Ensalada racial, ¡no te entiendo!

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No sé si quienes leen esto han estado alguna vez en el Museo de América de Madrid. Yo estuve recientemente y aparte de cosas realmente admirables, pude constatar la enorme riqueza léxica que el barullo racial aportó al castellano. Creo que la clasificación que viene a continuación comenzó a partir de principios del XVI y cristalizó -por decirlo así-, en el México del virreinato, es decir en pleno barroco, donde, como ha explicado muy bien Octavio Paz, cada casta o mestizaje estaba perfectamente nombrada y definida y por ello ocupaba un lugar determinado en la escala social. Nunca el racismo fue tan transparente  y preciso ni tuvo tan `buena conciencia´.

 

No sé si quienes leen esto han estado alguna vez en el Museo de América de Madrid. Yo estuve recientemente y aparte de cosas realmente admirables, pude constatar la enorme riqueza léxica que el barullo racial aportó al castellano. Creo que la clasificación que viene a continuación comenzó a partir de principios del XVI y cristalizó -por decirlo así-, en el México del virreinato, es decir en pleno barroco, donde, como ha explicado muy bien Octavio Paz, cada casta o mestizaje estaba perfectamente nombrada y definida y por ello ocupaba un lugar determinado en la escala social. Nunca el racismo fue tan transparente  y preciso ni tuvo tan `buena conciencia´.

 

Las series de castas o mestizajes son como sigue:  español con indígena: mestizo; mestizo con española: castizo; castizo con española: español; español con negra: mulato; mulato con española: morisca; morisco con española: chino; chino con india: salta atrás; salta atrás con mulata: lobo; lobo con china: gíbaro o jíbaro; gíbaro o jíbaro con mulata: albarazado; albarazado con negra: cambujo; cambujo con india: sambiaga (zambiaga); sambiago con loba: calpamulato; calpamulato con cambuja: tente en el aire; tente en el aire con mulata: no te entiendo; no te entiendo con india: torna atrás.

 

Sorprenden casi todos esos términos, muchos de ellos hoy en desuso (albarazado, cambujo, sambiaga, calpamulato), pero que no me extrañaría nada que hayan sido usados por don Ramón del Valle-Inclán y circulen  en el Tirano Banderas, o incluso en las Sonatas. Sorprende el sentido de morisco, sorprende el de castizo, y no digamos esos tente en el aire, salta atrás y ese que parece un grito de auxilio: no te entiendo. Porque desde luego era como para no entenderlo y pedir ayuda…

 

Recibo una petición de la página goteo.org en la que dicen que quieren “prototipar colaborativamente”:

“…le damos una vuelta más a nuestros talleres, ampliando el formato al co-diseño que es un ámbito que creemos encaja con el crowdfunding como anillo al dedo. En esta ocasión, para prototipar colaborativamente y compartir proyectos en torno al patrimonio digitalizado y los contenidos online de dominio público.”

Aparte de feo, feo, el párrafo apesta a anglicismos innecesarios; por otra parte, tienen mi negativa total a prototipar colaborativamente (a menos que sean tan amables de explicarlo).

 

Hoy en la cadena SER, una tertuliana periodista dijo que era muy improbable que alguien de su partido estuviera dispuesto a “remover a Rajoy”. Se puede decir con más propiedad, pero a ella le encanta usar esos términos; remove, palabra inglesa, quiere decir eliminar, quitar, sacar (aquí también hubiera valido sustituir). Es la misma que hace poco habló del “decalaje” de las elecciones. No digo su nombre porque no me gusta meter el dedo en el ojo y además no soy quién. Pero no pierdo la esperanza de que alguien le llame la atención y se reforme.

Ahora bien, tampoco es que sea imposible remover al sujeto mencionado; bastaría con agitarlo un poco y darle unas vueltas. ¡No le vendría mal!

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.