Entrevista a Noemí Fierro, traductora del árabe al español

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Después de leer La república era esto quise saber más sobre la traducción y la traductora, cuyo nombre aparecía al inicio del libro.

Aquí la entrevista con ella.

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¿Cómo surgió tu interés por la lengua árabe?

De chiripa, por casualidad, después de suspender un examen de inglés cuando estudiaba Hispánicas. Decidí entonces que no quería repetir la experiencia con esa lengua y cambié el idioma. El inglés para mí era demasiado estrés, demasiada gente en lo mismo, demasiada competencia, demasiada obligación de hacer algo y aprender algo porque hay que hacerlo, sin pensar, porque era y es muy importante, y entonces, en medio de eso incomprensible para mí llegó el árabe como la horma de mi zapato.

¿Cuánto tiempo te ha llevado lograr el nivel necesario para traducir novelas? ¿Cómo ha sido el proceso?

No estoy muy segura. Mientras estudiaba en la facultad Filología Árabe estaba matriculada en la Escuela Oficial de Idiomas. Me marché a Siria nada más acabar la carrera y sería como seis años después, o sea, unos once contando desde la fecha que empecé a mirar las letras árabes, cuando creí entender que podía traducir. El proceso nunca acaba, en cada proyecto sigo sintiendo que estoy aprendiendo, obviamente, no como al principio, pero esta lengua no deja de sorprenderte, y en ello radica la emoción que causa y, al mismo tiempo, las pequeñas frustraciones con las que tenemos que pelear.

¿Cúanto tiempo tardaste en traducir La república era esto? ¿Cómo ha sido la labor de llevar el árabe de Al Aswani al español?

Creo que fueron tres meses y medio. Anagrama tenía prisa y yo trato de cumplir siempre. Terminarlo era un poco urgente, aunque luego todo el programa se desbarató con la pandemia, y personalmente, cuando estoy en una traducción, trabajo de lunes a domingo, aunque no sea «urgente». ¿La labor? Como en cualquier otro proyecto. Si puedo elegir no me gusta leer el texto antes de traducirlo, o sea, leo y traduzco al mismo tiempo, eso me permite estar más activa y enganchada a la historia dado que no sé de antemano qué va a pasar.

¿Cómo realizas una traducción? ¿Tienes algún método?

El único método es concentrarme en lo que me dice el texto y tratar de trasladar a mi lengua lo que me provoca al leerlo en árabe, siendo fiel al original y al mismo tiempo, dándole la naturalidad y la cadencia que exige el español. Trabajo mejor por las mañanas, con luz al menos; las noches las reservo para revisar lo que he escrito, sorprenderme con los errores, intentar encontrarles una solución, que muchas veces no salen tan rápido como a uno le gustaría, y ser consciente antes de dormir de cuánto falta por pulir. Voy corrigiendo a la par que voy sacando el primer borrador. Leo mucho mientras traduzco, novelas en español, algún escritor que sienta que me pueda inspirar. A veces traducir puede convertirse en una labor muy obsesiva, y te quedas dando vueltas a algo que puede parecer muy estúpido, pero que te atasca una traducción hasta que das con la tecla, muchas veces de una manera inesperada, curiosa, insólita. Igual la palabra en la que llevas pensando tres días sin solución te la resuelve el frutero, o la prima que te llama por teléfono o la televisión o un texto donde la lees, y dices: ¡esto es lo que yo estaba buscando! Son hallazgos maravillosos que además nadie sabrá nunca que han costado tanto, o tan poco. Ir con un boli y un papel encima se convierte en algo indispensable si estoy trabajando.

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¿El árabe escrito es igual desde Marruecos a Kuwait? ¿Tú podrías traducir obras escritas y publicadas de cualquier país arabófono? 

El árabe escrito, mientras sea árabe clásico, es el mismo; la cuestión es que los escritores también recurren al dialecto cuando producen literatura. Podría traducir obras escritas en árabes independientemente del origen de su autor; si se complica, recurro a los amigos árabes que me traducen al árabe clásico a las mil maravillas si tengo dudas.

¿Qué diferencias hay entre el árabe escrito y el árabe hablado? ¿Se pueden entender un omaní y un argelino?

Diferencias entre el árabe escrito y el hablado hay todas las que uno quiera imaginar. Un omaní y un argelino no se entenderán a no ser que pacten recurrir al árabe clásico, o a un árabe moderno estándar. No tiene nada que ver la lengua de comunicación de uno con la lengua de comunicación del otro. Para dar cuatro saludos y una despedida, todo el mundo se comprende, ahora para profundizar en algún tema los hablantes han de encontrar un árabe medio comprensible, pero cuesta, no a todos los nativos les sale con mucha naturalidad o fluidez.

¿Hay particularidades egipcias en el árabe de la novela de Al Aswani? ¿Algún ejemplo?

¿Particularidades egipcias? Sí, un capítulo entero escrito en dialecto egipcio, comprendo que con razón porque se trata del testimonio de chicas que tuvieron que pasar por la prueba de la virginidad, algo que ocurrió en realidad durante la revolución egipcia. Era lógico que las declaraciones en primera persona estuvieran en dialecto. Ningún árabe habla voluntariamente en árabe clásico, de manera que recurrir al dialecto cuando hablamos de narrativa es un intento, considero que acertado, de acercar el mensaje y sacarlo de la norma, hacerlo real, bajarlo a tierra para que el lector sienta que hablan como él.

¿Hay algún país que tenga un árabe más «puro», al igual que se dice sobre el español de Castilla? ¿En qué consiste esta «pureza»?

Abres el melón con la pregunta. Aquí parece que sigue siendo marca de prestigio hacer que el árabe dialectal que tú hablas se asemeje al árabe clásico, el puro, el del Corán. Los sirios dicen que es el suyo, y no les llevo la contraria; pero lo gracioso es que eso mismo lo he escuchado decir en otros países cuando los nativos se refieren a lo que ellos hablan. Más puro a mí no me parece ninguno, puede parecerme más comprensible, flexible cercano o amable porque lo conozco o porque me gusta como suena, no porque sea realmente puro. Si tengo que opinar, te diré que el árabe de Sudán me alucina, lo que hablan los sudaneses es belleza pura, o al menos para mí se acerca mucho a la pureza; un canal árabe les pone un micro en la boca en medio de una calle cualquiera, y parece que tuvieran un discurso elaborado por adelantado. Miden las palabras y pronuncian muy bien. Supongo que alguno se enfadará porque hay pelea (muy sucinta, pero la hay) con este tema.

¿De qué época son los textos más antiguos en árabe posibles de leer hoy? ¿Tú puedes entender las inscripciones de la Alhambra?

No he intentado leer las inscripciones de la Alhambra, ni me ha interesado nunca, para ser sincera. Hay grandes especialistas dedicándose a ello. Podemos leer e intentar traducir cualquier texto del siglo VII en adelante, con la grafía árabe que se adoptó desde entonces. La maravilla del árabe es que es una lengua derivativa y aunque haya introducido variables en el paso de los siglos, ninguna palabra pierde su razón de ser. La lengua se explica a sí misma, de manera que es lo más autosuficiente que conozco. Una maravilla donde perderse.

Recomiéndanos tres o cuatro libros (novelas, ensayos…) escritos en árabe y traducidos

Serían muchos los libros para recomendar, traducidos no hay tantos, pero se han versado en español grandes obras con gran maestría. Por citar algún clásico mencionaría, El huevo del avestruz, de Raúf M. Basta, traducido por Salvador Peña; Nadie duerme en Alejandría, de Ibrahim Abdel Meguid, traducido por Pablo García; Al este del Mediterráneo, de Abdelrrahmán Munif, traducido por Luis Miguel Cañada; y cualquier novela de Jáled Jalifa, escritor sirio brillante que aún no ha sido conocido como merece por los lectores en español, más allá de alguna versión desde el inglés. Repito que la lista es larga y me sabe muy mal tener que dar títulos porque en ese momento solo pienso en la lista paralela que tengo en mi cabeza formada por todos aquellos que no han conseguido aún hacerse un hueco, aunque sí lo tengan en otras lenguas europeas. Los que he mencionado son para mí libros de cabecera, recurro a ellos de forma intermitente porque han visto la luz en español por la pluma de grandes traductores a los que admiro que me dan respuestas cuando tengo preguntas. Soy de esas que coteja traducción-original, cuando estoy ociosa y no tengo ningún proyecto. El aprendizaje con esta lengua es constante, inagotable, y eso me gusta mucho, aunque angustie a ratos.

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Me gusta la última frase de la novela: Después, se hizo el silencio. ¿Cómo es en árabe?

No recuerdo con fidelidad cómo era en árabe, pero no debía alejarse mucho de lo que dice en español, quiero decir que la traducción en este caso quiero recordar que sería literal. Al Aswani no es un escritor complejo, no retuerce la sintaxis, no es dado a juegos alambicados con el lenguaje. Su prosa es directa y sencilla. Valiente en los temas, arriesgada y provocativa porque eso es lo que quiere y lo que necesita, si se me permite decir, la sociedad árabe actual, que la provoquen y choquen con ella, que haga pensar, como ya hace, y llegue más lejos si cabe.

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Añade lo que quieras para finalizar

Creo que casi todo traductor estará de acuerdo conmigo cuando pienso en voz alta y digo que la mejor traducción siempre es aquella en la que trabajas. Este oficio es precioso, pensar en dos lenguas y tratar de acercar sin restar ni sumar requiere un esfuerzo mental que costaría un rato largo tratar de describir. Para mí, mi mejor trabajo siempre es el último, aquel en el que estoy si alguien me pregunta, porque cuando uno entrega una traducción se olvida, o debería olvidarse de ella por su salud mental y porque una vez publicada, no hay nada que hacer, por eso, el último, el de ahora, en el que uno está trabajando, debe ser siempre el mejor, aquel en el que debe dejarse los sesos, pensar y volver a pensar hasta encontrar la solución en español que se resiste. Por lo tanto, en este momento, diría que mi mejor traducción es Informe sobre el robo (título por determinar), de Abdul Hadi Sadoun, escritor iraquí afincando en España, un maestro de la pluma y con una imaginación envidiable. La novela me tiene absorbida, me despierto con ella y me acuesto con ella, pero no solo por culpa de los líos de la traducción que me agobian y tardo en sacar, sino por la historia en sí. En esta novela anida un mensaje que dará que pensar al lector, porque la acción le introduce en una paranoia absoluta y provoca una pregunta que cae al margen de fronteras y culturas y es: quiénes somos, qué recordamos de nuestro pasado, qué ocultamos, voluntaria o involuntariamente, en definitiva, qué constituye lo que cada uno es o cree ser. Es una novela preciosa porque te agita, te revuelve y si no tienes cuidado, hasta te puede paralizar. La añadiría con los ojos cerrados a mi lista de recomendaciones. Al margen de ella, pero pensando en ella, considero que es fabuloso todo aquello que la narrativa y los grandes escritores hacen por agarrarnos al suelo que pisamos para que la vida sea más comprensible y hasta medianamente aceptable. Igual por eso traduzco narrativa.


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