Enpresas cerrdas como causa multifactorial

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Charla en la SER sobre accidentes de tráfico con un (presunto) experto. La locutora del programa pregunta:

 

P. ¿Sería conveniente abordar la prevención de los accidentes de tráfico ya desde la escuela?

R. “Efectivamente, todo proceso implica una causa multifactorial”.

 

Esto es literal. Es imposible acordarse de una frase así si no tomas nota en los 30 segundos siguientes. Es un ejemplo perfecto del fenómeno que ataca a la expresión oral (ainda mais que a la escrita) de los castellanohablantes. Retorcimiento, oscuridad, ignorancia de la sintaxis… aparte de disparates más básicos.

 

Se me ocurren montones de preguntas. ¿Sabe el experto lo que quiere decir? ¿Le importa un pito que lo entendamos los demás? ¿Tiene miedo de que lo destituyan si contesta sí o no? ¿Ha probado alguna vez a contestar, por ejemplo,”es posible”, o “pues no sé qué decirle”? ¿Qué es peor, ser experto o ser político? (en lo referente al lenguaje).

 

Cada vez que hay alguna posibilidad, aunque sea remota, de reírme, intento aprovecharla, así que quiero que compartan conmigo este párrafo de una crónica (26 de septiembre) del Festival de Cine de San Sebastián, autoría de Carlos Boyero:

 

“Tengo delante de mí un panfleto de llamamiento a la huelga general en Euskal Herria que me pone de acuerdo con su testimonio del desastre que estamos sufriendo, pero igualmente alucino con la redacción surrealista de estas denuncias y su excesivo odio hacia la ortografía. También puedo entender que los ilustrados panfletistas estuvieran ebrios, pero no es el estado mental más apropiado para convencer a los demás de que se apunten a la huelga. Cito literalmente lo que tengo ante mis pasmados ojos: 19.000 enpresas cerrdas, recortan las ayudas socialez, quieren pribatizar los servicios públicos’. Imagino que a la concienciada o temerosa gente no le han importado semejantes dislates lingüísticos a cargo de los convocantes revolucionarios, ya que casi todo permaneció cerrado ayer en el centro de San Sebastián.”

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.