Exilios reales

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El conde de Romanones, en la estación de El Escorial, el 15 de abril de 1931.

 

Como el actual rey emérito, Alfonso XIII abandonó España en secreto. La mañana del 14 de abril de 1931 el monarca encargó al conde de Romanones, ministro de Estado, que estableciera contacto con Niceto Alcalá Zamora y los dirigentes republicanos para tratar, en última instancia, de contener la marea republicana que había tomado las calles. La entrevista se celebró en casa del doctor Gregorio Marañón: allí se decidió el fin de la monarquía. A las tres de la tarde todavía se barajaba la posibilidad de formar un gobierno provisional para la convocatoria inmediata de unas elecciones generales constituyentes; a las cinco de la tarde se celebró el último Consejo de Ministros del antiguo régimen. Hubo resistencias, se barajó proclamar el estado de guerra, pero se impuso el traspaso de poderes pacífico que había pactado el ministro de Estado.

La salida estaba prevista para la mañana siguiente, pero Romanones, ante el cariz que iban tomando los acontecimientos, decidió adelantarse. Descartó la idea inicial de trasladar al rey a Portugal –lo que evitaba transitar por territorios proclives a la República– y comisionó al ministro de Marina, José Rivera y Álvarez de Canedo, para que le acompañase a Cartagena con toda urgencia. A las 20:30, salvando unas calles atestadas por una gran multitud, un automóvil llegó con discreción a las inmediaciones del Palacio Real. El monarca abandonó la que había sido su casa desde que nació por una puerta secreta del Campo del Moro. Desde Aranjuez, les escolta un coche de la guardia civil con un sargento y cuatro guardias. Hacen una primera parada en el campo para estirar las piernas y otra sobre las doce de la noche para cenar cerca de Albacete. A las dos de la madrugada, se detienen de nuevo para repostar. Al llegar a Murcia, el paso a nivel del tren está cerrado y quedan retenidos unos minutos. Varios curiosos se acercan y observan el interior del automóvil, en el que viajan el rey, su primo el infante Alfonso de Orleans, el ministro de Marina, el chófer y un ayudante. Al reconocer al monarca, saludan quitándose el sombrero, según recordó Rivera.

Sobre las cuatro y media llegan al puerto de Cartagena, donde son recibidos por el jefe del Arsenal, que da siete vivas al rey. Amanecía cuando suelta amarras el crucero Príncipe de Asturias, que trasladaría al monarca hasta Marsella. Alfonso XIII pidió subir al puente para ver su patria por última vez. Desde entonces y hasta su fallecimiento en 1941 vivió en hoteles de lujo de distintas ciudades, lo que sufragó con el dinero que tenía depositado en cuentas de Suiza e Inglaterra.

La familia real, sin embargo, había permanecido en el Palacio Real. A la misma hora en la que Alfonso XIII se despedía de España, varios vehículos, alguno con el rótulo de ‘mudanzas’, se apostaban en el patio de armas. A diferencia de la del rey, sí hay testimonios gráficos de la salida de su familia. Romanones dispone –para evitar concentraciones y tal vez incidentes en Madrid– que se dirijan en automóvil a El Escorial –territorio afín–, donde tomarán el tren con destino a Irún. Mientras llega el tren y se añaden los vagones necesarios para la comitiva, la reina se despide, emocionada, de los monárquicos que han acudido a despedirla. Solo, cabizbajo y meditabundo, Romanones contempla la escena sentado en un banco de la estación de El Escorial.

[Esta preciosa e histórica estación, inaugurada en 1861, se mantuvo muchos años, con los mismos bancos, hasta que una espantosa remodelación hará unos veinte años dejó inutilizada la sala de espera, condenó a los viajeros a un túnel dos plantas más abajo e instaló una puerta acristalada de acceso que se rompe varias veces cada invierno por el viento inclemente que baja del monte Abantos. Se conserva una torre de enclavamiento, sin servicio].

La reina Victoria se despide de sus acompañantes en las inmediaciones de El Escorial. FOTO: Díaz Casariego

El infante don Jaime, saluda a sus partidarios desde el tren.

Salida del tren de la estación de El Escorial.

El infante don Jaime, en el coche en el que viajó la familia real hacia su exilio.

El crucero Príncipe de Asturias, en el que Alfonso XIII abandonó España.

El coche en el que Alfonso XIII viajó a Cartagena, fotografiado horas después.

 

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Carlos G. Santa Cecilia
Carlos García Santa Cecilia (Madrid, 1957) es doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como redactor y ha sido subjefe de la Sección de Cultura de El País (de 1982 a 1990), ha sido redactor jefe del Área de Cultura de Diario 16 y escribió una sección diaria durante un año en El Mundo (1998). Actualmente colabora con Abc Cultural, entre otras publicaciones. Impartió clases de historia del Periodismo durante cinco años en la Universidad San Pablo-CEU, es autor de una decena de libros y ha comisariado varias exposiciones, entre ellas 'Joyce en España' y 'Corresponsales extranjeros en la Guerra Civil española'. Ha sido director de Comunicación de ‘Madrid, Capital Europea de la Cultura, 1992’ y de la Biblioteca Nacional. En la actualidad es jefe de la Sección de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y responsable de libros y ebooks de fronterad.   El mundo de los libros impresos y el de las bibliotecas (entendidas como grandes centros dinámicos depositarios del saber) se diluye ante el empuje de las nuevas tecnologías, como se derrumbaron en la Edad Media los scriptoria de los monasterios con la expansión de la imprenta. Tal vez a uno de esos desnortados monjes se le ocurrió recoger la pulsión de la atmósfera plácida, culta y decadente que había conocido con el ánimo del ángel psicopompo. Y hablar De libros raros, perdidos y olvidados.

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