Escándalo y lamento

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En declaraciones al diario The New York Times (NYT), el presidente mexicano Felipe Calderón revela dos líneas de interpretación sobre la crisis de violencia en México que han desatado un escándalo en la clase política del país.

 

Por primera vez, Calderón plantea en público el peso del factor oscuro de EEUU y las instituciones mexicanas en el auge violento y el protagonismo de grupos de narcotraficantes, contra quienes emprendió una guerra a partir del inicio de su gobierno en 2006.

 

El alegato convencional de Calderón ha sido circular: EEUU es corresponsable del problema mexicano debido su alto consumo de drogas y su venta indiscriminada de armas de alto poder a delincuentes. En el pasado, también llegó a aludir que los gobiernos previos a su llegada a la presidencia fueron ineficientes y omisos frente al crimen organizado.  

 

Un alto funcionario del régimen anterior, ahora precandidato a la presidencia, quiso responderle y negó que, durante el tiempo que estuvo al frente de los asuntos internos del país, hubiera habido negligencia. Sin embargo, y a partir de datos difundidos desde tiempo atrás en investigaciones periodísticas ajenas al circuito oficial, más de una vez se presentaron anomalías al respecto, nunca bien investigadas por las autoridades: la permisividad ante la fuga del principal narcotraficantes del país de un penal de alta seguridad, su presunta liberación años después cuando se logró detenerle, la negativa presidencial frente al reto de investigar a fondo la corrupción en Ciudad Juárez y los grupos de poder allá, los nexos con narcotraficantes por parte de la familia del ámbito presidencial.

 

Cuando Calderón declaró aquello omitió a su vez presentar una denuncia de hechos ante la fiscalía correspondiente. Protegía a sus correligionarios del Partido Acción Nacional (PAN). Ahora denuncia ante NYT que los políticos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), a la cabeza de las expectativas de voto para las elecciones del 2012, favorecen la idea de negociar con el crimen organizada para mitigar la violencia, una negociación a la que él se opone por completo. Lo curioso de su alegato es que el ex presidente Vicente Fox, su antecesor, ha declarado más de una vez en público que la solución a la crisis violenta del país es pactar con los narcotraficantes. Calderón se ha negado ahora a comentar este hecho. Por su parte, los del PRI se quejaron de tal “terrorismo político”.

 

Como consta en diversos registros históricos de México y EEUU, el Estado y los gobiernos mexicanos pactaron con grupos de narcotraficantes a cambio de dinero desde la pasada década de los años ochenta. Desde luego, y bajo el presidencialismo autoritario de entonces y su partido único en el poder, los políticos que operaron semejante pacto pertenecían al PRI. Las elecciones del año próximo forman parte del contexto declarativo de Calderón en la prensa estadounidense. Para reforzar la postura del presidente, la precandidata del PAN a la presidencia en el 2012, Josefina Vázquez, ha dicho ya en EEUU también que apoyará continuar la guerra de Calderón contra el narcotráfico.

 

La segunda línea de interpretación del presidente mexicano al ser entrevistado por NTY, fue expresar que, a juzgar por el hecho de que la supuesta esposa del narcotraficante mexicano más buscado parió en un Hospital de Los Angeles, EEUU tendría que decir acerca del paradero de este delincuente. Sus palabra son insólitas en el discurso presidencial ante EEUU, caracterizado por su fe integracionista y su victimismo, que le han permitido encubrir las fallas de su gobierno. Quizás Calderón acaba de comprender apenas la urdimbre geopolítica en la que se metió e introdujo a todo el país sin ser consciente de los costos y riesgos de por medio. La hora de las lamentaciones ha comenzado a un año de que deje el poder.

 

 

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.