Un cavallo nel cielo. Fabrizio Parrini

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Un cavallo nel cielo. Fabrizio Parrini (fragmentos)

 

No importa dónde pero fuera de aquí

Llueve desde hace días, sobre el mundo un cielo gris de diluvio universal.

Me encierro en el gran vestuario del gimnasio de fisioterapia.

Cuando los chicos confunden los colores, cuando los espacios que he predispuesto son ignorados, cuando hacen añicos, con rabia, las planchas del contrachapado y ya no sé qué más hacer, cuando ninguno me escucha y me siento inútil con mi normalidad, me encierro en la clase número ocho, con la cabeza entre las manos, intentando vencer mis ganas de llorar.

Me grito a mí mismo que quiero marcharme.

Escucho el rumor de la lluvia que golpea sobre la chapa de los prefabricados, mientras el viento hace temblar las ventanas caídas.

Pienso en la vida de ahí afuera, en toda esa gente ocupada que ni siquiera imagina cuánto dolor se amontona aquí dentro.

Respiro fuerte y voy a encontrarme con mis interminables seis horas, para intentar salvar algo de mi trabajo, de mi jornada, un solo gesto, un dibujo, una palabra.

 

 

 

 

 

La nave de los locos

Delante del aparcamiento del autobús la lluvia ha excavado el barro y otra lluvia ha formado un lago de agua amarilla donde flotan páginas de periódico, briznas de hierba y cáscaras de castaños de Indias.

Stefano ha clavado una tabla vertical sobre un recorte de contrachapado, con un pañuelo celeste ha hecho una vela y ahora trata de hacer navegar su embarcación sobre el charco sucio. Hace mucho viento, la pequeña nave está a punto de hundirse varias veces, se llena de agua, con un hilo pegado a su proa Stefano la guía a lo largo del laguito iridiscente por el carburante salido del motor de un coche.

La barca de Graziano es un viejo zueco de enfermera, blanco, pesado, sin vela ni hilo. Está plantado en medio del agua amarilla como una isla, el viento trata inútilmente de moverlo. Las hojas de los plátanos caen revoloteando como copos de nieve, dentro de poco la superficie del agua quedará cubierta completamente.

La barca de Stefano es veloz, desafía al viento. La barca blanca de Graziano no se mueve, se deja ver solamente como un trozo de mármol demasiado pesado.

Las dos barcas se ignoran, tienen direcciones opuestas, la de Stefano se ha desclavado y tiene la popa bajo el agua, el pañuelo se ha soltado y está secándose ahora sobre la hierba. La barca de Graziano, algunos días después, todavía está en el centro del lago que ahora ya no lo es, secado completamente por la tramontana.

 

 

El universo es blanco

Graziano ama el blanco y pintaría de blanco el universo.

Me explica que si una cosa es blanca es también limpia, clara, buena.

El blanco se ensucia sólo porque la gente es mala.

Tiene un proyecto para blanquear el mundo.

Las paredes del taller están sucias y grises, Graciano no lo soporta.

En la escuela no está por gusto, porque no hay amor por su color blanco.

Su padre lo ha perseguido por los campos con un palo, porque ha pintado el tronco de sus cuatro cerezos con esmalte blanco. Quería transformar los cerezos en un blanco acorde con las flores que habrían crecido en abril.

Marzia tiene la piel blanca, por eso para Graziano es la más guapa y la más buena.

No hay nada más bello que las nubes de verano y las nubes de verano son blancas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los pensamientos de Maura

Maura pinta y habla, nacen inquietantes muros negros que crecen en altura, más allá de los cuales no hay nada más que el blanco vacío de la hoja de papel.

Con las manos sucias de pintura trato de tomar apuntes mientras Maura me cuenta y divaga, no quiero que sus pensamientos se pierdan.

 

 

EL MURO (16 de febrero de 1978) 

Delante de mi casa hay un muro, no es negro, pero yo aquí lo pinto negro porque el ayuntamiento no nos ha comprado el color blanco, hay un muro y detrás está el mar, un huerto y un sitio donde hay gatos. El muro es alto como este, me gustaría saltarlo, subirme encima, pero mi mamá me dice que es mejor que no, porque podría hacerme daño, los gatos lo saltan son bonitos y afortunados ellos saltan el muro y ven el mar pero yo puedo pintar el muro y el mar, y los gatos ni siquiera saben que existen los colores.

 

EL CIELO (22 de febrero de 1978)

El cielo no lo pinto porque necesitaría demasiado celeste y Fabrizio no conseguiría nunca traerlo a la escuela. Además el cielo es tan alto que no puede llegarse nunca a él, y ya camino yo lo bastante mal en la tierra, así que figúrate si tuviera que caminar por el cielo, me daría miedo porque soy miedosa por naturaleza, así que el cielo lo dejo blanco, y hago como si no estuviera, porque el cielo es demasiado grande.

 

EL ROJO (22 de febrero de 1978)

He visto en la tele una montaña que escupe fuego y destruye las casas, los campos, las frutas, todas las cosas, luego escupe cenizas y no se puede respirar, la gente escapa y tiene miedo y el mundo todo arde entero bajo el fuego y se acaba todo. Yo pinto el monte escupe fuego grande grande para dar miedo a todos los que me dicen «Maura no andas porque tienes miedo y no porque te encuentres mal».

 

EL MAR (28 de febrero de 1978)

Yo al mar no puedo ir, no consigo flotar, tengo miedo, así que lo pinto de verde porque así se parece al prado de detrás de mi casa, que en el prado camino bien del brazo con las maestras. En el mar no sabría cómo hacerlo. La gente si se lo hago verde como el prado ya no podrá bañarse en verano pero esperemos que tengan paciencia.

 

EL AIRE (4 de febrero de 1978)

El aire es un sitio sin nadie donde se puede correr, desaparecer, saltar, es grande, es inmenso. El aire es un sitio donde no se siente pasar el tiempo, el aire no deberían tocarlo los hombres, el aire pasa por todas partes.

El aire es lo más ancho, es una extensión llena.

 

 

Toda la pena del universo

Fuera de las sesiones de escritura de Otello o de Maura está la existencia concreta de las cosas, el viento helado de esta tarde de febrero.

Salgo de aquí herido y cansado, sobre mí toda la pena de este universo real e imposible. Es como si no hubiera hecho otra cosa que soñar.

Me duelen los dedos de escribir para no perder sus palabras temerosas, torpes. Me gustaría dar voz a su mundo olvidado, romper su aislamiento como una piedra que resquebraja la superficie de un lago helado. Con ternura desgarro la película virgen de su insondable tristeza.

 

 

El viento hace escapar a las nubes

El viento se está calmando mientras Matteo, lentamente, entre el dibujo de un castillo y de una pequeña luna gris, escribe con su caligrafía que se le sube un poco hacia la derecha.

 

siento el silencio que me zumba en los oídos

en el cielo sólo hay una nube

detrás de este cielo hay otro y después otro más,

los niños discapacitados

necesitan ser abrazados

porque cuando está oscuro no pueden salir corriendo.

(Matteo)

 

 

De improviso he vuelto a hacer aquello que soy o sueño ser. He puesto la cabeza entre las manos, con los codos apoyados en el alféizar de la ventana y, con los ojos cerrados, me he reencontrado.

Tengo ganas de hablar del viento, de este lebeche que parece querer arrancar la escuela del suelo, hace que se golpeen las ventanas y dobla los plátanos, despojándolos de sus hojas.

 

 

el viento se siente pero no se puede ver

el viento sólo se ve cuando empuja

los árboles adelante y atrás

a veces me como el viento con la boca abierta

y se me llenan los pulmones de aire frío

los árboles se mueven y golpean en los cristales

escucho los pasos de la vigilante que limpia los pasillos. 

(Nico)

 

 

el viento hace escaparse a las nubes

trae la noche más rápido

las nubes corren como liebres desesperadas

la noche se come al día

y el viento continua soplando.

(Carlotta)

 

 

Nico se identifica con el viento, es el viento. Escribe con la ventana abierta porque no tiene miedo de afrontarlo.

 

 

yo barro todo afuera la gente escapa tiene miedo

me llevo los papeles y las cortinas las cometas de los niños

en los puertos hago bambolearse a las barcas desnudo a los pájaros

luego me vuelvo dulce y todo termina

luego soplo en los grandes campos de trigo

arranco los árboles enfermos

levanto el polvo y me llevo las nubes

por la noche soy ligero y dejo el puesto a la niebla.

(Nico)

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

un caballo en el cielo,

de verdad que lo he visto

pero como no había nadie

en aquel gran momento

no me han creído.

(Maura)

 

 

El título del libro es la síntesis de un sueño, el de Maura, poco antes del cierre de la escuela. Maura había soñado un caballo alado, viejo y gris, pastando libre en las nubes. Nadie la creyó cuando intentó convencernos de que a veces también se encuentran caballos paseando por el cielo.

Yo decidí creerla y, desde aquel día, formo parte también de su sueño. He inventado para ella las mentiras más dulces e impúdicas.

El título del libro es un homenaje a la frágil Maura. Vacilante y siempre cercana al desasosiego. Maura enamorada de los caballos, que en su imaginación saltan obstáculos y dificultades. Maura que se sentía perdida sólo con pensar en atravesar el prado que hay frente a la escuela.

El contenido del libro es el diario de un viaje al dolor y la ternura de un torpe profesor de pintura de los cursos de tarde, organizados por el Ayuntamiento para la escuela primaria, convertido en monitor y ceramista de los cursos, sin haber visto nunca un horno de cerámica, en una de las últimas escuelas especiales para discapacitados.

He escrito este pequeño libro para manifestar mi agradecimiento a los niños de la Speciale di Via Pasubio, de Cecina, que me han hecho vivir una experiencia que ha cambiado profundamente mi vida.

Yo les he enseñado a ellos cómo tallar la madera, cómo usar los bolígrafos, los pinceles y las palabras, cómo inventar de la nada un espectáculo de marionetas. Pero lo que ellos me han enseñado a mí va mucho más allá. Y no hay palabras para contarlo.

Fabrizio Parrini. (Prólogo del libro).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Fabrizio Parrini nace en Rosignano Marittimo (Livorno, 1951). Se licencia en Literatura y ejerce de profesor de Dramaturgia y Escritura para la Escena en la Escuela Municipal de Teatro Artimbanco, de Cecina (Livorno), desde 1995 hasta 2003. En ese año funda –junto con Roberto Veracini, y Michele Bracciali– el Teatro dell’Anima, que tuvo su sede en la iglesia de San Dalmazio en Volterra y fue una experiencia única de teatro de la palabra y del verso, con cientos de lecturas escénicas en todas las ciudades italianas, actuando en teatros, iglesias y plazas.

Su debut literario fue Canti per La Scena (Loggia De Lanzi Ed., 1996), una serie de textos y canciones para el teatro. Algo más tarde aparecerá Un cavallo nel cielo, escrito en 1996 y publicado en 1997 en la colección Sonzogno de Rizzoli, un pequeño libro en el que alterna admirablemente verso y prosa, en forma diarística, y con el que obtuvo un inesperado éxito –según él mismo declaró– ganando el premio Nuovi Talenti 1997.

En la actualidad enseña Historia del Arte en el Instituto de Enseñanza Superior G. Carducci en Volterra, y desde 2015 retomó su actividad como profesor de dramaturgia y autor de obras teatrales para la escuela Artimbanco. En paralelo al ejercicio de la docencia, ha escrito y publicado obras poéticas, novelas y varias piezas teatrales, obteniendo entre otros el Premio Montale de poesía inédita, en la edición de 1999 y el Cesare Pavese en el año 2000. En el ámbito teatral y acompañado por varios músicos, ha puesto en escena en los últimos años más de un centenar de lecturas públicas de sus versos, actuando en teatros, iglesias, sinagogas y salas de exposiciones.

Entre sus obras se encuentran Anghelos. Il cercatore di angeli (Edizioni Il Vicolo. Cesena, Emilia-Romagna. 2009) serie de textos poéticos dedicados a los ángeles; los espectáculos teatrales Estudio para una crucifixión (2017) y Cassola Cantos (2016-1017); Scespir (Edizioni Il Vicolo. Cesena, Emilia-Romagna. 2016-2017) basado en textos de Shakespeare que Parrini adapta a un idioma inventado por él mismo, el fluminense; Poemi sui giganti (Edizioni ETS. Pisa, Toscana. 2018), una colección de monólogos teatrales dedicados a distintos poetas. Ha coordinado así mismo las ediciones de las biografías: Carmelo Bene. Il teatro del nulla (2014), Emil M. Cioran. L’angelo sterminatore (2020) y Cesare Pavese. Il mestiere di scrivere (2021), todas ellas para Edizioni Clichy (Florencia).

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[ Un cavalllo nel cielo (Sonzogno – Ed. Rizzoli–Corriere della Sera, 1997) permanece inédito en nuestro país. La selección y traducción de los presentes textos ha estado al cuidado de fernando fuentes, autor de las imágenes y vídeos que acompañan esta entrega de la nube habitada. En estos días está preparando la primera edición en castellano de esta obra de Parrini, que será publicada este próximo otoño, por producciones efímeras ]

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