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Mientras tantoEntrevista a Danica Djerić, disidente serbia: “Lo que está sucediendo en Serbia...

Entrevista a Danica Djerić, disidente serbia: “Lo que está sucediendo en Serbia puede ocurrir en otros países”


If You Tolerate This Then Your Children Will Be Next.”
— Manic Street Preachers, 1998.

 

Danica Djerić (Belgrado, 1995) —pronúnciese Danitsa Diérich— reside en París desde hace cinco años, pero llegó a Francia hace más de diez. En Grenoble cursó estudios de civilización hispánica (en la Universidad de Grenoble-Alpes) y de ciencias políticas (en Sciences Po Grenoble). El impecable español que maneja se explica, además de por la inclinación académica, por sus estancias en España y en Colombia, donde ha realizado intercambios universitarios y pasantías. Ahora lleva un par de años trabajando en las oficinas parisinas de una organización humanitaria internacional, donde es oficial de programas para Latinoamérica; y participa en varias asociaciones feministas y en colectivos franceses de apoyo y defensa de los derechos de las personas migrantes.

Danica es también una de las organizadoras de las protestas anticorrupción y de apoyo al movimiento estudiantil serbio en París: desde el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad, que mató a dieciséis personas en noviembre de 2024, la comunidad serbia en la capital francesa se reúne periódicamente frente a la residencia de la Embajada del país balcánico para protestar contra la deriva corrupta y autoritaria del gobierno de Aleksandar Vučić.

Pregunta — Saliste de Serbia hace más de diez años. ¿Por qué viniste a Francia, y cómo ha sido tu trayectoria desde entonces?

Respuesta — Me fui de Serbia a los dieciocho años, al terminar la secundaria; había estudiado en el liceo francés de Belgrado, así que hablaba francés, y conseguí una beca para hacer mis estudios universitarios en Francia. En esa época [2013], tenía muy claro que quería irme del país, como muchos otros jóvenes ya entonces; hoy esa tendencia es mayor si cabe. Vuelvo a Serbia a menudo, pero no he vuelto a vivir allí.

P — ¿Quieres volver a Serbia en algún momento, o pretendes quedarte en Francia?

R — Por ahora hago mi vida en Francia, que se ha convertido en mi segundo hogar, y cuento con seguir aquí en los próximos años. Con todo lo que ha pasado últimamente, muchos serbios en el extranjero se hacen esa pregunta; muchos ya nos lo hemos planteado. Pero los años pasan y para mí como para muchos, volver a Serbia había dejado de ser una opción. En este momento, es normal preguntarte si deberías volver o no, si eres más útil estando dentro o fuera del país. Creo que los que estamos en el extranjero podemos participar y ser útiles de otras formas.

P — ¿Cómo se desarrolla tu compromiso político?

R — Siempre me interesó mucho la política, la sociología, la lucha por los derechos civiles; recuerdo seguir los debates de la Skupština (Asamblea Nacional serbia) estando en el instituto y ver el programa de televisión Utisak Nedelje [“Impresión de la semana”, histórico programa semanal de análisis y comentario político emitido por la emisora independiente B92 hasta su toma de control por capital progubernamental en 2014; el programa se emite en la actualidad en la cadena independiente Nova], con mis padres, los domingos por la noche. Seguí con atención las elecciones presidenciales de 2012, cuando aún estaba en Serbia, pero tenía 17 años y no podía votar. Y ya entonces dije a mis padres que si ganaba el Partido Progresista Serbio [Srpska napredna stranka, SNS, del presidente Aleksandar Vučić], no me quedaría en el país. Y justamente, ganaron las elecciones y yo me fui al año siguiente, en 2013. La victoria del SNS fue una de las razones que me motivaron para pedir una beca y, con ella, irme a estudiar al extranjero.

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Danica no fue la única que se planteó abandonar el país en caso del retorno al gobierno de los herederos de Milošević. Su reflexión me recordó una escena del documental Druga strana svega (en español, “El otro lado de todo”), de la realizadora Mila Turajlić, grabada el día después de las elecciones parlamentarias del 16 de marzo de 2014, en las que el SNS consiguió una abrumadora mayoría en la Skupština. La exasperada reacción de Turajlić, nacida en 1979, suena como un eco de la de Danica y de la de tantos otros serbios agotados de combatir un régimen autoritario, inepto y corrupto que resurge de sus cenizas una y otra vez, con unas siglas o con otras, pero que parece indestructible: “¡Quiero salir de este país! (..) No es posible vivir en este país, mamá… realmente no es posible. Entiendo que era mucho peor en los noventa, y que ahora [en 2014] no estamos siquiera cerca de caer tan bajo. Pero en lo que a mí respecta…” Su madre Srbijanka, destacada intelectual y dirigente de la oposición democrática que consiguió derrocar a Milošević en 2000 —pero fracasó en la consolidación de un régimen pluralista—, asiente comprensiva…

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P — Se habla de una “diáspora”, serbia y de otros países balcánicos y de la antigua Yugoslavia, que sigue diezmando la región. ¿Cómo es esa diáspora serbia, dónde se localiza?

R — Efectivamente, hay mucha gente que se ha ido al extranjero en distintas oleadas. Hay mucha gente en Alemania, que es el país con más serbios de Europa, entre cuatrocientos mil y ochocientos mil serbios… Muchos médicos se fueron a Alemania, que emplea a muchos médicos extranjeros. Lo mismo en Austria: se calcula que hay unos 76000 serbios —con nacionalidad serbia— sólo en Viena, y cien mil más de origen serbio. También en Suiza… En Francia, somos cerca de doscientos mil serbios. Fuera de Europa, hay muchos serbios en Estados Unidos, en Illinois, en Ohio, en Pennsylvania, con comunidades de en torno a doscientos mil serbios en cada Estado; también en Australia y en Canadá hay comunidades apreciables.

Y efectivamente, el país se sigue despoblando: se calcula que cada año, más de 45000 personas abandonan Serbia, lo cual es enorme para un país con menos de 7 millones de habitantes. Ahora es sobre todo migración económica, pero se ha intensificado con la deriva autoritaria del régimen actual.

P — Una vez en Francia, ¿cómo sigues en contacto con la política serbia? ¿Cómo participas en las protestas?

R — Al principio, estaba en una ciudad relativamente pequeña, en Grenoble [156 mil habitantes], y no conocía a muchos serbios allí, así que participaba en movilizaciones sólo cuando regresaba a Serbia, que era muy a menudo. En 2018 participé con mis padres en las manifestaciones “1 od 5 miliona” [“1 de cada 5 millones”, contra la violencia política del régimen], y en todas las que hubo después; aprovechaba cuando estaba en Serbia para hacerlo. Luego, cuando llegó la tragedia en Novi Sad, llevaba un año viendo cómo implicarme más en el activismo en Serbia. A inicios de 2024, antes de todo esto [el derrumbe en Novi Sad], empecé a seguir las acciones del grupo activista, SviĆe, que ya hacía muchas acciones en Serbia. Acciones que tenian menos visibilidad que hoy pero ya eran sumamente importantes. En enero estuve en Belgrado en una de las movilizaciones que organizaron, después de las elecciones de 2023, que el régimen robó. Los activistas reclamaban que el Gobierno publicara la lista de los votantes, que fuera pública la lista de personas que votaron porque ya existían evidencias de fraude electoral. En ese momento empecé a interesarme por lo que hacía este grupo activista: se desplazaban ya entonces de una ciudad a otra, para hablar con la gente, organizaban acciones de desobediencia civil, participaron en las protestas contra Rio Tinto, y de hecho arrestaron entonces a algunos de sus militantes, en agosto de 2024. Querían implicar a la diáspora serbia, y buscábamos maneras para que nosotros [los serbios en el exterior] pudiéramos implicarnos en las movilizaciones. A finales de año, cuando pasó todo esto de Novi Sad, crearon el grupo de SviĆe Dijaspora, y los contacté, para ver qué podíamos hacer desde fuera. En ese momento, muchas otras personas de la diáspora también empezaron a participar en reuniones con este grupo, para ver cómo podíamos organizar protestas desde nuestros países de residencia.

Yo tenía la idea de hacer algo en París, pero no conocía a muchos serbios aquí. Pero existía un grupo de personas aquí que había organizado movilizaciones en París de apoyo a las protestas de 2023, de “Serbia contra la violencia” (Srbija protiv nasilja, SPN, tras las masacres de Vračar); protestas parisinas menos numerosas que las de ahora, pero que ya se hacían. Gracias a la red de SviĆe, entré en contacto con algunos de ellos y me uní a su iniciativa; así es como empezamos a organizar las protestas juntos desde diciembre en París y creamos el colectivo “Pariz 11:52”. Desde entonces, hemos organizado unas veinte protestas aquí y nuestro grupo o colectivo informal ha crecido bastante.

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Danica habla de “activismo” (aktivizam) para referirse a su compromiso cívico y político; evita o maneja con más distancia, y especial precaución, el término de “política”, quizá porque la noción, asociada más bien a la actividad de partidos y en instituciones, está absolutamente desprestigiada en Serbia, especialmente entre los estudiantes y los sectores más exasperados por el autoritarismo y la corrupción del régimen. Los sectores más movilizados y políticamente concienciados en Serbia no quieren que se les confunda con “políticos” — con políticos profesionales, se entiende. Danica menciona SviĆe, un grupo de activistas (“organizanova grupa”, como se define en su página web) que realiza acciones políticas por la democracia y los derechos humanos, y fomenta la conciencia cívica, libre y autónoma a través de diversas iniciativas, sin estar adscritos a ningún partido. El nombre es un juego de palabras en serbio con el término svitanje (“amanecer” o “alba”), “símbolo de la oportunidad perdida a principios de la década de 2000” (tras la caída de Milošević ante la presión de la oposición demócrata y estudiantil), según indican en su web, y la expresión svi će (“todos lo harán”); la organización —grupo o colectivo, pero no partido— está presente en todo el país, aunque está particularmente implantada en Belgrado y en Novi Sad, como la mayoría de grupos de la oposición.

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P — ¿Y cómo os organizáis aquí en París? ¿Cuánta gente se moviliza, qué tipo de acciones hacéis?

R — Nos organizamos a través de este grupo “Pariz 11:52”. Las 11h52 es la hora a la que se derrumbó la marquesina de Novi Sad]. Tenemos un comité de diez personas que nos ocupamos de la organización, que nos reunimos semanalmente y decidimos las iniciativas a llevar a cabo, el lugar de la próxima manifestación, etc. Tenemos una manifestación semanal frente a la residencia de la embajadora de Serbia, en la avenida de Camoens. El número de gente que asiste cambia de una semana a otra; en las primeras convocatorias fue en ascenso, después se estabilizó… En general nos movemos entre las 70 personas y las doscientas o trescientas personas, que ha sido nuestro máximo, coincidiendo con la gran manifestación del 15 de marzo, que fue la mayor protesta en décadas en el país. Aparte, se organizaron muchas personas para ir a Estrasburgo, junto con centenares de personas, para acompañar a los estudiantes serbios que llegaron en bicicleta [el 16 de abril] para entrevistarse con eurodiputados y representantes de las instituciones europeas; se participó en la manifestación parisina del Primero de Mayo junto con estudiantes y ciudadanos turcos y griegos, se hicieron protestas contra Rio Tinto y también contra el proyecto Expo 2027…

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En junio de 2023, la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE, por sus siglas en francés) anunciaba que la Exposición mundial de 2027 sería celebrada en Belgrado. Tras imponerse a candidatas como Málaga (finalista), Minnesota, San Carlos de Bariloche y Phuket, la capital serbia acogerá la Exposición durante tres meses, entre mayo y agosto de 2027. Las protestas que menciona Danica no son tanto contra la Expo en sí, como contra las megalomaníacas operaciones de construcción, renovación y demolición urbanística que el gobierno serbio prevé desarrollar, o está desarrollando ya, en Belgrado con motivo de su celebración. Al abrigo de una legislación de excepción que cortocircuita controles, verificaciones y contrapesos, y con los atropellos y la arbitrariedad, la opacidad, el potencial de corrupción y los estragos medioambientales, sociales y urbanísticos que son habituales, pero a una escala mayor de la acostumbrada.

No son protestas meramente preventivas. En parte, porque serbios y belgradíes ya conocen la forma de actuar del régimen en estas ocasiones (la propia renovación de la estación de trenes de Novi Sad, el Belgrade Waterfront y los proyectos de explotación del litio, sobre los que volveremos más adelante, son buenas muestras). Y en parte, porque algunas de estas operaciones, ya iniciadas, han hecho saltar todas las alarmas: la Academia nacional de las Artes y las Ciencias (SANU), por ejemplo, ha advertido de los riesgos que el proyecto supone para la calidad del abastecimiento de agua de la ciudad.

Las elecciones de 2023 y ‘Serbia contra la violencia’ (SPN)

P — Tu primer contacto con SviĆe fue a raíz de las protestas contra la manipulación electoral de las elecciones parlamentarias de 2023. Has mencionado que el régimen robó aquellas elecciones, que el censo electoral se manipuló. ¿Qué ocurrió en aquellas elecciones?

R — Aquellas fueron unas elecciones anticipadas. El gobierno las adelantó tras, entre otros eventos, la masacre de la escuela Ribnikar, en Belgrado, cuando un niño asesinó a tiros a otros nueve niños, en mayo de 2023. El día siguiente hubo otra masacre, cerca de Mladenovac, en los pueblos de Dubona y Malo Orašje. Ambas masacres causaron una gran conmoción y desencadenaron una oleada de protestas antigubernamentales en todo el país, a la que se incorporaron grupos políticos y partidos, entre mayo y diciembre de 2023. La convergencia de esas protestas dio lugar a la coalición opositora “Serbia contra la violencia” (Srbija protiv nasilja, SPN).

Fue en este contexto que el gobierno adelantó las elecciones legislativas a finales de 2023, el 17 de diciembre. Esa era una de las reivindicaciones de las manifestaciones: la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones anticipadas. En esas elecciones, el gobierno mantuvo la mayoría parlamentaria, pero hubo muchas evidencias de fraude, con gente votando en múltiples ocasiones, personas de la Republika Srpska de Bosnia traída en autobús por el régimen para votar sin tener los requisitos legales para hacerlo, votantes fantasmas [fantomski biraci] registrados en direcciones falsas o ficticias… Hubo verificadores, internacionales pero también locales, por ejemplo de CRTA [Center for Research, Transparency and Accountability, organización de la sociedad civil serbia], que tenía mucha gente desplegada para controlar que las elecciones fueran limpias, y concluyeron que en la mayoría de colegios electorales controlados, la votación y el conteo no había sido ni limpio ni democrático y que no se había cumplido con los estándares de elecciones libres y justas..

En esa época, apareció también la iniciativa cívica ProGlas, que reúne a miembros de la sociedad civil y expertos, no partidos políticos, que tiene mucha importancia.

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ProGlas (en serbio, “prefacio” o “prólogo”) surgió, efectivamente, en noviembre de 2023. En su página web, se puede leer la reflexión que motivó su creación: “Los acontecimientos nos obligan a preguntarnos: ¿qué clase de país somos si apartamos la mirada, si permanecemos silenciosos ante tal explosión del crimen, de la injusticia, de la violencia?”. Son, como indica Danica, un colectivo de intelectuales y profesionales –entre sus iniciadores se cuentan profesores, jueces, académicos, artistas, escritores, periodistas—, sin ambiciones políticas ni proyecto político o ideológico particular, que aspiran a consolidar en Serbia una sociedad civil crítica e independiente, una democracia pluralista y funcional, un Estado de Derecho robusto, y unas instituciones transparentes e igualitarias, resistentes a las pulsiones oligárquicas y autoritarias. Con ese programa de reconstrucción institucional han recorrido más de veinte ciudades del país, y recabado el apoyo de más de 200000 personas. Aunque ProGlas no es y no pretende ser un partido político, su vocación regeneracionista y reformista, el planteamiento de la iniciativa a partir de un grupo de intelectuales comprometidos, y su enfoque liberal y democrático lo acercan a iniciativas como la Agrupación al Servicio de la República fundada en España en febrero de 1931, en la fase terminal de la Restauración, por Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, cuya presentación en sociedad fue presidida, en Segovia, por Antonio Machado. Se diría que en ProGlas podrían hacer suyas las palabras que Ortega dirigía a los españoles en su famoso artículo-manifiesto, publicado en El Sol del 15 de noviembre de 1930: “¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo…!”.

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P — ¿Quiénes eran los observadores internacionales?

R — Observadores del Consejo de Europa [concretamente, de la Asamblea Parlamentaria (PACE)] y de la OSCE. Esas elecciones fueron importantes también porque la oposición se presentó unida; había una coalición de muchos partidos de la oposición para derrocar al régimen de Vučić, y hay que mencionar que en esas elecciones Vučić y sus aliados obtuvieron un poco más del 50% de los votos, según los resultados oficiales. Sabiendo que las elecciones no fueron libres, de haberlo sido me imagino que ya en ese período no habrían podido permanecer en el poder.

P — Dices que las elecciones no han sido libres, que hay grandes presiones para posicionarse al lado del gobierno; mencionabas antes que los trabajadores públicos son presionados para ello… ¿Cuál es el precio de ser disidente en Serbia?

R — Efectivamente, las personas pueden perder su trabajo por participar en las protestas, verse afectadas por chantaje, amenazas. Desde el inicio del movimiento, a muchos activistas y estudiantes los llamaban para intimidarles y convocarles a citas con agentes de la policía secreta serbia [la BIA, Bezbednosno Informativna Agencija, Agencia de Información de Seguridad, heredera de la UDBA yugoslava en Serbia]. Pero la represión de los miembros de la oposición y de los disidentes va mucho más allá. Lo vemos con la situación de muchos activistas hoy, detenidos irregularmente, y cuya liberación pide la última resolución del Parlamento Europeo [el 7 de mayo de 2025]. El 14 de marzo arrestaron a seis activistas, del grupo STAV y del Movimiento de Ciudadanos Libres (Pokret slobodnih građana), en base a unas grabaciones de una reunión privada. Grabaciones que, además, fueron filtradas a tabloides del régimen antes de llegar a la justicia. Eran grabaciones ilegales, pero a pesar de ello las usaron para arrestarlos y acusarlos de “conspiración para subvertir el orden constitucional”, que es un delito muy grave. Por una conversación privada que todos habríamos podido tener, o hemos tenido en estos meses.

Estuvieron más de dos meses en la cárcel y hoy en día siguen bajo arresto domiciliario muy estricto; entre ellos hay una profesora de sociología, Marija Vasić; está Lazar Dinić, estudiante y activista de STAV… hay otros seis que tuvieron que salir del país, al exilio. Hay al menos decenas de presos políticos en Serbia.

P — ¿Hay miedo a disentir en público, a participar públicamente en los movimientos de oposición?

R — Desde luego. Pero hay algo que ha cambiado con estas manifestaciones. Hay miedo, mucho, y no es nuevo. Pero ahora activistas y estudiantes han empezado a hablar de las presiones que reciben; cada vez que los llaman para reuniones no oficiales, de intimidación, con la BIA o con otros servicios de la policía, lo han hecho público. Y eso ha cambiado mucho, ha hecho que alguna gente haya perdido un poco el miedo. Hablo de lo que conozco en ciudades grandes [Belgrado, Novi Sad], pero en ciudades pequeñas y en pueblos, esto es mucho más complicado. Pero, sí, es algo característico; ahora las personas contactadas salen a la luz, hacen público quién los ha contactado y para qué; eso de alguna forma los protege.

El contexto político en Serbia

P — ¿Con qué apoyo cuenta el gobierno actual?

R — Las últimas encuestas que se han hecho estiman que más del 60% de los ciudadanos de Serbia apoya las protestas y bloqueos que siguieron a la caída de la marquesina; el apoyo al gobierno no es mayoritario. Más que nada, Vučić mantiene el apoyo de su partido [el SNS] —yo ni siquiera lo considero un partido político como tal; hay evidencias de criminalidad dentro de esa organización—, de sus aliados políticos, y de una parte de la población que lo apoya también. Pero ellos no son una mayoría; y eso se ve en estas protestas, que han sido masivas.

Muchos empleados han sufrido chantajes y se han visto obligados a asistir a manifestaciones del SNS. Sobre todo, empleados públicos, de centros de salud y servicios de asistencia social. Está documentado: el movimiento Kreni Promeni [“Empezar a cambiar”], por ejemplo, investigó estos casos y publicó una lista de más de 400 instituciones públicas y empresas acusadas de presionar, chantajear y amenazar a sus empleados para que participaran en estas concentraciones.

El gobierno cuenta también con sectores de la población socialmente vulnerables, y muy precarios, que en muchos casos dependen de la asistencia pública, para sobrevivir: es algo que hemos visto en las manifestaciones de “apoyo”, entre comillas, al presidente, que había muchos grupos de este tipo, cautivos, de personas en situaciones muy graves de precariedad, a las que se le paga para asistir a las manifestaciones de apoyo al presidente. Personas discapacitadas, grupos de clase social muy desfavorecida, que vienen en ocasiones de lugares muy aislados de Serbia, fuera de las grandes ciudades, y muchos ancianos, a veces aislados. En muchos casos, los más mayores son también los que no tienen acceso a otros medios de comunicación; la única información que obtienen es la que viene de la televisión pública nacional, la RTS (Radio Televizija Srbije), controlada por el régimen, o de los tabloides.

Danica enarbola una pancarta de “Apoyo a la sociedad civil y a todas las víctimas de violencia del régimen en Serbia”, en una de las manifestaciones convocadas por su grupo en París, en la avenida de Camoens, frente a la residencia de la embajadora serbia.
Danica enarbola una pancarta de “Apoyo a la sociedad civil y a todas las víctimas de violencia del régimen en Serbia”, en una de las manifestaciones convocadas por su grupo en París, en la avenida de Camoens, frente a la residencia de la embajadora serbia.

P — ¿En qué contexto nace y se desarrolla el SNS?

R — Vučić era el ministro de Información durante el régimen de Slobodan Milošević en los años noventa. Venía del Partido Radical Serbio [Srpska radikalna stranka, SRS], un partido ultranacionalista y autoritario, que se sitúa en la extrema derecha, cuya ideología se centraba en la idea de una “Gran Serbia”; y a raíz de las disputas entre el fundador y presidente del SRS, Vojislav Šešelj, y Tomislav Nikolić, éste último fundó —con Vučić— el SNS en 2008. El SNS sigue siendo un partido muy conservador y nacionalista y hay un enorme contraste entre la declaración de compromiso con la adhesión a la Unión Europea y el comportamiento real del SNS.

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Danica apunta hacia la época más siniestra de la militancia política de Vučić, en plena desintegración de Yugoslavia. El 20 de julio de 1995, en la época en la que militaba en el Partido Radical de Šešelj, el joven Vučić, entonces diputado, se hizo famoso en Occidente por reivindicar desde su tribuna parlamentaria el asesinato de civiles “musulmanes” (bosníacos) en Bosnia, diez días después de las masacres de Srebrenica a manos de las milicias serbo-bosnias de Ratko Mladić y Radovan Karadžić: “Que vengan a bombardearnos”, tronó desafiante, “por cada serbio que maten, mataremos a cien musulmanes. Y ya veremos entonces si la comunidad internacional se atreve a atacar las posiciones serbias [serbo-bosnias] y a tratar de esta manera a la nación serbia”. En otra intervención grabada en Glina (actual Croacia), también en 1995, durante la guerra, el entonces dirigente radical desdeñaba la “Yugoslavia del AVNOJ” y prometía a los serbios de la Krajina croata que, bajo el liderazgo de su partido, el SRS, “jamás la Krajina serbia será croata” y vivirían “en una Gran Serbia, en un Estado serbio unificado al que no renunciaremos”.

Unos años después, en 1998, se convertía, efectivamente, en ministro de Información de Milošević, en la época en la que éste llevaba a cabo su programa de limpieza étnica en Kosovo; y lo siguió siendo hasta que el régimen de Milošević cayó ante la presión internacional y la oposición democrática y estudiantil serbia, en el año 2000. Nunca se ha excusado seriamente por las declaraciones ni las decisiones tomadas por él y por su gobierno en aquella época, más allá de expresar, genéricamente, que “todos hemos cometido terribles errores” durante los años noventa, como indicó a la BBC en 2013.

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P — El SNS gana las elecciones presidenciales en 2012, con Tomislav Nikolić, y vuelve a ganar en 2017, que es cuando Aleksandar Vučić se convierte en presidente. En estos cinco años, no hay grandes protestas en Serbia, pero a partir del año 17, ya bajo presidencia de Vučić, se producen las revueltas “1 od 5 miliona” en 2018 y se sigue una serie de protestas después. Entre la primera fase de gobierno SNS, y la segunda fase bajo presidencia de Vučić, ¿cuál es la diferencia para ti?

R — Para mí, Vučić ha sido siempre el mismo. No veo diferencia entre el Vučić de los años noventa, de los años 2012 y el de ahora. Pero sí se ha visto que, con respecto a 2012, la represión va a más y ahora ya se ha convertido en su arma más importante. La represión y la ocupación de todos los medios de comunicación. Cuando él llega al poder, el paisaje mediático no es el mismo que el de hoy. Yo lo veo como una gangrena: la corrupción y la represión se han expandido en todos los sectores de la sociedad; se ha vuelto peor y ha ido más lejos. Sobre todo, con los medios de comunicación. Las instituciones también: se han vuelto cada vez más prisioneras de este régimen. Y él ha ido ocupando con su partido cada vez más espacio en todos los sectores. Quizá por ello –habría que revisar las cifras— somos, por ejemplo, uno de los países con más población afiliada al partido gubernamental.

Creo que lo que más cambia entre 2017 y ahora es esta estrategia mediática, que destruye completamente la integridad de las instituciones y que le da una apariencia de legitimidad a él, a través de esta represión y de la falta de libertad de prensa y de expresión. En 2024, por ejemplo, su foto apareció más de un millar de veces en las portadas de los diarios. Cada año se hacen encuestas, por parte de organizaciones de la sociedad civil, sobre la manipulación en los textos de los periódicos y tabloides pro-régimen. Tabloides que están en todos los quioscos: Informer, Kurir, Alo!, Srpski telegraf, Vecernje novosti, etc. Se han hecho investigaciones para ver cuántos textos manipuladores había en cada uno de ellos: en 2024, casi 400 en Informer, más de 300 en Alo!, más de 279 en Srpski telegraf. Esto es muy importante para entender la diferencia entre el período hasta 2017 y después. Son estudios de la red KRIK, de investigación de criminalidad y corrupción.

P — ¿Y cómo se han capturado los medios de comunicación privados?

R — En Serbia existían algunas cadenas de televisión y periódicos, históricos, prestigiosos e independientes, como por ejemplo Politika, y poco a poco, fueron cambiando de orientación. Para mí, que vivo fuera del país, informarse [a través de los medios clásicos] es casi imposible. Ahora me informo principalmente a través de N1, una televisión privada [accesible por cable, fundada en 2014, e implementada en toda la antigua Yugoslavia, con centros en Belgrado, Zagreb, Ljubljana y Sarajevo], de la televisión Nova [también privada y accesible por cable, fundada en 2019], y a través de las organizaciones de la sociedad civil o de las redes sociales. Yo lo vi gradualmente, que empezaban a desaparecer programas de televisión, que antes eran programas muy críticos; empezaron a desaparecer periodistas de las cadenas, que hacían periodismo de calidad, perdieron su lugar en las cadenas; y estos programas muy a menudo dejaron paso a contenidos de telerealidad.

De hecho, durante las protestas de SPN (Serbia contra la violencia), en 2023, una de las reivindicaciones era el cierre de tabloides y programas de telerrealidad que promueven la violencia. En lugar de esto, fueron desapareciendo también los programas con voces plurales; el presidente habla solo, sin contradictores. Así que desaparece completamente la voz de la oposición, está totalmente ahogada. En una de las campañas que hizo el presidente –esto me marcó mucho—, es como un anuncio, y él sale de la nevera. Para mí es una perfecta metáfora de la estrategia de Vučić: él está por todos lados, en los billboards, en la televisión hablando sólo, en los periódicos. Siempre está allí. Empezó poco a poco, pero ha ido a más. Aparecieron medios nuevos, los tabloides pro-régimen, pero además desaparecieron los medios independientes que existían; como bien dicen desde Reporteros sin Fronteras (RSF), hoy en día en Serbia “el derecho a la propaganda sustituye al derecho a la información”.

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Pensando en el ruido y la polarización de otros panoramas mediáticos (como el español mismo), me digo que esta advertencia de RSF sobre el creciente dominio de la propaganda sobre la información no aplica exclusivamente a Serbia, aunque en el país balcánico el proceso se está produciendo con especial virulencia…

Aleksandar Vučić sale de una nevera, el 1 de abril de 2022, en un programa de la televisión Pink (imagen del CINS).

La escena de la nevera que menciona Danica es una de las intervenciones propagandísticas de Vučić durante la campaña electoral de 2022 (a la vez presidencial y parlamentaria). Tres horas antes del inicio de la jornada de reflexión, el presidente serbio hacía su heterodoxa aparición en un programa de la televisión Pink (privada, pro-régimen), que le permitió cerrar su campaña a lo largo de dos horas de prime time, sin contradicción. El episodio, contrario a la regulación de espacios electorales en el país, ha sido examinado en detalle por el Centro para el Periodismo de Investigación en Serbia (Centar za istrazivacko novinarstvo Srbije, CINS), de cuya web procede la imagen. La captura de los medios de comunicación, públicos y privados, los ataques al pluralismo en el espacio mediático, y la subordinación de la mayor parte de operadores (especialmente en la televisión terrestre, aún dominante) a la agenda propagandística gubernamental, son regularmente denunciados por observadores y analistas internacionales; el informe del Instituto Reuters sobre Información Digital de 2025, por ejemplo, es concluyente al respecto.

Una década jalonada de protestas: #1od5miliona, Rio Tinto, SPN, Novi Sad

P — ¿Cuál es el origen de las protestas actuales y cuál es la relación con otras protestas en Serbia?

R — Todas las protestas desde 2018 han tenido un catalizador. En 2018, fueron los ataques contra un miembro de la oposición democrática, Borko (Borislav) Stefanović [antiguo dirigente del Partido Demócrata, entonces fundador de Izquierda Serbia, Levica Srbije], herido en Kragujevac; a partir de ahí empezaron las protestas [las conocidas como 1 od 5 miliona, “1 de cada 5 millones”]. Esas protestas han sido, hasta la fecha, las que más tiempo duraron en Serbia, más de 400 días. Y estuvieron muy ligadas a la denuncia de la violencia política contra la oposición y el “ahogo” de los medios de comunicación. En enero, habían asesinado a Oliver Ivanović [político opositor serbio de Kosovo, asesinado en Kosovska Mitrovica], y en diciembre de 2018 intentaron matar a un periodista local, Milan Jovanović, en Grocka, cerca de Belgrado. Aparecieron también las primeras prohibiciones de unas exposiciones de un artista, Dušan Petričić, un ilustrador que hacía caricaturas. Hablamos de 2018, y hubo todo el asunto del tráfico de armas… En estas protestas, los ataques y el hostigamiento contra la oposición fueron el detonante, pero en realidad, las razones de fondo eran muy similares a las de hoy. Los estudiantes ya participaron en las protestas de 2018, esto es importante; de hecho, en 2019 ya se produjo alguna forma de blokade. Se publicaron evidencias de que el doctorado del ministro de Finanzas y Economía, Siniša Mali, era falso, y los estudiantes bloquearon el Rectorado para exigir que se le retirara el título [el Senado de la Universidad acabó revocándolo tras el escándalo, aunque el título le acabó siendo restituido por orden judicial]. Empezó como una protesta cívica, en 2018, pero fue retomada por los partidos de la oposición.

P — ¿Y en 2021?

R — En 2021, el detonante fue el proyecto de extracción de litio por parte de la minera Rio Tinto. Ese proyecto desencadenó otras protestas masivas que se extendieron de septiembre de 2021 a febrero de 2022…

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La historia de Rio Tinto y sus proyectos de explotación de litio en Serbia se remonta más atrás de 2021. El gigante minero anglo-australiano (que toma su nombre de las minas de Riotinto-Nerva, en Huelva, cuya venta por parte del gobierno español a finales del siglo XIX dio lugar a la compañía Rio Tinto Company Limited, de capital británico) opera en Serbia desde 2001, cuando abrió en el país su filial Rio Sava Exploration d.o.o. Tres años más tarde, en 2004, como resultado de sus prospecciones geológicas en Serbia occidental, Rio Tinto anunciaba el descubrimiento de la jadarita, un mineral rico en boro y litio (ambas materias primas “críticas”, por su uso en baterías y en aerogeneradores, incluidas en la lista de materias críticas fundamentales de la Unión Europea), así denominado por encontrarse en el entorno del valle del río Jadar. Los yacimientos de jadarita en Serbia (y también en la Bosnia vecina) son cuantiosos, pero los proyectos de explotación de Rio Tinto, respaldados por el gobierno serbio y por la Unión Europea, han topado con la oposición de ecologistas, académicos y poblaciones locales desde que se concretaron, a partir de 2017.

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P — ¿Qué pasó en septiembre de 2021? La jadarita se había descubierto en 2004, y en 2017 se había firmado el Memorando de Entendimiento con Rio Tinto

R — En 2021, la población empezó a movilizarse para rechazar la reforma de la Ley de Referéndum y la nueva Ley de Expropiación. Sobre todo esta última, que permitía facilitar la extracción del litio por parte de las multinacionales mineras y una degradación importante del medioambiente.

El proyecto de Rio Tinto en Serbia pretende extraer litio para fabricar baterías de coches eléctricos para la Unión Europea. Y hay que precisar que los yacimientos de litio se encuentran en una zona agrícola, con tierras fértiles y habitada por unas comunidades que dependen de ella. Aquí hablamos de la región del valle de Jadar, al oeste de Serbia, con una población de más de setenta mil personas en el área de Loznica, y dedicada fundamentalmente a la agricultura; con muchos recursos hídricos y naturales.

La población empezó a manifestarse para oponerse al proyecto minero de Rio Tinto, pero también para exigir una prohibición total de explotación del litio en todo el territorio. Lo importante de estas protestas, además de que fueron masivas, es que movilizaron a la población local y a los agricultores. No sólo activaron a la gente contraria al proyecto en la capital y otras grandes ciudades. Por una parte, podemos decir que estas protestas del 2021-2022 y la presión de la sociedad civil resultaron con una victoria parcial porque el gobierno, oficialmente, suspendió el proyecto. Pero en aquellas movilizaciones, no se aprovechó lo suficiente para impulsar otras reivindicaciones.

Rio Tinto siguió adquiriendo terrenos en la zona del Jadar y, en 2024, a pesar del tenso clima político, Vučić relanzó el proyecto en cooperación con la Unión Europea y firmó un «memorándum sobre materias primas críticas» con Alemania. En julio de 2024, el Tribunal Constitucional serbio autorizó finalmente el proyecto de explotación de la gigante minera Rio Tinto, anulando la decisión anterior de prohibir la explotación de litio en Serbia. Esto provocó una nueva ola de protestas. Y ya entonces empezó la represión gubernamental, con el arresto de manifestantes, por ejemplo. En este tiempo, los activistas ecologistas también han sufrido intimidaciones y amenazas de muerte anónimas.

Ivanka Popović, ingeniera química y antigua rectora de la Universidad de Belgrado, una de las iniciadoras del colectivo de intelectuales ProGlas, interviene en Bruselas para advertir de los riesgos del proyecto de extracción de litio en Jadar, en la conferencia europea sobre tecnologías digitales y políticas públicas (EUDTP 2025).

P — Una de las cosas más chocantes sobre el litio en Jadar ha sido la actitud de responsables políticos europeos, también los ecologistas; sobre todo cuando son conocidos los estragos mediambientales y los riesgos de la explotación proyectada. Franziska Brantner, ecologista y miembro del gobierno federal alemán, decía en una entrevista al Tagezeitung, el 12 de agosto de 2024, que “la extracción de materias primas como el litio siempre tiene un impacto sobre la Naturaleza. […] La cuestión no es si el proyecto extractivo se llevará a cabo o no, sino si lo implementará Rio Tinto con socios europeos, o si lo harán los chinos”.

R — Sí, casi no te dan opción: o dependes de unos o dependes de otros. Como no tenemos un verdadero Estado libre, democrático… Nos han convertido en una especie de nueva colonia con recursos a explotar, y ésta podría ser la condición, tal vez, para acercarse a la Unión Europea.

Esto se ha vuelto a escuchar mucho ahora, que Jadar es uno de los proyectos estratégicos de la Unión, fuera del territorio UE. Pero esto no es lo que dice ni lo que quiere la población serbia. La mayoría de la población serbia dice que no va a ser ninguno de los dos: ni europeos ni chinos van a explotar el litio. Para nosotros esto no es una opción; ese es el sentido del lema “Nećete kopati”, “No cavaréis”. Es un combate actual y transversal: de hecho, la ciudad de Loznica se ha convertido en un ejemplo de convergencia de las luchas entre los estudiantes y los opositores al proyecto de extracción de litio Ne damo Jadar (“No entregamos Jadar”), que multiplican juntos sus acciones en favor del Estado de derecho y la protección de las libertades fundamentales, en particular el derecho de todos a vivir en un entorno sano y equilibrado.

P — El apoyo de la UE al proyecto de explotación de litio, ¿está alejando a la población serbia de la Unión Europea?

R — Hay que tener en cuenta que el ingreso a la UE siempre ha dividido mucho a la población en Serbia, incluso antes de esto. Pero estos proyectos son especialmente decepcionantes para los sectores europeístas de la población, los que defienden los valores europeos, que defienden que Serbia es Europa, está en Europa, y que por tanto quieren ser parte de la Unión. Al final, con estas políticas, se pierde completamente la esperanza en las instituciones comunitarias.

Les aleja no solo que quieran explotar el litio, sino también que la Unión dé la espalda, en la práctica, en Serbia, a los valores que dice representar; el hecho de que la Unión esté casi muda sobre lo que está pasando en Serbia. Esto es particularmente complejo e importante actualmente: los estudiantes han ido a Bruselas, a Estrasburgo, y se dirigen a las instituciones europeas, no tanto porque sean proeuropeos o antieuropeos –no es la cuestión–, sino para llamar la atención de la comunidad internacional sobre la profunda erosión de los valores democráticos en Serbia y porque las instituciones tienen la obligación de escucharles y no hacer como si no existieran. No pueden permanecer mudas y ciegas con todo lo que pasa: “si ustedes [en las instituciones] no quieren ver, entonces nosotros vamos a ir hasta ustedes hasta que nos vean”, ésa es un poco la idea. Me gustó mucho una frase que los estudiantes incluyeron en la carta que leyeron al llegar a Francia: “No conducimos hasta Europa para huir de Serbia, sino para recuperarla”.

El derrumbe de Novi Sad y sus réplicas

P — Comentabas antes que, en los últimos años, Serbia ha vivido zarandeada por protestas todo el tiempo, con distintos detonantes, ya fuera la violencia política contra la oposición, los proyectos de explotación de litio con Rio Tinto, la masacre en Vračar… El detonante de esta última oleada de protestas fue el derrumbamiento de la marquesina de la estación de Novi Sad. ¿Cómo un suceso así ha conducido a una oleada de protestas sostenidas del alcance que tienen, meses después de la tragedia?

R — Las protestas empezaron en Novi Sad, allí se activaron las organizaciones activistas y de la oposición en los primeros días y empezaron las primeras protestas con el símbolo de las manos ensangrentadas. Las primeras manifestaciones en Novi Sad, las hicieron pequeños grupos de la población, gente que venía a rendir homenaje a las víctimas. Fueron semillas que se expandieron por todo el país. Empezó en Novi Sad, luego empezaron en Belgrado estas mismas movilizaciones y protestas en los días siguientes. En los primeros días de noviembre; el derrumbe fue el 1 de noviembre; el día 3 hubo centenares de personas en Belgrado. Un par de días más tarde, el 5 de noviembre, la manifestación de Novi Sad ya sufrió ataques y una fuerte represión, no sólo por parte de la policía, sino también de grupos parapoliciales y asociados al partido gubernamental. Allí hubo las primeras detenciones, especialmente de activistas que ya habían sido detenidos durante las protestas de Rio Tinto, perseguidos por el régimen y señalados por los tabloides progubernamentales en varias ocasiones.

Después de esto, empezaron a expandirse las protestas en Belgrado, y el 15 de noviembre empezaron las acciones de “Zastani, Srbijo” (“Stop, Serbia”), de ProGlas. Dijeron, vamos a parar 15 minutos, un minuto por víctima; a las 11h52, la hora del derrumbe; cada día a las 11h52 se paraban en la calle o donde estuvieran, y hacían sus 15 minutos de silencio. Unos días más tarde, el 22 de noviembre, estudiantes de la Facultad de Artes Dramáticas de Belgrado fueron violentamente agredidos mientras bloqueaban pacíficamente un cruce para guardar quince minutos de silencio. Entre los agresores identificados se encontraban miembros del partido en el poder. Este suceso fue el detonante de las primeras ocupaciones de las universidades (blokade), primero en Belgrado y Novi Sad, antes de extenderse a todo el territorio.

P — A estos agresores, ¿se les encontró, se les detuvo?

R — Incluso cuando los detienen, que es muy, muy raro, luego los dejan salir, porque no hay un sistema judicial que funcione en Serbia; más bien arrestaron a muchos de los manifestantes, activistas, estudiantes e incluso miembros de partidos políticos.

P — ¿Cómo son esas blokades? ¿Son huelgas, se impide entrar en las Universidades, dar clases?

R — Los estudiantes bloquean la Universidad y ocupan los lugares, básicamente viven allí; sí pueden entrar otros estudiantes y también otras personas bajo autorización. Tienen el apoyo de muchos profesores y del mundo académico en general, organizan manifestaciones, reuniones, debates. Así que siguen estudiando, pero de otra forma y organizan también los plenums, grandes asambleas generales donde toman las decisiones y experimentan la democracia directa. Cada facultad tiene su propio plenum, donde se discuten las estrategias de movilización, pero también hay grupos de trabajo que se ocupan de cuestiones específicas (comunicación, comida, coordinación, etc.). En los primeros días acordaron y votaron sus demandas concretas.

P — ¿Cuáles son esas demandas?

R — Al principio había cuatro, luego se agregaron dos más; se pueden consultar en la web de los estudiantes.

La primera es la publicación de todos los documentos relativos a la reconstrucción de la estación, porque, no sé si lo había dicho antes, el derrumbe ocurrió poco después de la reconstrucción de la estación de trenes de Novi Sad, en verano pasado. Se pidió publicar toda la documentación de esa reconstrucción, claramente deficiente. La segunda reivindicación es identificar y arrestar a todos los agresores de los que hablábamos antes, a los miembros de fuerzas parapoliciales que entran en las protestas, agreden, violentan, algunos intentaron atropellar a personas en los 15 minutos de silencio; podemos decir que ha habido tentativas de asesinato. La tercera es abandonar todos los cargos contra manifestantes detenidos durante las protestas; estas son reivindicaciones que empezaron en noviembre. Y la cuarta es que aumentaran un 20% el presupuesto de la enseñanza superior.

Después se han agregado dos demandas adicionales. El 15 de marzo se produjo la manifestación más grande de la historia del país, y hay evidencias de que el gobierno utilizó un cañón de sonido, que es un arma prohibida, contra los manifestantes; entonces los estudiantes exigieron una investigación sobre el uso de esta arma. Y agregaron una sexta, tras la tragedia en enero en Macedonia [del Norte], en la discoteca en Kočani; ahí hubo personas heridas que fueron hospitalizadas en Serbia, y Vučić entró en la UCI con periodistas para ir a verlos y hacer propaganda, lo que fue una falta deontológica y del código médico, además de una falta de respeto hacia los pacientes y el personal sanitario. Por ello, los estudiantes agregaron una exigencia de responsabilidad y respeto hacia los pacientes, que evite este tipo de abusos.

P — ¿Qué tiene que ver la subida del presupuesto universitario con el resto de reivindicaciones?

R — Yo creo que es una reivindicación complementaria a todo lo demás; en Serbia el dinero público se emplea fundamentalmente para servir a los intereses del partido gobernante y si queremos una sociedad más democrática e igualitaria, entonces necesitamos invertir más en los servicios públicos. Podría haber sido aumentar el presupuesto de la sanidad, de los hospitales, las necesidades están por todos lados en realidad, pero al ser una protesta de los estudiantes, agregaron una especificidad de los estudiantes. Es perfectamente entendible sabiendo que las condiciones de estudio son malas (en algunas universidades se caen los techos), que no se dedican fondos suficientes para la educación; que los salarios de los profesores son bajos y que la presión sobre la Universidad y el deterioro de su autonomía son cada vez más importantes.

P — Ha habido también algunos cambios de gobierno. Unos días después del accidente, dimitió el ministro de Construcciones, y hace unas semanas, dimitió el primer ministro, antiguo alcalde de Novi Sad. ¿Hay algún cambio positivo con este nuevo gobierno?

R — No, los cambios son pura propaganda. Que tuviera que dimitir fue una señal de que la presión de la movilización de los estudiantes funciona, pero no es lo que exigían, esto no fue una de sus reivindicaciones. Me acuerdo de que cuando salió la noticia, algunos amigos y conocidos en Francia me felicitaban como si fuera una asunción de responsabilidades, pero no, es una farsa. Vučić sacrificó al primer ministro [Miloš Vučević] pensando que eso cambiaría algo, pero los estudiantes y los ciudadanos serbios son mucho más inteligentes que él y no se dejaron engañar. Así que ese gobierno cambió, pero se mantiene Vučić, que es quien los nombra mientras que Vučević también sigue muy activo en el partido; además, el nuevo gobierno que Vučić eligió es un gobierno de venganza. Hay un ministro que ha quemado en público la bandera europea: el ministro de Información, Boris Bratina, profesor de la Facultad de Filosofía de Priština. El ministro de Educación, Dejan Vuk Stanković, está acusado de abusos sexuales… el primer ministro, Đuro Macut, que no sabría decir cómo ha llegado ahí, es un profesor bastante conocido de medicina, endocrinólogo; hay algunas especulaciones sobre compras de casas… En fin, estos cambios gubernamentales son todo propaganda; mientras este partido [el SNS] permanezca en el poder, el cumplimiento de las reivindicaciones de los estudiantes y la lucha por un Estado de Derecho será imposible.

P — ¿No ha habido ningún debate en el interior del SNS o de la coalición gubernamental, ninguna tentativa de aproximación a los estudiantes?

R — Lo que ha habido es más bien tentativas de hacerlos callar, detenciones y represión. Estamos hablando de un régimen autoritario cuyo objetivo no es dialogar sino reprimir. Y como bien dicen los estudiantes hablando del presidente, “Nisi nadležan”: “no eres competente” y “no te corresponde”. No van a dialogar con una persona que no tiene ninguna legitimidad en el poder.

De hecho, los estudiantes se han distanciado de todos los partidos políticos, incluso de los partidos tradicionales de la oposición. Ésta es una de las principales diferencias con protestas anteriores, del año 18, del 21, del 23; las protestas de hoy no son de los políticos; son de los ciudadanos, de los estudiantes y del conjunto de los ciudadanos, y una gran parte de ellos está muy decepcionada por algunos partidos y figuras de la oposición de Serbia desde hace muchos años.

Por eso quieren que las protestas permanezcan independientes de los partidos. La sociedad civil se ha movilizado mucho más que antes, y los políticos [de la oposición] se unen y participan como ciudadanos. Cuando han hecho manifestaciones y protestas, algunos políticos han participado, sobre todo en Novi Sad donde muchos miembros de la oposición local se han juntado a las protestas y los bloqueos y a muchos los arrestaron, pero no ha pasado como en 2018, que tomaron el lead de las protestas.

Los estudiantes votaron la semana pasada [el 5 de mayo] que querían elecciones anticipadas, porque creen que ahora con toda esta gente que se movilizó, manipular las elecciones sería mucho más complicado de lo que fue en años anteriores, y no quieren que se presenten los partidos de la oposición actual. Van a apoyar a una lista que represente sus causas y sus combates, pero una lista cívica. Y la oposición ha reaccionado favorablemente. Muchos partidos de la oposición apoyan la iniciativa; algunos hablaron de ceder los espacios y recursos electorales que tienen.

P — ¿Cuál ha sido el fracaso de los partidos de la oposición? ¿Qué ha ocurrido con ellos?

R — En los últimos años pasaron varias cosas. La gente perdió la confianza en la oposición porque siempre fracasaban, primero, en unirse; cada uno quería ir por su cuenta, y esto ya fue algo que hizo que la gente perdiera la confianza. También por la falta de coherencia entre lo que decían y hacían, la pérdida de credibilidad. En ciertas ocasiones, algunos partidos decían que no participarían en unas elecciones que no eran libres, pero terminaron cambiando de opinión y presentándose. Como votantes, nos sentimos confundidos: no queremos votar, pero al final quizás no nos quede otra opción. En otras, algunos líderes de la oposición terminaron dialogando con el mismo gobierno al que acusaban de manipular las elecciones. Eso muestra una gran incoherencia: no puedes denunciar un robo y luego sentarte a negociar con el ladrón. Además, siempre vemos a las mismas personas; llevamos años con las mismas personalidades políticas. En fin, diría que los mayores fracasos han sido la falta de unidad, la incapacidad para unirse en torno a un objetivo común y superar los egos personales, el incumplimiento de los compromisos y la falta de creatividad y de actividades para llegar a cada ciudadano.

Creo que el hecho de que el movimiento estudiantil ha mantenido su independencia de cualquier partido político es una gran fuerza del movimiento. No tienen un líder; todo se decide en plenum, en asamblea general, y no hay una persona que se desmarque de las demás, porque conociendo el panorama de los medios de comunicación, esto ya sería un fracaso; esa persona se convertiría en el objetivo a abatir (“cible”) del Gobierno. Al no estar afiliados a ningún partido, al dejar claro que no son ni de unos ni de otros, han reforzado la cohesión del movimiento de estudiantes.

P — Esta desafección que describes de la política se observa en todos los países europeos u occidentales. A tu juicio, ¿es el mismo fenómeno en Serbia, es el mismo fenómeno con especificidades locales, o es otra cosa?

R — Ésta ha sido un poco la sorpresa de estas protestas. Aunque anteriormente hubo otras protestas, que mencionaba antes, y aunque los estudiantes participaron en muchas de ellas, desde 2018, se tenía un poco esta idea de que los estudiantes y los jóvenes son apolíticos, de que no les interesa la política institucional.

Las protestas actuales muestran exactamente lo contrario: que están muy comprometidos e implicados en la política del país. No a través de un partido político concreto; pero toda su actividad es esencialmente política. No están en un limbo apolítico; hacen una política diferente. Y creo que eso es específico, comparado con otros países europeos. Esta desconfianza hacia algunas figuras políticas, eso existe en otros países; pero nosotros sabemos que no tenemos las condiciones para tener un ejercicio de la vida política como debería ser. Pero es complicado interesarse por los partidos políticos en Serbia, cuando ya te han traicionado, o no tienen voz pública, o no existe un ambiente público en el que puedan evolucionar. Los serbios no se sienten representados por la clase política, por el conjunto de la clase política, en una medida bastante más severa que en Francia o en España. Yo creo que se han sentido mucho más representados por los estudiantes y por sus reivindicaciones, que por estos políticos. Creo que los franceses tienen una mayor vinculación con los distintos partidos, aún se implican políticamente y en las organizaciones, reparten octavillas, participan en asambleas y en reuniones, en universidades de verano. En Europa occidental hay también una sociedad civil cada vez más autónoma de los partidos, pero hay aún mucha gente vinculada [a ellos]; se ve menos desafección hacia los partidos que en Serbia.

Democracia y autogestión: plenums y zborovi

P — Has mencionado los plenums, como órgano de decisión colectiva de los estudiantes; se oye hablar también, en relación con los mecanismos de auto-organización popular durante las protestas, del zbor (traducido literalmente, “coro”, pl. zborovi). ¿Qué son y cómo funcionan unos y otros?

R — Los plenums son grandes asambleas generales, de estudiantes, que votan sobre ciertos temas; al principio de cada reunión se vota de qué se va a discutir; y luego votan, sobre los puntos del orden del día, qué aspectos van a decidir; las decisiones se publican posteriormente. Es una institución que emerge en las Universidades en estas protestas de forma relativamente espontánea. Hay un plenum por facultad; en Belgrado, hay uno para la Facultad de Artes Dramáticas, otro para la Facultad de Filosofía, etc. Después tienen discusiones entre todos. Por ejemplo, ahora han empezado a votar, plenum por plenum, la exigencia de elecciones anticipadas, y después ha salido en la cuenta de Instagram y en la página Studentske blokade (“Bloqueos estudiantes”), que sirve de órgano del Plenum general.

Los zborovi son diferentes, no son una institución específica de los estudiantes. Son una forma de democracia directa, donde las personas se van a organizar en su barrio, en su localidad, y discuten sobre ciertos temas, votan sobre ciertos temas. La dinámica es similar a la de los plenums, pero son una institución cívica y democrática local, no limitada a los estudiantes; están abiertos a todos los ciudadanos. En algún momento de las protestas, los estudiantes hicieron un llamamiento a los ciudadanos para que se organizaran como ellos, en una especie de asamblea popular; eso es lo que es el zbor. La figura de zbor ya existía, como órgano previsto en la ley, con un cierto valor jurídico, aunque los zborovi no son realmente funcionales.

Ahora, la idea es que en todas las esferas de la sociedad, la gente se organice en zborovi y decida sobre cualquier tema que les afecte. A raíz de las protestas, se está extendiendo en Belgrado, en los distintos barrios de la capital, pero también en el resto del país, incluso en zonas rurales, en localidades muy pequeñas. Es una forma de lucha y de ejercicio de democracia directa.

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Los estudiantes, efectivamente, impulsan la organización de zborovi como forma de complementar los plenums, movilizar y articular a la población comprometida más allá de las Universidades, en los barrios, en los pueblos. “Lo que es el plenum para los estudiantes, es el zbor para el pueblo”, resumen los estudiantes.

En la antigua Yugoslavia socialista existían las llamadas mesne zajednice (MZs, “comunidades locales”), reconocidas e institucionalizadas en la Constitución federal de 1963, y reforzadas sobre el papel en la Constitución de 1974 –la última de la federación balcánica—, como instituciones de socialización, autogobierno y autogestión (samouprava) local. Inicialmente concebidas como un foro de expresión y deliberación ciudadana en los lugares de residencia (los barrios, los vecindarios, los bloques de pisos), y posteriormente integradas en el proceso de toma de decisiones locales, las MZs trataban en principio los asuntos de “interés común” más directamente ligados a la vida comunal: la higiene, el entorno ambiental, la seguridad y la planificación urbana, la cultura, la vivienda, los servicios comunales y la asistencia social. Su vitalidad decayó a lo largo de los años ochenta, a medida que se agudizaba la crisis del país; en la práctica, su autonomía ya era muy limitada antes de la desintegración de la federación balcánica. La figura y la noción de autogestión local pervive nominalmente en las leyes, no sólo en Serbia, sino también en otros países posyugoslavos; su eficacia práctica bajo los nuevos regímenes ha sido, sin embargo, escasa o nula. Los zborovi que describe Danica no son, en ese sentido, herederos de un modelo institucional de autogestión “desde arriba”, delimitado y de difícil encaje práctico en cualquier régimen autoritario, que además quedó sepultado con la crisis y el fracaso de la antigua Yugoslavia, y osificado en una legislación largamente testimonial en los países sucesores. Pero sí retoman un ideal de democracia directa, emancipación, autogobierno y autogestión de alcance universal y europeo, en el que se han formado durante décadas generaciones de yugoslavos.

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P — ¿Qué futuro ves a los plenums, te parecen un sistema sostenible de toma de decisiones, a medio-largo plazo? ¿O es simplemente útil para las protestas, pero tendrá que dar paso a otra cosa?

R — Si me hubieras hecho la misma pregunta hace un par de meses, no habría sabido qué contestar. Pero ahora, puedo decir que este modelo [de plenums] ha dado más resultados que un funcionamiento más convencional, centralizado. No sé si es sostenible, porque los bloqueos no se van a mantener indefinidamente, pero sí creo que es un mecanismo inspirador, también para otros países y movimientos, para ver qué ha funcionado y por qué. Que una comunidad o un país funcione únicamente así, en un contexto en el que todos los demás funcionan de otra manera, es bastante complicado: estamos todos muy vinculados. Más bien es algo que debería replicarse y reinventarse también en otros países y en otros contextos. Es una experiencia sobre la que aprender.

Sí creo que a medio plazo abre pistas de democracia directa que podrían explorarse en otros lugares, que igual se pueden combinar con otras instituciones funcionales, con vistas a convertirse en algo más estable y a más largo plazo. Pero para eso hacen falta más experiencias en otros contextos. Habría que ver, por ejemplo, cómo funcionaría esto bajo otro régimen. En Serbia la gente se ha unido contra un adversario común, que es este gobierno, y un objetivo común, que es hacerlo caer y que lo reemplacen unas instituciones libres y un Estado de Derecho funcional, que es algo que no tenemos hoy. Los plenums son la única posibilidad actual para avanzar hacia estos objetivos, pero habría que ver si en otro contexto, estas instituciones autogestionarias seguirían siendo útiles, si funcionarían también o si no.

Yo espero que este modo de funcionamiento perdure en alguna forma, aunque se reinvente a medio plazo. Es algo que ha permitido a mucha gente darse cuenta del poder que tiene, de que su voz importa, de la fuerza de la sociedad civil. Y ahora saben que puede funcionar. Pero es algo que tiene que replicarse en otros contextos, para ver cómo adaptarlo a cada situación.

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Danica apunta aquí a una dificultad recurrente de los momentos autogestionarios a lo largo de la Historia: suelen ver la luz, como forma espontánea de organización, en momentos de crisis severa, ante el derrumbamiento o el descrédito de los cauces tradicionales de representación y decisión colectiva, pero tienen dificultades para sostenerse y reproducirse a largo plazo. Duran lo que duran las condiciones de excepcionalidad o urgencia objetiva, indiscutible, como un vacío de poder, una amenaza exterior inmediata o la necesidad de hacer frente a un régimen que se ha vuelto particularmente insoportable, ante los desacuerdos no se desvanecen, pero sí se aplazan sin necesidad de mayor discusión.

En ese sentido, la mezcla de plenums estudiantes y zborovi que emergen espontáneamente al calor de las protestas anticorrupción y antigubernamentales recuerdan a la “república de los consejos” ciudadanos (“obreros y estudiantes”, en la terminología de otra época) que emergió fugazmente en Alemania tras el hundimiento del régimen imperial, en 1918, antes de dar paso a la república de Weimar, y que Hannah Arendt consideraba el legado democrático más prometedor del período. O algunas experiencias autogestionarias y anarquistas vividas durante la guerra civil española, en un contexto marcado por el contexto bélico y la incapacidad de las instituciones republicanas para operar en buena parte de su territorio. Otras tentativas de democracia horizontal y autogestión más recientes, pero de alcance mucho más limitado y carácter más efímero, han sido Occupy Wall Street en Nueva York o el más amplio movimiento 15-M en toda España, en 2011, o las protestas de Nuit Debout en la plaza République de París, el año 2016.

Legado y proyección nacional, balcánica y europea de las protestas

A principios de abril, ochenta estudiantes serbios iniciaron una marcha en bicicleta, el llamado “Tour de Estrasburgo” (Tura do Strazbura), desde Novi Sad hasta la capital europea —una de las sedes del Parlamento Europeo—: en doce días recorrieron Subotica, Budapest, Viena, Linz, Munich, y el 15 de abril llegaron a la place Kléber de Estrasburgo. Ha habido otras iniciativas dirigidas a las instituciones y a la opinión pública de la Unión Europea: a finales de enero se hacía pública una carta abierta a los principales dirigentes de la Comisión Europea denunciando la pasividad comunitaria y reclamando una posición más activa en defensa de los valores cívicos y democráticos amenazados por el gobierno serbio.

P — Una de las acciones en las que vuestro grupo ha colaborado fue la marcha ciclista de estudiantes hasta Estrasburgo; una parte de la comunidad serbia en París y de vuestro grupo se desplazó a Estraburgo para apoyar a los estudiantes. ¿Qué exigen, esperan o reclaman los estudiantes, y más en general los demócratas serbios, de la Unión Europea?

R — Se le pide que deje de estar muda, y ciega, ante la crisis democrática en Serbia. Se espera que deje de ignorar las protestas, y que apoye más claramente al movimiento de los estudiantes, porque si de verdad la Unión Europea se cree los valores que llama “europeos”, de democracia, pluralismo, libertad y Estado de Derecho, no debería hacer la vista gorda a un movimiento que está defendiendo en la práctica esos valores en Serbia, frente a un gobierno autoritario. Para mí fue, por ejemplo, muy indignante ver que, al mismo tiempo que los estudiantes se dirigían en bicicleta a Estrasburgo, Emmanuel Macron recibía en París, en el Elíseo, al autócrata Vučić… [en París, el 9 de abril]. Ese tipo de gestos contribuye a generar una mayor desconfianza en la sociedad serbia hacia la Unión Europea.

Algunos eurodiputados han apoyado a los estudiantes desde el principio, en particular Gordan Bosanac, de Croacia [de Možemo!, partido verde integrado en el grupo de Los Verdes/ALE], e Irena Joveva, de Eslovenia [del partido centrista LMŠ, integrado en Renew Europe]. Otros mandatarios han mostrado su apoyo, como la antigua alcaldesa de Estrasburgo, Fabienne Keller [de la antigua UMP]; la adjunta a la actual alcaldesa, Floriane Varieras [ecologista], que tuvo una intervención muy emocionante de bienvenida a los estudiantes. Y hay que mencionar al eurodiputado Tonino Picula [croata, del grupo socialdemócrata], rapporteur (ponente) permanente para Serbia del Parlamento Europeo. Justamente ayer [7 de mayo] se votó una resolución relativa a Serbia; habría que ver todo lo que contiene, pero entre otras cosas, incluye la exigencia de liberar a los activistas encarcelados en Serbia. Lo mínimo que se puede esperar es que se condene al régimen de Vučić y sus violaciones de los derechos humanos y que no se siga colaborando con ese régimen.

Concentración de “Pariz 11:52” en la avenida de Camoens, ante la residencia de la Embajada serbia en París, en vísperas del desplazamiento a Estrasburgo, para apoyar a los estudiantes serbios en bicicleta.

P — ¿Cuál es la aportación más relevante, a tu juicio, de este ciclo de protestas en Serbia?

R — La victoria más grande para mí de estas protestas es lo que han hecho para cambiar, la imagen de nosotros mismos, como país. No sólo en el exterior, también para nosotros mismos. Después de años de apatía, recuperar y retomar valores como la solidaridad, la lucha contra el odio, la convivencia entre diferentes etnias [culturas]… No sé si viste imágenes de Novi Pazar, donde tras treinta años de retraimiento, los musulmanes [bosníacos] de Serbia se implicaban en la vida política del país, decían que por primera vez, se sentían parte de este país; han sido imágenes en una dirección contraria a lo que solemos ver y escuchar.

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Dos estudiantes serbias musulmanas de Novi Pazar a su llegada a Novi Sad, tras recorrer 400 km a pie, con los regalos de agradecimiento de los ciudadanos de Novi Sad.
Dos estudiantes serbias musulmanas de Novi Pazar a su llegada a Novi Sad, tras recorrer 400 km a pie, con los regalos de agradecimiento de los ciudadanos de Novi Sad. (Foto cortesía de Tara Mirković, reproducida con autorización.)

Novi Pazar (“Mercado nuevo”) es la principal ciudad serbia de mayoría musulmana (bosníaca), con 75k habitantes; capital de la región del Sandžak. Situado al sureste, tocando con Bosnia, Montenegro y Kosovo, el Sandžak serbio (del turco sandjak o sancak سنجاق, literalmente “bandera”, división administrativa del imperio otomano) es una de las regiones más pobres y aisladas del país. La ciudad, que es un importante punto de contrabando y de tráfico de armas y drogas, carece de aeropuerto y de tren. Pero desde 2002, Novi Pazar cuenta con una Universidad privada, la Universidad de Novi Pazar; y desde 2006, también con una Universidad Estatal, pública (Državni Univerzitet u Novom Pazaru, DUNP); ambos centros suman más de 2000 estudiantes universitarios. Las imágenes de Novi Pazar que menciona Danica aquí (algunas de ellas se pueden ver en la cuenta Instagram de la fotógrafa Andjela Radojičić, o de la periodista Tara Mirković) se refieren a la llegada a la ciudad, de estudiantes procedentes de otras ciudades del país, a mediados de abril (o a la inversa, a la llegada de estudiantes musulmanes a otras ciudades del país), y a las manifestaciones e iniciativas estudiantiles conjuntas. Los estudiantes procedentes del resto de Serbia fueron calurosamente acogidos por los estudiantes locales y sus familias, mayoritariamente bosníacas. Las imágenes de confraternización de estudiantes y manifestantes de cultura musulmana y ortodoxa con motivo de las protestas anticorrupción resultan particularmente emotivas, en una zona cuya población musulmana ha sido atacada, marginada y considerada “sospechosa” por los sucesivos gobiernos nacionalistas en Belgrado, especialmente durante y tras la desintegración yugoslava.

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P — ¿Puedes explicar eso un poco más?

R — En Serbia llevamos años escuchando discursos de odio, queriéndonos dividir después de la guerra, y en ese sentido no ha habido un proceso de reconciliación o de memoria colectiva como debería; entre algunos sectores de la población todavía se puede escuchar que no hubo genocidio [en Bosnia contra bosníacos-musulmanes]. Todavía no se ha hecho todo ese trabajo; las distintas comunidades [musulmana, serbia-ortodoxa], después de las guerras, han seguido viviendo replegadas, aisladas, pero sin luchar juntos en una causa común. Y ahora ves personas trabajando juntas por su país, para que algo cambie en Serbia.

El hecho de que los estudiantes se hayan ido desplazando de una ciudad a otra, por todo el país, y que eligieran ir a una ciudad como Novi Pazar, es muy importante también; no es solo Belgrado y Novi Sad, han ido a Niš, a Kragujevac [cerca de 200k habitantes cada una], a Novi Pazar. Personas de ciudades diferentes se han encontrado en un mismo espacio. Con todo esto que pasó, con las escenas de confraternización, con los abrazos… todo fue muy emocionante y los mensajes que se enviaron a la población, muy fuertes. Cuando los estudiantes [serbios musulmanes] de Novi Pazar fueron a Niš, fue en pleno Ramadán –es decir, en pleno ayuno–, y en Niš les prepararon la comida al final del día, para el iftar [ruptura de ayuno], les buscaron un lugar para rezar, etc. Y en Novi Pazar, algunos padres, al recibir a los estudiantes de Niš justo antes de Pascuas [ortodoxas], correspondieron al gesto afanándose a prepararles burek [empanada o pastel de origen otomano, muy común en los Balcanes], pero sin queso [durante la Pascua ortodoxa, es tradición evitar los alimentos de origen animal, incluidos los lácteos] para que pudieran comerlo, “para acogerlos”, decían, “de la misma forma que ellos acogieron a nuestros hijos durante el Ramadán”. Fue importante ver que las nuevas generaciones rechazan los discursos de odio que se han propagado en todos estos años, y es uno de los mensajes en los que más se ha incidido durante las protestas: ellos siempre han intentado dividirnos, y por eso funcionó la guerra; los que entonces estaban en el poder, que son los mismos que ahora [el SNS y el SPS], para evitar que nos uniéramos contra ellos. El ejemplo de Novi Pazar muestra que otra realidad y otra dinámica diferente son posibles.

P — ¿Te parece entonces que el movimiento estudiantil está permitiendo abordar las cuestiones de reconciliación interétnica?

R — Sí, me parece que sí. Es uno de los resultados positivos de este ciclo de protestas; su apuesta durante estos meses por los valores de apoyo, solidaridad, de luchar por los derechos de todos, de no aceptar lo injustificable, no aceptar la desigualdad; cuando intentaron dividirlos, hicieron declaraciones públicas, vinieron a decir que todos estaban la misma lucha juntos, independientemente de quiénes fueran.

P — Hablando con amigos bosnios, preguntando si había allí algún eco del movimiento estudiantil o ecologista, me decían que allí no había nada, que el activismo estaba totalmente desarticulado, reducido a escombros.

R — Creo que sí hay grupos que se están formando poco a poco, tal vez no es tan visible todavía todo lo que hacen… Yo sigo en Instagram al grupo de activistas ecologistas Karton revolucija [“Revolución de cartón”, fundado en Tuzla en 2020], que utiliza las redes sociales para aumentar la conciencia sobre los problemas sociales y ecológicos, critican a la situación social y política en su país, se dirigen mucho a los jóvenes (pero no solo a ellos) y de hecho han estado colaborando con activistas ecologistas de Serbia también porque nuestra lucha contra los proyectos de minería y extracción de litio es común. No hay que olvidar que el río Drina [frontera natural entre Bosnia y Serbia] afecta a ambos países. También, creo que si hubieras hecho la misma pregunta a un serbio hace unos años, tal vez te hubiera dicho lo mismo. Algunos activistas en Serbia también iban a de una ciudad a otra en Serbia, hace un año o un año y medio, haciendo exactamente lo que hacen los estudiantes; pero entonces no tenían mayor visibilidad. Ahora los estudiantes han conseguido llevarlo a otro nivel. Pero el hecho de que los esfuerzos no se vean tanto no significa que no estén ocurriendo y no se esté empujando hasta que pase algo.

* * *

En otoño de 2023, la compañía minera Arcore AG anunciaba la próxima explotación de un vasto yacimiento de materias críticas (litio, magnesio y boro) en la región agrícola bosnia de Lopare, en Srpska, cerca de la frontera con Serbia y a menos de 30 km de Loznica: esa es una de las motivaciones de la “lucha común” a ambos lados del Drina, entre serbios y bosnios, a la que alude Danica. Los miedos de la población local bosnia a la contaminación de las aguas y la polución ambiental, los intereses de las mineras (en este caso, la suiza Arcore AG y la canadiense Rock Tech Lithium) y la disposición de las autoridades (en este caso, el hombre fuerte de Srpska, el ultranacionalista serbo-bosnio Milorad Dodik) a reprimir las protestas y facilitar por todos los medios la controvertida explotación, son similares a los que se viven al otro lado de la frontera. “Jedan svet, jedna borba” (un mismo mundo, una misma lucha), como corean los estudiantes serbios y quienes se solidarizan con ellos y con su combate en todo el espacio balcánico.

* * *

P — Las protestas de los estudiantes son, por diversas razones, ejemplares e inspiradoras, y muestran una vitalidad y una exigencia que a veces es más difícil de encontrar en otros países, en España, pero también en Francia. Y como decías, unas cosas y otras, unos contextos y otros están cada vez más integrados. ¿Cómo se puede participar desde otros países en las causas que estáis defendiendo? ¿Qué te gustaría ver emerger a nivel europeo?

R — A mí me gustaría ver una convergencia de muchos de estos movimientos, en distintos países. Creo que hay algo que se repite en muchos de ellos, desde Turquía hasta Grecia: que nos manifestamos en defensa del Estado de Derecho. Y veo cosas como los proyectos de explotación minera de Rio Tinto, que plantean problemas que no son solo serbios. Hay algunas cosas muy específicas de las protestas en Serbia, desde luego; pero hay causas muy afines en lugares muy distintos: el combate contra el extractivismo y por un medio ambiente habitable, las luchas contra la corrupción, por la justicia social y el medio ambiente… esto es común en muchos otros países.

Nos damos cuenta de que hemos sido capaces de organizarnos en torno a algunos puntos específicos; y ahora el reto es ver cómo nos abrimos a otros temas, y cómo nos relacionamos con la sociedad civil, aquí en Francia, en Europa occidental. No se trata tan sólo de lo que esperamos de las demás sociedades civiles europeas; también tenemos que hacer un esfuerzo por nuestro lado, tenemos que acercarnos a otros movimientos que luchan en otros sitios.

P — ¿Cómo encaja esta aspiración o este programa con el contexto geopolítico actual?

R — Mm… (reflexiona unos instantes). Por un lado, lo que ha pasado y está pasando en Serbia es lo que también podría pasar en otros países. Lo que vemos con los medios de comunicación en Serbia es muy peligroso; la propaganda por una parte y las estrategias de neutralización de los medios independientes por otra, son muy graves… Y si miramos con más atención alrededor, vemos que la libertad de prensa sufre retrocesos en muchas regiones del mundo. En la Clasificación RSF de 2025, por ejemplo, se indica por vez primera que la situación de la libertad de prensa se ha vuelto “difícil” a escala mundial. Por esto, incluso aquí en Francia, me parece sumamente importante seguir defendiendo los medios de comunicación libres y plurales. Por ejemplo, los procesos de concentración mediática en torno a Vincent Bolloré [actual propietario de Vivendi, entre otras cosas accionista de Prisa, editora de El País], me parecen muy preocupantes y no hay que tomarlos a la ligera.

Por otro lado, en lo que respecta a la sociedad civil, la principal lección que yo sacaría es que, incluso con un régimen como el de Vučić, los estudiantes han logrado organizarse. Ha tomado mucho tiempo, pero han logrado organizarse, hacer que su voz se escuche, y proponer una nueva alternativa. Es una razón para ser optimistas: aunque en el mundo pasen cosas horribles, aunque esté dirigido por unos Trump, Putin, Netanyahu, etc.; hay esperanza de que la sociedad civil y los ciudadanos se puedan organizar y resistir ante ellos. Este sería el mensaje: que es posible y necesario resistir y defender las instituciones, que ahora más que nunca hay que resistir ante los asaltos del fascismo.

No sé si es porque yo estoy muy metida en varias organizaciones militantes o activistas, pero me parece que estos últimos años, aunque se vean estos poderes autoritarios y estos ataques al Estado de Derecho y a las libertades en muchas partes del mundo, veo que la gente se organiza también cada vez más y que las protestas son más masivas, que hay más acciones de desobediencia civil… Este es otro aspecto en el que las movilizaciones en Serbia podrían servir como ejemplo, para ver qué estrategias han funcionado, y cómo la desobediencia civil se podría emplear en otros lugares con problemáticas parecidas.

Vivir libremente: la banda sonora de las protestas

“Si no puedo bailar, no es mi revolución”
— atribuido a Emma Goldman (1869-1940).

P — Esa esperanza y ese optimismo son perceptibles en las propias protestas; en muchos lemas, pero también en la música que acompaña muchas movilizaciones. Entre las canciones que se escuchan, ya sea en los vídeos o en directo, es recurrente una canción de 1985, Za milion godina, que fue la contribución yugoslava al Live Aid de Bob Geldof, y se tocó en el concierto de Belgrado, en junio de 1985. ¿Por qué esa canción yugoslava de hace cuarenta años? ¿Qué aporta y qué simboliza, a día de hoy, para los estudiantes y demócratas serbios en lucha contra la corrupción gubernamental?

R — La canción es un himno de solidaridad, de empatía, de unidad y de convivencia; que son los valores que han definido estas protestas. A través de esta canción, los estudiantes también han logrado conectar un poco a los países de la ex-Yugoslavia otra vez. Por eso te hablaba de reconciliación, ya sea a través de esta canción o a través de la manifestación de Novi Pazar, que es de alguna forma una reconciliación también; algo que hasta ahora había sido inimaginable. Por eso la canción es muy importante.

Esta canción se ha escuchado mucho, efectivamente; pero no es la única, también se han escuchado otras canciones de los años noventa. Me parece sintomático, yo lo veo un poco como muestra de que hay algo que no se ha terminado. Son las mismas canciones que entonces porque todavía tenemos algo pendiente de esa época. Za milion godina es una canción que representa la solidaridad internacionalista; hay también muchas canciones de Đorđe Balašević, un cantautor muy conocido, justamente de Novi Sad, recientemente fallecido [en 2021]. En sus canciones, y también en sus posicionamientos públicos, él era muy crítico con el régimen de esa época, con el nacionalismo, con la corrupción, con la guerra. Muchos de los eslóganes de las protestas actuales vienen de sus canciones. Para mí es una muestra de que arrastramos desde hace años asuntos pendientes que estamos abordando, intentando abordar ahora.

P — ¿A qué canciones te refieres?

R — Hay varias… ¡tenemos toda una playlist de las protestas! De Balašević está, por ejemplo, Živeti slobodno [“Vivir libre”, de 2000], que se ha escuchado mucho en las protestas, Olelole [de 1991], o Devedesete [“Los noventa”, justamente una crítica a esa época en la antigua Yugoslavia, de 2000]. De otros autores, está también Pada vlada [“Cae el gobierno”, 2003], de Bajaga; Par godina za nas [“Un par de años para nosotros”, de 1989] o Zemlja [“Tierra”, de 1987], de Ekaterina Velika; también la versión de Ay Carmela de Darko Rundek, en 2000; Ima Nas [“Somos más”, de 1996] de Goblini…

* * *

La idea de que los estudiantes serbios —nacidos después del atentado contra las Torres Gemelas— se enfrentan a la corrupción y la violencia de su gobierno al ritmo —entre otras canciones— de la (más que) centenaria y muy castiza Ay Carmela me hace sonreír. La vieja canción española, popular y republicana (también conocida como El ejército del Ebro o Viva la Quince Brigada), reconocible desde sus primeros acordes de guitarra, se convirtió en himno antifascista en todo el mundo durante la guerra civil y tras la caída de la Segunda República, y ha sido traducida y versionada en distintas lenguas. Una de las versiones más populares fue justamente la yugoslava, Aj Carmela, adoptada por los partisanos durante la Segunda Guerra Mundial. La versión a que hace referencia Danica, del croata Darko Rundek, es del año 2000, pero retoma la letra partisana y preserva su espíritu de resistencia y esperanza: “No pueden bombardearnos a todos / y no hay tormenta ni lluvia / allí donde esta canción se escucha, / ay, Carmela…”.

También en 2000 salió la canción Živeti slobodno. En ella, Đorđe Balašević saludaba la oleada de protestas y esperanza que se acababa de llevar por delante al régimen de Milošević, y que parecía anunciar una verdadera democracia pluralista en Serbia: “Desde el lado oscuro del globo, se puede ver / que los mejores se van / a las calles de Toronto, con ojos del color de la línea del frente / y una marca en cada uno de nosotros / ¿Y cuál es el resumen? / Eslóganes de libertad, / manifestantes, oportunistas, apoyos frágiles. / No es cara o cruz… / O somos o no somos; / este corazón late / con un implacable pulso de resistencia”. Y visualizo a los serbios congregados por Danica y sus compañeros en París, desfilando al sol por la rue Benjamin Franklin, entre la avenida de Camoens y Trocadéro, ante la mirada curiosa de los parisinos –algunos asomándose a las ventanas o a los haussmannianos balcones, algunos cruzándose con la comitiva, de camino a alguna parte, o simplemente de paseo—, con la silueta de la torre Eiffel dibujándose impávida al otro lado del río, balanceándose al ritmo y tarareando alegremente –balcánicamente— el estribillo de esta misma canción, un sábado o un domingo cualquiera de los últimos meses: “Ži-ve-ti slobod-no (vivir libremente), resonando por el mundo, / adornado con la pluma del halcón / cual talismán que rompe las cadenas. / Vivir libre, conquistando con la canción; / tu estandarte ondea en cada ciudad / en la que eres bienvenido…” En otra lengua, más familiar para mí, y a muchos kilómetros de Belgrado, de Novi Sad, de París, Jaume Sisa había cantado lo mismo, de otra manera, cuando España se afanaba en dejar definitivamente atrás sus propios demonios familiares, en el año 1975: “Oh benvinguts, passeu, passeu; / de les tristors en farem fum; / a casa meva és casa vostra, / si és que hi ha cases d’algú…

La canción se llamaba Qualsevol nit pot sortir el sol, que es la promesa universal y eterna de aliento, en la península ibérica como en la balcánica, de todas las resistencias y de todos los resistentes a la intimidación y la violencia: en medio de la más oscura noche, el sol puede salir.

* * * * *

Epílogo: “No estamos cansados y no vamos a parar”. La conversación con Danica tuvo lugar a principios de mayo. El conflicto en el país balcánico se había mantenido durante meses en una situación de relativo estancamiento, con una organización estudiantil cada vez mejor articulada y una oposición precariamente unida alrededor del movimiento, las Universidades bloqueadas y unas protestas pacíficas que no menguaban en intensidad, pese al tiempo transcurrido, por un lado; y un poder que combinaba una represión sorda con un discurso institucional falsamente conciliador —sobre todo dirigido a los países europeos—, sin llegar a desencadenar una violencia abierta y generalizada contra las oposiciones, por otro. Como si el gobierno esperara a que el ciclo de protestas se consumiera por sí mismo. Pero lejos de ello, Serbia se adentraba en un bloqueo a la vez profundo y frágil, en un tenso compás de espera donde todos los actores tomaban progresivamente conciencia de la insostenibilidad de una situación explosiva, en un contexto geopolítico que también se iba enrareciendo. 

Desde entonces hasta ahora, los acontecimientos se han acelerado en algunas direcciones. Con motivo del Vidovdan —una fecha saturada de simbolismo nacional y religioso en Serbia, tradicionalmente ligada al sacrificio del príncipe Lazar y la batalla de Kosovo Polje entre serbios y otomanos, en 1389—, el 28 de junio, una masiva manifestación capitaneada por los estudiantes desfiló por las calles de Belgrado, para acabar concentrándose en la icónica plaza Slavija, para exigir al gobierno elecciones legislativas anticipadas y escenificar el “paso del testigo” de la revuelta de los estudiantes al conjunto de los ciudadanos serbios. Las referencias nacionalistas en los discursos antigubernamentales de algunos oradores, quizá inevitables en una fecha tan significada como el Vidovdan, no pasaron desapercibidas para la prensa europea; analistas como Miguel Roán vieron en ellas un síntoma adicional de la “debilidad política” del presidente Vučić, incapaz de mantener su ascendiente entre los (poderosos, y tradicionalmente afines) sectores nacionalistas del país.

La represión gubernamental arreció tras el Vidovdan: se multiplicaron las escenas de brutalidad policial, los arrestos a manifestantes y los asaltos contra periodistas (denunciados, por ejemplo, por Reporteros Sin Fronteras o Amnistía Internacional) durante las protestas que siguieron a la gran concentración de Belgrado, en ciudades y pueblos de todo el país: además de en Belgrado y Novi Sad, en localidades como Vrbas y Bačka Palanka (en Voivodina), o Valjevo (en Serbia central). Un endurecimiento gubernamental y una intensificación de los ataques de sectores progubernamentales (milicias del SNS, grupos parapoliciales, organizaciones satélites o grupos criminales) que acabó produciendo un estallido de indignación entre los estudiantes y una radicalización en las revueltas: si bien los actos del movimiento estudiantil han seguido siendo pacíficos, las acciones de desobediencia civil y los bloqueos espontáneos de calles y vías se han multiplicado desde entonces. Las movilizaciones de agosto se han saldado con impactantes episodios de violencia y represión policial hacia los manifestantes, así como con escenas de asaltos a sedes de los partidos gubernamentales (SNS, SRS), en lugares como Belgrado y Valjevo.

En el frente europeo también se han producido novedades. Por un lado, el 4 de junio, la Comisión Europea publicaba la primera lista de “proyectos estratégicos” prevista en la Critical Raw Materials Act (CRMA): el proyecto de explotación de litio en Jadar, duramente contestado por ecologistas, estudiantes, investigadores y población local, fue uno de los seleccionados, a pesar de las graves amenazas ambientales y sociales que éste supone. Por otro lado, tras meses de silencio y de llamativa discreción y cautela (sobre todo si se compara con los expresivos y rápidos posicionamientos y coberturas mediáticas de crisis en países bastante más lejanos), la Unión Europea ha pasado por fin a pronunciarse nítidamente sobre la grave crisis democrática que atraviesa el país balcánico. Quizá, empujada por las presiones de algunos electos y partidos europeos, especialmente activos en el Parlamento Europeo, de diversas organizaciones cívicas y humanitarias (como las mencionadas Amnistía y RSF), de las iniciativas de la diáspora serbia en distintas capitales europeas (como las del propio grupo de Danica, “Pariz 11:52”), y de la propia indignación de las opiniones públicas europeas ante el creciente autoritarismo del gobierno serbio. El 9 de septiembre, el Parlamento europeo se reunió para debatir de la situación en Serbia y abordar la oleada de violencia estatal contra los manifestantes. Se contó con la presencia de una parte de la oposición política, que exige a la Unión sanciones concretas contra el gobierno de Vučić. Mientras tanto, tras la presencia de eurodiputados ecologistas (del Partido Verde Europeo, European Greens) en la protesta de Novi Sad en septiembre, el presidente serbio los calificó de “escoria” que “ni siquiera pueden gobernar sus propios países”; un exabrupto que acaba de evaporar la imagen de moderación e institucionalidad con la que Vučić procuraba presentarse ante interlocutores europeos, y que provocó fuertes reacciones de varios partidos en la Unión. El propio Partido Popular Europeo (PPE), del que el SNS es miembro desde 2014, ha anunciado su voluntad de revisar la presencia de la formación gubernamental serbia entre sus filas. Aunque las condiciones geopolíticas no facilitan la apertura de otro frente exterior para las lentas y desbordadas instituciones europeas, la aceleración de los acontecimientos en Serbia, y su estatus como país candidato a la adhesión a la Unión, cabe preguntarse si la aprobación de sanciones por parte de la UE contra el gobierno de Vučić no serían la respuesta lógica a la escalada represiva de los últimos meses, como piden desde hace tiempo destacados representantes de la intelectualidad y el mundo cultural, académico y estudiantil serbio.

Mientras los pesados procedimientos de decisión colectiva se ponen lentamente en marcha en Bruselas, y las distintas maquinarias e instituciones comunitarias y nacionales valoran y trabajosamente acuerdan las medidas que se pueden o se deben tomar respecto a la grave crisis política en Serbia (comentarios, discursos, humaredas perdidas, neblinas estampadas…), la movilización democrática en el país posyugoslavo sigue sin debilitarse, cuando hemos dejado atrás el primer aniversario de la tragedia de Novi Sad y del inicio de las protestas cívicas y estudiantiles. A principios de septiembre, sendas manifestaciones en Belgrado (el día 1, una de las más masivas que se han registrado en estos meses) y en Novi Sad (el día 6) volvían a exigir la convocatoria de elecciones anticipadas libres. Recordaban así al poder gubernamental, y al conjunto de Europa, que la victoria de la represión es siempre engañosa y provisional, porque la voluntad de vivir libremente —živeti slobodno— permanece, no desaparece. Lo advertían las palabras inmortales con las que Rosa Luxemburgo concluyó su último artículo, la víspera de su asesinato en 1919: fue, es, y será. Y tercamente lo repiten los manifestantes serbios en pancartas y en proclamas, “Nismo umorni, nećemo stati”: “No estamos cansados y no vamos a parar”.

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