Estas luces no nos iluminan

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Foto: Tara Strada

Desde hace tres años el Jardín Botánico de Madrid (RJB)viene sufriendo un creciente deterioro. La decoración navideña incide negativamente en el hábitat y los ciclos biológicos de árboles, arbustos, pájaros e insectos del jardín.

Todo ese ecosistema, se ve en peligro a causa de la contaminación acústica y lumínica que supone esta instalación.

La ciudad tiene espacios favorables y diversos, urbanos, que son iluminados en esas fechas, ¿por qué arriesgar y dañar un reducto natural con el fin de aumentar la recaudación y no pensar en otras fuentes de financiación que respeten el medio? ¿Sería lícito en aras de unos mayores ingresos iluminar por navidad y sonorizar a ciertas horas el Museo del Prado o cualquier otro?

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) debería actuar ante esta amenaza y proteger este jardín único. Según un reciente informe de BirdLife International, en Europa hoy tenemos 600 millones de aves reproductoras menos que en 1980. El Jardín Botánico de Madrid es un refugio irremplazable en pleno centro de la ciudad que no debe convertirse en una feria. Hay lugares adecuados para la misma. La iluminación y visitas nocturnas a la llamada Naturaleza encendida obligan a algunas especies de aves, como el autillo, a abandonarlo.

Hay informes de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), expertos en contaminación lumínica y trabajadores del propio CSIC, que desaconsejan esta instalación.

En tiempos de políticas orientadas a la sostenibilidad, el uso público de este espacio único debe tener como objetivo una verdadera educación ambiental, lo que excluye este tipo de recreo masificado que nada aporta al conocimiento y disfrute de la naturaleza, salvo una financiación que debería recabarse por otros medios.

La Fábrica, entidad privada encargada de la gestión cultural del Jardín, realiza esta actividad sin un estudio científico previo del impacto ambiental, que debería exigirse desde la dirección del RJB, como es de esperar en pleno siglo XXI.

El circuito de cables sumergidos entre las raíces, apoyos de estructuras en ramas y troncos, surtidores y bancos inutilizados, es poco cívico y totalmente ajeno a fines educativos y de conservación.

Mientras abrimos la boca ante las bombillas y los rayos de luz que pueden verse a kilómetros de distancia, cerramos los picos de las aves y dañamos las plantas. Olvidando también todos los estudios y esfuerzos que se realizan para la protección del cielo nocturno y acceso a la luz de las estrellas.

Hagamos que nuestros niños y niñas aprendan a amar y proteger la naturaleza, no a decorarla. Para ver iluminadas las plantas solo debemos aprender a observar, pensar y respetar.

Que la naturaleza ilumine el Botánico, no la bombilla.

Debemos cultivar el Jardín desde su propósito sensato: ser un espacio ecológico respetado.

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