Enredados en nuestra libertad

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El periodista Evgeny Morozov lleva años informando sobre internet y su uso por parte de los regímenes autoritarios para consolidar su poder. En 2011, publicó su libro The Net Delusion, un interesante panfleto en el que arremetía contra el infantil optimismo de todos aquellos que depositan en la red y todos sus innegables beneficios liberadores una testaruda esperanza en que es la panacea democratizadora: según la fórmula más internet ergo más democracia. Según Morozov, internet puede favorecer la apertura de las sociedades y la lucha contra los regímenes autoritarios, pero también facilita la labor de las dictaduras para controlar a sus ciudadanos.

 

El control a través de internet no se lleva a cabo únicamente con el ejercicio de una censura directa –cancelación de páginas web, detención de bloggers y activistas, etcétera–. Las dictaduras más refinadas (al menos en algunos aspectos), como China y Rusia, son conscientes de que si los ciudadanos pueden acceder a dosis de entretenimiento adecuadas dispondrán de menos energías y tiempo para dedicar a cuestionar su falta de libertad y la labor de unas autoridades que nunca han elegido. El entretenimiento –también en las sociedades democráticas– llena vacíos sin que medie un especial esfuerzo por parte del espectador, lector o internauta. ¿Quién puede resistirse? Series, películas y porno gratis, concursos idiotizantes, cotilleos elevados a información, exposición de un riqueza inalzancable que nos confronta con nuestra vulgar condición de asalariados… El menú es amplio, tal vez demasiado amplio e inabarcable. A fin de cuentas, la libertad es poder escoger entre muchas cosas, todas apeticibles y ocupar las horas libres, ¿no?

 

Cualquier usuario de internet deja un rastro de información privada (¿sigue existiendo el concepto de privacidad?) susceptible de ser mercantilizada. Es otro de los riesgos que entraña la red. Riesgo que se potencia cuando las compañías dedicadas a gestionar contenidos se alían –en ocasiones, voluntariamente: a cambio de más beneficios– con regímenes políticos de diversa calaña: democráticos y autoritarios. La mercantilización a un paso de la politización. Y viceversa.

 

En este sentido, convendría preguntarse por qué se ha debatido tan poco sobre la firma por parte de la mayoría de los estados de la la Unión Europa del polémico acuerdo “antipiratería” ACTA. Polémico, al menos, por la falta de transparencia de sus objetivos y beneficiarios. España es uno de los veintidós países europeos que ha firmado el acuerdo.

 

En el siguiente documental, Mozorov –de origen bielorruso– trata estos y algunos otros temas de los que habla en su libro. Internet se ha convertido desde hace años en un espacio social cada vez más relevante en nuestra vida diaria. Conviene por tanto –y este sería el principal mensaje de Mozorov– que seamos conscientes de sus incalculables posibilidades y que prestemos especial atención a sus (casi) infinitos riesgos.

 

 

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