Esto es un escándalo

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El escándalo de las escuchas en el Reino Unido, el escándalo de la Sociedad de autores, el escándalo de los chivatazos de la policía a ETA, el escándalo de los trajes valencianos, el escándalo de la deuda pública en comunidades y municipios… Llevo semanas que no hago otra cosa que escandalizarme cuando leo la prensa y cuando veo la televisión. El escándalo vende. El escándalo se lee. El escándalo nos despabila por las mañanas como espabila el café y la Cocacola. Ya solo falta que le descubran una novia a Obama y un novio a Rajoy para que este verano de 2011 alcance su más escandaloso desiderátum en cuanto a escándalos se refiere. Pero yo creo que hasta ahí no llegaremos, porque es evidentísimo que en América y en España no se pinchan teléfonos y estos dos políticos son, a lo que parece, gente seria. No hay más que fijarse en sus mujeres para comprender lo serios que son. La pena para quien le va el escándalo, como a mí, es que Berlusconi no pueda ser el actual Presidente de los Estados Unidos ni Sarkozy el de los españoles, especialmente con la mujer que tiene. Desde luego si Rubalcaba llevara del brazo a una mujer como la Bruni, pienso que todavía ganaba las elecciones, porque esa sí que es una hembra de escándalo y lo demás son tonterías. Ahora, para tontería y para escándalo lo que está pasando con la economía mundial. En mayo los americanos cogen y encierran al director del Fondo Monetario Internacional por un quítame allá estas pajas con una limpiadora africana en un hotel de Manhattan. Escándalo mayúsculo. Las feministas, enrabietadas. La Francia, dividida, indignada, perpleja. El sátiro, entre rejas; la pobre víctima, llamando a toda prisa a su novio, encarcelado en un presidio de Georgia, para decirle en su lengua tribal que el sueño americano está cada vez más cerca. Entretanto, la economía occidental en plena descomposición, los países del Mediterráneo endeudados hasta las cejas, Grecia al borde de la bancarrota, y Alemania dejando muy clarito a los del Sur y a los del Norte que se acabó lo que se daba… Afortunadamente, entre escándalos menores y escándalos mayúsculos, escucho esta mañana por la radio que la Merkel ha vuelto a aflojar el parné. Mi abuela habría dicho que es pan para hoy y hambre para mañana, pero quizá debamos ser más optimistas y pensar que si hay un sueño americano, por qué no ha de haber un sueño europeo, con moneda única y unidad territorial, además de un mismo espíritu trabajador y responsable que se dé por igual en Berlín que en Cádiz, en Palermo que en Copenhague. Los ingleses, gente práctica, nunca han creído demasiado en esto del bello sueño europeo y así desde un principio decidieron desmarcarse de la aventura del euro, con lo cual están ahora mucho más tranquilitos y pueden dedicarse con mayor libertad a disfrutar del escándalo de las escuchas. Estas semanas han sido frenéticas allí, en el Reino Unido, y yo, la verdad, me lo estoy pasando pipa viendo cómo todo el pueblo inglés se rasga las vestiduras por los excesos del periodismo que ellos mismos consumían (y consumen) con una avidez impropia de los representantes de la flema y el fairplay. Claro que Inglaterra no es una, sino varias y, además, si algo caracteriza al mundo anglosajón (yo que lo conozco un poquitín) es su recalcitrante hipocresía. La hipocresía es su pecado capital, como el nuestro es la envidia. Han puesto a los Murdoch y a su pelirroja en la picota y todos dicen sentirse escandalizados (shocked, shocked, shocked) con el escándalo de las escuchas, pero yo no sé de dónde creían que salían las exclusivas y los “scoops”. A lo mejor se pensaban que los periodistas de Murdoch tenían una varita mágica o volaban en escoba y se metían por las chimeneas de los famosos y famosillos para sacar trapos sucios. La prensa seria está ahora que se frota las manos y haciendo su agosto a costa del escándalo de la prensa amarillista… En fin, yo creo que en cuanto le ponga el punto y final a esta entrega voy a irme a Youtube a escuchar a Raphael cantar eso de “Escándalo, es un escándalo…”

Nacido y criado en Madrid, José Luis Madrigal ha pasado la mayor parte de su vida adulta en el mundo anglosajón. Vivió varios años en Londres y desde 1986 reside en Brooklyn, Nueva York. Es profesor titular en el Queensborough Community College y el Graduate Center de la Universidad de Nueva York (CUNY). Publica con cierta regularidad trabajos sobre atribución textual. En 2002, provocó algún revuelo al proponer que el Lazarillo lo había escrito un humanista toledano, Francisco Cervantes de Salazar, atribución que el mismo desecho años después tras darle muchas vueltas al asunto. Actualmente defiende otra candidatura más fundamentada, pero tras el traspié anterior prefiere no airearla demasiado. Algunos de sus trabajos están disponibles en la red. Digamos para terminar que le gusta leer, conversar con unos pocos amigos afines y contarle historias a su hija de siete años.