Equatorial Guinea, caminos resbaladizos

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Durante estos años cierto sector de la oposición y de los que de forma continuada emiten su opinión sobre la situación guineana, qué vergüenza lo que llevamos viendo en estos años, por Alá, han centrado el debate en si ciertos guineanos, agrupados o por libre, deben acompañar al general-presidente en sus farsas o dejarle que lo haga solo, pues total, para ello se reconoce, sin ningún rubor, dictador. Antes de entrar en materia, y no queremos que ello sea de justificación para nadie, ni en grupo ni por separado, tendremos que reconocer que en la Guinea actual siempre habrá siglas que quieran acompañar al régimen en sus continuos carnavales. Incluso, y hablamos en serio, si el régimen pidiera a uno de estos partidos políticos que quiere disponible una delegación permanente para acompañar a los altos miembros de la nada que hay aquí a los carnavales del Río de Janeiro, habrá gente disponible, y pensar que para ver mover culos al ritmo del samba no hace falta ser político o confesarse como tal. Ante la inminencia de unas elecciones para constituir el senado y otras instituciones recién aprobadas por mayoría rotunda en referéndum se ha encendido el debate y los que miran y saben mirar se unen a los que han leído de siempre para juntarse con los que hacen oposición real y no real para debatir si es necesario que los guineanos sigan acompañando al régimen en sus operaciones cosméticas o si definitivamente hay que demonizar a los que lo harán siempre. En la respuesta a esta cuestión, leed el segundo párrafo. Pero inmediatamente tenemos que urgir a los que siguen leyendo que dejen de llamar operación cosmética a lo que hace el régimen y dar una explicación.

 

O sea, ¿qué hay detrás de tanta fanfarria electoral en la dictadura del general-presidente? Que por la vía del engatusamiento electoral quiere convertir a todos los guineanos con cierta ambición y capacidad en sujetos que solamente admiten y obedecen a ciegas las opiniones del presidente-general o de los que hablan en su nombre. O sea, robustecer esta podrida red clientelar que hace de Guinea un lugar donde no hay ningún inocente y donde no se puede ir por libre. Esto de ir de simple ciudadano no tiene cabida aquí, nos recuerdan constantemente. ¿Pero hay algún guineano que desconoce lo que hay detrás de la fanfarria antes mencionada? Si saben leer, opinan y a veces conceden entrevistas, no hay nadie que desconozca las intenciones del general en plaza y de su extensa familia. Entonces, ¿por qué parece que todavía unos son malos patriotas y enemigos de la democracia cuando instan a otros a no seguir haciendo el juego a Obiang? Porque, lamentablemente, muchos leen los asuntos según sus conveniencias y deciden según las mismas. Todos, pues tienen un pequeño interés que defender. Fuera de los intereses y deseos acariciados y el hambre que pasan algunos, y sin que se tenga que demonizar a nadie, ¿es necesario que se le siga al general en todo lo que convoca como la única persona que sabe hablar en este país? En concreto, ¿Guinea Ecuatorial necesita tener un senado y todo el paqueterío subsiguiente? Respuesta: no, gracias. Y por qué.

 

Por lo que ya dijimos y porque todos estos que se han convertido en defensores y detractores de los seguidores de la fanfarria se han olvidado de algo capital: hay un debate que todavía está pendiente. Y es que, fruto de este seguidismo interesado hemos conseguido que por ley aprobada por mayoría rotunda, incluso sin someterla claramente a votación, que la familia reinante patrimonialice la dirección política del país, o sea, hacer que el general legue la jefatura del Estado en alguien de su casa y que nadie le tosa. Llamándose el país todavía república, esto no es una cuestión sobre la que se debe echar el silencio. Es decir, no deberían pasar a otra cosa si no se restituye el carácter republicano del poder guineano. Y si hacemos este llamamiento rotundo, también podemos decir que hay muchos guineanos que coadyuvaron a que el general viese que era muy fácil que lo hiciera, y, francamente, no juega en su descargo el hecho de que siempre encontraría a quien le hiciera el juego.

 

¿Tiene Guinea Ecuatorial, «como los demás países», como se dice aquí, el derecho a tener un senado, un tribunal de cuentas y otra institución que no se haya inventado? Sí, la tiene, pero antes tenemos que mirar cómo funciona el Parlamento y saber que no seríamos muy listos si dijéramos para qué otro tanto si van a hacer lo mismo. Además, con el tema capital, que Guinea deja de ser república, pendiente de debatir y de refutar como se debería. (Francamente, muchos de nosotros no comprendemos el interés repentino de unos guineanos, constituidos, incluso en partidos políticos, por un senado, un tribunal de cuentas y otra tontería pendiente de crear. ¿Esto lo querían y ahora agradecen al general que haya decidido crearlos o bien es un descubrimiento y ahora se alumbran gracias él?). No tiene sentido, en este proceso lleno de espinas, postergar un tema tan interesante para enfrascarse en otro. Y no creemos que en la aceptación de los deseos del general hay intereses tan importantes para las personas que las apoyan que no pueden echar un freno a este seguidismo. ¿Cuáles son estos intereses?

 

Esperando la respuesta, recordamos a los que miran, leen y comentan que para revertir la situación guineana se necesita un grandísimo equipo multidisciplinar de hombres y mujeres que presente otras alternativas y estén dispuestas a luchar por ellas. No estamos hablando de un partido político y de sus deseos acariciados, sino de todos los que todavía tienen la capacidad de mirar desde la distancia u opinar desde la obscuridad miedosa del anonimato. Porque al final si los que siguen mirando desde donde sea no dan la cara y ofrecen su contribución, parecería que los que ejercen este seguidismo tan dañino tienen la bula para seguir haciéndolo. En este caso, los que no se atreven a dar la cara merecerían el desprecio, y aunque tengan razón, y los que ejercen el seguidismo creerán que encontrar una justificación a su conducta les redime de las culpas y de las consecuencias derivadas de la misma.

 

Malabo, 30 de marzo de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.