En la sombra

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La sombra de Kobe Bryant era alargada, casi tanto como su leyenda.
La sombra de Kobe Bryant era alargada, casi tanto como su leyenda.

A principios de mes recibí un paquete por correo. Evidentemente me extrañó, pues hacía ya tiempo desde la última vez que había comprado algo por internet -no digamos ya por mensajería ordinaria- y no esperaba nada; pero me fui a dar un paseo y decidí dejar el muerto en el buzón. Al volver, cogí el objeto plastificado, subí las escaleras palpando el contenido y entré en casa con las mismas dudas con las que había estado paseando la hora anterior. ¿Quién me había enviado algo desde China? ¿Por qué sabía mi dirección? Por el tacto parecía una camiseta, ¿quién le habría chivado mi talla al susodicho? Total, que antes de abrirlo le pregunté a todos mis contactos cercanos y nadie sabía nada; cogí unas tijeras, hice una incisión de cirujano y descubrí que se trataba de una equipación blanca y amarilla, de los Lakers, con el número 24 a las espaldas y el apellido Bryant serigrafiado en la parte superior. Ni una sola nota, ni un maldito dato en el remitente, ni siquiera se podían intuir los motivos por los que alguien me querría regalar una cosa así; si yo soy de los Celtics.

Lo dicho: por más que intenté encontrar información al respecto, nunca pude averiguar quién me había comprado una camiseta original de Kobe Bryant; sea quien sea, a día de hoy sigo sin habérselo podido agradecer. Por un lado, es una prenda soberanamente cómoda para los meses de verano, sin mangas y de un tejido transpirable perfecto para los días de calor; por otro, tiene un importante valor sentimental, pues, aun siendo de los Celtics, la noticia de la muerte de Kobe me dejó traspuesto hace ya unos cuantos meses; aunque para emotivo, sin duda, el hecho de que un desconocido me hubiera regalado algo porque sí, sin razones aparentes ni carta de presentación; un gesto al que, siendo incapaz de responder, le llevo dedicando mis últimas semanas.

Siempre me ha fascinado la capacidad que tienen algunas personas para permanecer al margen, resguardadas en las sombras sin querer ni reclamar ningún tipo de atención. En un mundo como el nuestro no es nada fácil renunciar al aplauso ajeno y a las felicitaciones públicas, al agradecimiento general; por el contrario, es más común de lo que debiera eso de que algunos se lleven el mérito de los demás sin merecerlo. Ocurre en cualquier ámbito de la vida, ya sea a la hora de hacer un regalo común para una fiesta de cumpleaños o ya sea para hacer política nacional. Lo decía Kazuo Ishiguro en ‘Los restos del día’ (Anagrama, 1994), «los pocos que saben realmente de lo que están hablando acaban relegados a un segundo plano por tantos ignorantes como hay a su alrededor», y es verdad. A veces hay que prestarle más atención al que permanece callado que al no de para de gritar.

No hemos dejado de verlo en estos meses de pandemia: gente atribuyéndose méritos que luego desmentían, cuando las cosas empezaban a ir mal; políticos que se apuntaban las victorias de los verdaderos implicados, de los sanitarios que pasaban horas trabajando para proteger a los demás. ¿Por qué los auténticos protagonistas nunca alzan la voz? También lo dice Ishiguro: porque «cuando alguien tiene una buena idea, acaba por resultar ineficaz con tantos comités por los que tiene que pasar, y además la modifican hasta el infinito»; es decir: la modifican hasta que los aprovechados -que suelen ser las cabezas visibles del último comité- consiguen hacerla pasar por propia.

En realidad, sucede lo mismo que cantaba Residente en 2017: «No se ve a primera vista / La sombra no necesita ser protagonista. / La sombra te da lo que la luz no te revela. / Lo que no tiene sombra, parece que vuela. / No se le suben los humos a la cabeza (…). / Y el crédito se lo lleva otro». En un mundo donde la gente lo único que busca es sobresalir, hay que darle las gracias a aquellos que, en silencio, mueven los hilos y permiten que todo fluya y siga tal y como está. Es de agradecer, sin duda, que alguien te regale una camiseta de Kobe Bryant original y que no lo haga para presumir de su amistad.

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2 COMENTARIOS

  1. Me ha traído a la memoria el poema de Álvaro Mutis “Balada imprecaroria contra los listos” (Summa de Maqroll el Gaviero) cuando dice:

    Ahí pasan los listos
    Siempre de prisa, alerta, husmeando
    la más leve oportunidad de poner a prueba
    sus talentos, sus mañas,
    su destreza al parecer sin límites.

    Vale la pena leer todo el poema. Valió la pena de leer la reflexión de Alfonso.

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