Entrevista al actor-taquillero anónimo y II

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R.- Hay un punto de complicidad con el público, porque tú estás ahí con las entradas en la mano, y sabes si la gente se lo va a pasar bien o no, porque a lo mejor la obra que van a ver es un ñordo... ¿Y qué cara tienes que poner cuando ves a gente ilusionada comprando su entrada y sabes que les estás vendiendo la entrada del ñordo de su vida? Al final eres cómplice de su envenenamiento cultural.

 

Continuación de la entrevista comenzada aquí

 

P.- ¿Iban famosos a tu teatro?

R.- Estoy yo en taquilla y llega un hombre alto y dice «deme 2 entradas a nombre de Ignacio García May», y al mirarle pienso que se parece al dramaturgo… Ya con las entradas en la mano se pone a hablar con Pepe Henríquez, y me doy cuenta de que sí, hostia, es Ignacio García May… Menos mal que no le dije «¡cómo se parece usted al dramaturgo!» Vinieron también, por error, los padres de Bárbara Lennie: «hola, 2 entradas a nombre de Bárbara Lennie». «No, no hay ninguna a nombre de Bárbara Lennie», digo yo. «¿Cómo que no, si es ella la que actúa?» «No, aquí Bárbara Lennie no actúa.» Y ellos: «¿cómo que no? Es en Cuarta Pared, ¿no?» Y les respondo: «Claro, en Cuarta Pared, pero no aquí.» Y entonces les digo: «tienen una hija que es un sol»… Como si fuera yo una abuela de 60 años hablándoles sobre las virtudes de su hija actriz… «Bárbara Lennie, qué portento…»

 

P.- Interesante…

R.- Otro día vino una actriz de la serie Aída. Bueno, no te digo quién, pero… No le habían dejado invitación. Esta señora decía su nombre en taquilla pronunciando cada letra con gran gusto y autobombo, como presumiendo de ser quién era y como considerando que en cada teatro de Madrid, por ser ella quién es, tenía derecho a 2 invitaciones… Se movilizó toda la compañía para buscarle invitaciones porque era ella, una gran actriz que salía en Aída. Luego te das cuenta de que somos nosotros los que endiosamos a esa gente, que además de que ya vienen de casa ‘sobraos’, nosotros les damos invitaciones…

 

P.- ¿ Y algún espectador te pedía tu opinión sobre lo que había en cartel?

R.- Hay un punto de complicidad con el público, porque tú estás ahí con las entradas en la mano, y sabes si la gente se lo va a pasar bien o no, porque a lo mejor la obra que van a ver es un ñordo… ¿Y qué cara tienes que poner cuando ves a gente ilusionada comprando su entrada y sabes que les estás vendiendo la entrada del ñordo de su vida? Al final eres cómplice de su envenenamiento cultural.

 

P.- Podría existir un premio, «el ÑORDO del mes» para tal o cual montaje.

R.- ¡Entonces se llenaría la sala! Si diéramos el premio del ÑORDO del mes a algún montaje de la cartelera madrileña, ¡conseguiríamos llenar la sala!

 

P.- Entonces no es una buena idea.

R.- Cuando el público sale de ver el ÑORDO del mes, te mira con rencor, como diciendo: «hijo de puta, me podrías haber avisado».

 

P.- Y por las obras que les gustaban, ¿te daban las gracias?

R.- Sí, tras las obras buenas, sí. A veces me preguntaban: «¿está bien la obra?» Y yo pensaba: «soy taquillero, pero soy humano, y además no voy a comisión…» Y les respondía: «mire, señora, a mí no me ha gustado nada, pero si usted quiere gastar su dinero aquí, yo no se lo voy a impedir.»

 

P.- ¿Y qué sucede cuando va poco público?

R.- Ahí cambia la cosa… Cuando sólo hay 3 espectadores, se sienten intimidados y piensan que los actores les van a mirar mucho, sienten pudor, tienen miedo. Aún así, a veces los actores quieren hacer la función para esos 3 espectadores…

 

P.- ¿Qué piensas de la situación actual del teatro? ¿Tenemos futuro?

R.- Lo tenemos gris oscuro… Hay cosas muy buenas, pero también hay tanta morralla, que las cosas buenas pasan desapercibidas. De 1 cosa buena hay 100 cosas malas programadas. Hay salas que tienen un repertorio de 20 o 30 obras mensuales en su teatro… ¿Y cómo consigues una buena difusión de alguna de ellas sin que sea a golpe de talonario…?

 

P.- ¿Y cuántas son buenas de esas 20 o 30?

R.- A veces ninguna… Esto no lo saques, ¿eh?

 

P.- No, no, no lo saco (Risas.)

R.- Si una sala se puede mantener con las subvenciones, no hay necesidad de llenarla…  Entonces el único perjudicado realmente es la compañía… Es un problema de algunas salas pequeñas con subvenciones… Bueno, pero no es el único problema… También, como taquillero, he visto críticos que vienen el último día de la función… Pero bueno, ahora me vas a perdonar, que tengo que ir a una prueba…

 

P- ¿Una prueba?

R.- Sí, una prueba, para hacer de taquillero en una obra de teatro…

 

P (ríe escandalosamente).- Antes dime una cosa, por favor. Muéstrame algún objeto que sea importante en tu vida artística, en tu vida como actor o como taquillero…

R.- Voy a pensar… (Piensa.) Mira, lo llevo aquí en la mochila:

 

libreta

 

P.- ¿Qué significa este objeto en tu vida teatral?

R.- Esta libreta me ha acompañado todas las tardes de función, en ella escribía mis ideas para alguna obra o las anécdotas más disparatadas que me ofrecían los espectadores… ¡Ha sido mi confidente de todas las aventuras a las que un taquillero puede hacer frente!

 

@nico_guau

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.