En el colegio lo leímos en inglés. El libro daba pie a unas conversaciones muy interesantes.

 

—¡Es que es imposible traducir ese libro al castellano! Ahora lo estoy leyendo en inglés y es divertidísimo ¿Cómo dices por ejemplo: So I shot the bull for a while? Me gustaría mirar cómo tradujeron eso. Estoy seguro de que mi versión , la que leí cuando tenía 19 años, estaba traducida al castellano de España o al de México. Además no conocía Nueva York. Te apuesto que entendí todo mal.

 

—¿Viste el documental sobre Salinger? A partir del próximo año se van a empezar a publicar las novelas que dejó terminadas. Escribió en su testamento que sus obras se publicarían una por año, empezando 5 años después de su muerte.

 

—Por eso les digo a mis amigos escritores que publiquen lo que quieran antes del 2015, porque apenas empiecen a publicarse las novelas de Salinger todos los demás vamos a estar fuera de carrera.

 

—Creo que hay una continuación de Catcher in the Rye y también un libro sobre el mundo antes de Catcher in the Rye. Un libro sobre la guerra, otro sobre la familia Glass y un par más.

 

—Me parece una excelente táctica.

 

—Sí, pero pobres escritores, tendrán que competir con Salinger.

 

—Estoy nervioso.

 

—El mundo debería de estar nervioso.

 

—No es por eso, hombre ¿Sabes a qué hora empezamos?

 

—En media hora estamos listos. Si bien hoy no hemos hecho ningún preparativo. Vamos a ver qué sale.

 

Newyópolis: la primavera trae más de estas caminatas.

 

Conversamos en el Bronx, bajando por la calle Kingsbridge hasta Broadway, hasta el cruce con la calle 225. Sabemos que nos esperan más de estas charlas, caminando por la calle en mangas de camisa. Los tallos aparecen tímidos, entre la grama deshecha por el hielo. Mientras tanto, en un universo paralelo, en una novela,  Holden Caulfield se quita la gorra roja y otra imprenta se prepara para reinventar el mundo.

 

Ha pasado tanto tiempo. Ya era hora.