Exhiben a mujeres desnudas en museo de Nueva York

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No sólo las exhiben sino que hay que frotarse con ellas. El titular se las trae, pero es real y de hace un par de meses. Muchos medios latinos han utilizado frases como esta para referirse a la actual retrospectiva de Marina Abramovic en el MOMA. El asunto del restregón viene de 1977. Aquél año, en la Galleria d´Arte Moderna de Bolonia, Abramovic y su pareja de entonces, el artista alemán Ulay, desnudos, realizaron una acción en la que flanqueaban la entrada principal a un festival de performance. Ambos estaban de pie, enfrentados, separados apenas treinta centímetros. Quien quisiera acceder al recinto tenía que pasar necesariamente por el angosto espacio que quedaba entre ellos. Aunque se entrara de perfil, el contacto resultaba inevitable, y el visitante debía elegir cómo frotarse, es decir si se giraba dando la cara al hombre o a la mujer. La pieza, llamada Imponderabilia fue suspendida a las tres horas por la policía italiana, pero se encuentra perfectamente documentada.

 

En el MOMA, treinta y tres años después, la acción se ha vuelto a representar junto con otras piezas de la autora. Pero muchas cosas han cambiado. Ahora se van alternando los sexos de la pareja protagonista –hombre/mujer, mujer/mujer, hombre/hombre– , se le da al público una opción alternativa para quien no quiera pasar entre los desnudos, y las fuerzas de seguridad simplemente vigilan que no metan mano a los intérpretes. Tras la visita, la gente habla tranquilamente de la idoneidad de los modelos escogidos, de las semi-erecciones de ellos, del tono muscular de ellas, de las actuaciones. Todo se contempla con una mirada distanciada, entre lo teatral y lo científico, como de laboratorio escénico.

 

Pero más allá de los conatos de chismorreo tontorrón y de las críticas por convertir la performance –algo tan ligado al instante- en una acción repetitiva y automática, la Abramovic ha puesto patas arriba Nueva York con su muestra, titulada El artista está presente. Es bien conocida la afición de la creadora serbia por integrar el sufrimiento corporal en su trabajo artístico. En la pieza que da título a la exposición, permanece siete horas al día –desde el pasado 14 de marzo– sentada en una silla recibiendo a todo aquél que quiera sentarse frente a ella en silencio, sin límite de tiempo. Un archivo de Flickr alberga instantáneas de todos los participantes, incluyendo información sobre el tiempo que han permanecido con la artista. Las fotografías son excepcionales. Le recomiendo encarecidamente que se pierdan en ellas y naveguen por ese insólito océano de miradas espejo. Podrán incluso encontrar a Lou Reed, Sharon Stone, Isabella Rosellini o Björk como nunca los han visto.

 

Las propuestas de Abramovic sobre el cuerpo y la presencia son hoy más necesarias que nunca. En la era de las comunicaciones electrónicas, de lo virtual y las identidades múltiples –Imponderabilia ha sido recreada en Second Life–, el roce de la piel, la mirada a los ojos, el silencio, la lágrima, el sudor, la carne, han llegado lamentablemente a convertirse en factores de perturbación y extrañamiento para mucha gente.

 

El próximo lunes, 31 de mayo, el mismo día en que finaliza en Nueva York la exposición de Abramovic, es el QuitFacebook Day, la fecha que han elegido miles de usuarios para abandonar Facebook. Razones para hacerlo habrá muchas, tantas como para quedarse. Pero estoy convencido de que si en las redes sociales de internet pudiéramos mirarnos a los ojos unos a otros, tocarnos y decidir de qué lado queremos frotarnos, otro gallo nos cantaría.