Espejismos en la orilla

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En el corazón del verano, media España se derrama hacia el litoral, buscando algo extraño y gozoso que llaman escapada. Reconciliar el propio cuerpo con el mar, en un bautizo por inmersión, renovado todos los Agostos. Si una diosa griega como Atenea no podía resistirse al baño ritual cada verano, en la playa de El Pireo; ni una virgen cristiana como la del Carmen, no deja de desfilar navegando sobre las aguas cada 16 de Julio, ¿cómo van a privarse de esa llamada primigenia, los débiles seres humanos de las ciudades?

 

La playa es la patria del verano. Esa convivencia al desnudo entre tantos bañistas resulta una experiencia estimulante, con tanta carne humana a la vista. Es de las pocas ocasiones que uno se siente reconfortado de formar parte de la especie, por el gustillo que da regodearse en los encantos frutales de los semejantes.

 

La vida sobre la arena transforma a los bañistas en habitantes temporales del desierto, expuestos casi al desnudo a la mordedura solar por culpa de un baño en una playa. Sin embargo resulta tan placentera esa indolencia casi paleolítica. Dejarse llevar sobre la arena por el reloj del mar y su tic-tac de olas.

 

Los paseos por la orilla son otro de los platos fuertes de la vida costera. La excusa es caminar un rato, que siempre resulta además estimulante para la circulación sanguínea, pero el objetivo profundo es el regodeo de la vista en esos animales semi desnudos que pululan a lo largo de kilómetros de playa.

 

Espejismos se ven en el desierto, debe ser por efecto de una colisión excesiva de luz solar contra la arena. Todas las playas rebotan la luz del sol sobre un espejo de agua en movimiento, lo que bien puede multiplicar estos fenómenos ópticos. De ahí que resulte una aventura tan apasionante mirar junto al mar.

 

¿Qué tipo de huellas ha dejado este paseante impertérrito por la orilla de la playa?, ¿en relieve, o hundidas en el suelo? Y a la par, ¿llega la espuma blanca hasta un escalón de arena, o es que proyecta su sombra el ribete de la ola? El sol estaba tan bajo en la playa de la Cortadura, en Cádiz, que incluso hasta los guijarros proyectaban su propia sombra sobre el suelo. Ambas visiones, hundida y en relieve, pueden verse en esta fotografías. Es cuestión de mirarlas fijamente.

 

¡Misterios tiene el veraneo!

 

Foto: Vizcaíno.

Ubicación: Playa de la Cortadura de Cádiz.