Es demasiado

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Sí, lo de África, de algunas partes de África, es demasiado. Y por duradero y reiterativo. Ayer mismo estuvimos escuchando la radio y conocimos el testimonio de Lily, quien todavía es incapaz de dar la cara. Vivía en una zona cuyos habitantes eran simpatizantes de un partido rival de otro cuya cabeza visible es el impresentable Robert Mugabe. Pues acusaron a aquel partido de algo grave en contra de la gran nación zimbabwa y allá fueron a masacrar. Dicen las crónicas fiables que aquellos endemoniados se llevaron la vida de 20 hombres, y es palabra de BBC.

 

Pues salió a dar su testimonio la Lily, tapada para que su voz no delatara su cara, y llorando, llorando, llorando, contaba cómo la encontraron en estado, de seis meses, y aún así la violaron repetidas veces y un desalmado de aquellos metieron el cañón de su pistola en su «private», amenazando, supuestamente, a un futuro enemigo del país. No paró de llorar, y agradecí que a ratos las ondas hertizianas flaquearan y se llevara aquel llanto desgarrador. Pues al hermano de Lily lo mataron ante ella y enterrado en una fosa común que abrieron los pocos supervivientes que quisieron dejar con vida. Lily ayudó, preñada de dolor, a abrir aquella infamia. A muchos lo enterraron vivos.

 

Eso pasó en el país de Mugabe, diabólico ser del que no he encontrado motivos para ser lo que es. Ya me duele en el alma haber visto en internet las habitaciones privadas de este ser, a sabiendas de lo que ha hecho con la vida de otros. (Es que el desenfreno lujoso de Mugabe es para otra historia). Pero no sé si es por casualidad que semejante ser sea gran amigo del general-presidente-dictador que campa por sus anchas, y por las ajenas, en este país. Es demasiado, y antes de que supiera algo de español, creía que demasiado tenía algo que ver con Macías. Somori, que creció en el mismo barrio, sabe de ello y nos reíamos años después.

 

¿Es casualidad que Obiang, general, y Mugabe sean amigos? No debería serlo, porque aquí, con el olor de Macías en el cuerpo, estamos viendo que cualquiera que se erigiera en pueblo y quisiera reclamar su libertad lo pagaría caro. Aquí los que están siguen agachados bajo el peso de arbitrariedades varias. Ayer mismo nos comentaron del enfado de unos annoboneses cuyas pagas mensuales fueron menguadas por la quita de una parte para pagar los arreglos, ¿cuáles? de un viaje de Obiang a su isla. Además, ya me llegaron noticias de otro enfado porque la misma gente se vio obligada a pagar otra parte para sufragar la campaña del PDGE, en algo inaudito y conocido, toda vez que… Bueno, lo que acabamos diciendo, y miren qué observación aguda, que cómo se le puede quitar de su paga una parte a nadie para sufragar los gastos del presidente por el territorio nacional, pues ¿quién paga los viajes de la misma persona, amigo de Mugabe, cuando va por ahí, incluso a conocer las evolución de los culos de brasileñas? ¿En estos casos, y en otros, los viajes lo pagan los ministros?

 

Es demasiado, sí, demasiado. Ya la ONU, no por lo que creemos que debía ser, sino porque hace el recuento de todos estos presidentes y les da la voz, hace tiempo que tuvo que hacer algo para parar las barbaridades que siguen cometiendo bajo el nombre de la legalidad internacional. Antes creíamos que la ONU no servía para nada, y que su mención daría risa. Ahora sabemos que es responsable de que se siga cometiendo tanto mal en nombre de una legalidad que es capaz de provocar el parto prematuro de Lily, cuyo producto al final conoció el mismo destino que sus tíos.

 

Es demasiado, y si me pasara algo por decir, en tierra africana, que ya es demasiado, entonces tendré la convicción de que hice lo que debía. Y es que es demasiado.

 

Malabo, 9 de abril de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.