Escuela para el oído

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Daniel_Baremboim

“Ya le dije que la tarde de hoy iba a ser maravillosa. ¿Cuándo ha tenido a una orquesta sinfónica a su disposición para tocar lo que usted pida?” Así se dirige Daniel Baremboim a un espectador en una de las 15 clases magistrales que impartió, durante tres días, en el Festival de Salzburgo de 2007 bajo el título “Escuela para el oído”.

A Baremboim le conocemos, aparte de por su virtuosismo al piano, por ser uno de esos directores de orquesta diferentes… ¡Una de esas personas diferentes…! Ya desde que creó la West-Eastern Divan Orchestra para unir, mediante la música, a jóvenes de Palestina y de Israel, nos dio muestras de estar hecho de otra pasta. Es una de esas personas que provocan hilaridad (o envidia) entre todos esos enterados que pretenden estar de vuelta de todo, que asumen que la vida es una mierda y ven la existencia de estos personajes como exóticos especímenes que animan el cotarro. Pues estos exóticos especímenes son los que hacen que la maquinaria funcione.

Hace muy poco que he descubierto, gracias a una amiga mía, estas clases magistrales y quiero compartirlas con los que ya las conocéis y con los que todavía no habéis podido disfrutarlas. Baremboim, con su habitual afabilidad y dotes de comunicación, nos descubre los secretos que convierten el silencio, la armonía, la melodía, el ritmo, el tempo, en algo que llamamos música.

Podría desmenuzar al personaje y analizar cada una de las clases impartidas, pero prefiero que la entrada de hoy sea más corta de lo habitual, el maestro os seduzca y descubráis el engranaje que hace que la música, en ocasiones, llegue a tocar nuestras fibras más sensibles.

@Estivigon

Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.