Ese oficio

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Entre las grandes gestas del periodismo se escribe con letras de oro la del fotógrafo que mandó aparcar frente al Diario de Pontevedra el coche de la funeraria para sacar del bolsillo de una atropellada el documento que nos facilitase su identidad. Es el mismo con el que fui a hacer un reportaje a un puticlub y me encerró en un cuarto con tres señoras de antes de la guerra para que hiciese una “crónica como Dios manda”. Una tarde un chico se acercó al periódico con su madre y me explicó delante de la grabadora, sin asomo de ironía, que había descifrado la lógica del azar. Al año siguiente de satirizar en un artículo su devoción religiosa por la cebolla de Sanxenxo, el alcalde Telmo Martín decidió darme la ‘cebola de ouro’: me colocó la insignia ante cientos de personas en una escena deliciosa, digna del mejor Azcona, mientras mascullaba barbaridades contra unos manifestantes que querían boicotear el acto. Como sabe el gran Peñafiel, al que un compañero preguntó en Pontevedra si el ictus de Jaime de Marichalar había sido por cocaína adulterada, este oficio le regala al periodista más silencios que palabras. Una vez, buscando una entrevista a la desesperada, un amigo mío entró en el bar Sándalo y abordó a un cliente. “¿Y por qué carallo me vas a entrevistar a mí?”. “Porque es usted clavado a Florentino Pérez”. Y como lo era, el bar se vino abajo.

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Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) es periodista y columnista de Diario de Pontevedra. Colabora con los periódicos El Progreso y De Luns a Venres, y con la revista de humor Retranca. Publica su trabajo y sus diarios en la web Apuntes en sucio. Es Premio Nacional de Periodismo Julio Camba.