Falta de atención, o decir lo que existe

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No nos dieron el premio Nobel, y creo que nos lo merecíamos. Pero se lo han concedido a dos periodistas admirables, María Ressa y Dmytry Muratov (y con él a los seis periodistas de Nóvaya Gazeta asesinados, entre ellos la añorada Anna Politkovskaya). María Ressa recordó cuando, perpleja, supo la noticia, que “un mundo sin hechos significa un mundo sin verdad ni confianza. Y sin verdad ni confianza no puedes luchar contra el coronavirus. No puedes luchar contra el cambio climático”. Ya advirtió Hannah Arendt que un país donde no hay hechos, solo opiniones, está condenado. La famosa diatriba de Nietzsche de que no hay hechos sino interpretaciones nos conduce a un mundo en el que se puede cuestionar todo, desde el Holocausto a la persecución de los rohingyas en Birmania y los uigures en China. En el primer tercio del siglo XX, la pensadora alemana Hannah Arendt, que tuvo que refugiarse en Estados Unidos de la mancha nazi, ya señaló que durante mucho tiempo no se creyó que la mentira organizada pudiera llegar a ser un arma poderosa contra la verdad. Vemos ahora donde estamos, con Trump, Johnson, Putin y Xi Jinpin, y el ensordecedor estruendo de las redes sociales. Lo que hizo Herodoto, y Arendt evoca: “decir lo que existe”, es nuestro mayor afán. Algo tan sencillo, algo tan difícil en estos tiempos en los que hay que luchar por lo que es evidente, como que la tierra no es plana. Recuerda Arendt que los hechos y las opiniones pertenecen al mismo campo, no son antagónicos entre sí, aunque deben mantenerse separados. Y añade que los hechos dan origen a las opiniones y las opiniones ganan legitimidad cuando respetan la verdad. Por eso el tinglado se vuelve farsa cuando se defiende la libertad de opinión sin que haya libertad de información, sin que una prensa independiente pueda interpelar al poder, hacer un escrutinio riguroso, cumpliendo con nuestras normas deontológicas, de todos los poderes. Por eso me gusta insistir en que para ser implacables nosotros como periodistas debemos ser impecables. Por eso la verdad está en el eje de nuestra misión, que es la de apoyar y defender a quienes se juegan la libertad o incluso la vida por contarla. Como hace la buena prensa. Las opiniones son libres, los hechos han de ser incontestables. Hasta que nuevos datos corroboren o desmientan fehacientemente lo que sabíamos. Arendt recuerda que la verdad no estuvo nunca entre las virtudes políticas, pero en el periodismo es insoslayable. Solemos decir que sin periodismo, es decir, sin libertad de prensa, no hay democracia. Sin verdad, estamos perdidos.

Y para decir la verdad, para contar la riqueza de la realidad, hay que ir a los sitios (no fiarse de las pantallas que todo lo filtran), y hay sobre todo que prestar atención, que es lo que pide la premio Nobel de Literatura Wislawa Szymborska en un poema que titula precisamente así, Falta de atención:

 

“Ayer me porté mal en el cosmos.

Viví todo el día sin preguntar por nada,

sin sorprenderme de nada.

(…)

Ningún cómo, ningún porqué,

o de dónde ha salido éste,

o para qué quiere tantos impacientes detalles.

(…)

La Tierra giraba sobre su eje

pero en un espacio abandonado para siempre.

 

Duró sus buenas 24 horas.

1.440 minutos de ocasiones.

86.400 segundos que mirar”.

 

Llegué a la vicepresidencia de Reporteros Sin Fronteras en 2013, y pese a mis reiterados ruegos años después de que me dejara ir para dedicarme a mis pasiones periodísticas a tiempo completo, Malén Aznárez logró que dilatara tanto mi marcha que la que lamentablemente se fue antes fue ella, y a un lugar del que no sabemos nada. Fue en el tanatorio donde Macu de la Cruz y Rosa Meneses me mostraron unos garabatos hológrafos de Malén en el que decía que nadie mejor que yo para sustituirla en la presidencia. Me embaucaron. Y nunca, o casi nunca, a pesar de los pesares, me arrepentí de esa decisión, aunque ni Macu sigue como vicepresidenta ni Rosa como secretaria general. Desde aquí, mi agradecimiento por sus artes de seducción y por la entrega de ambas a Reporteros Sin Fronteras.

Se cumplen ahora cuatro años de mi llegada a la presidencia de RSF. No han sido años fáciles, sino todo lo contrario. En este período yo perdí a una íntima amiga y la organización a una extraordinaria vicepresidenta, Alicia Gómez Montano. No dejo de echar de menos su humor vitriólico, su inteligencia afilada y su pasión por RSF. En este tiempo perdimos también a la persona que con su inmensa generosidad hizo que RSF aguantara contra viento y marea, y por eso, pese a su amor por la discreción, voy a decir su nombre, solo su nombre, Victoria. Muchas gracias por todo lo que has hecho por nosotros. La crisis también la castigó, y ha decidido volcar su generosidad en la lucha contra la mutilación genital femenina y el matrimonio forzado de niñas y adolescentes. Perdimos también nuestra sede en el Centro Internacional de Prensa. Tras la hospitalaria acogida de la Asociación de la Prensa de Madrid la APM nos alquiló un hermoso local a precio razonable en el Palacio de la Prensa de la Plaza del Callao, pero estalló la pandemia y tuvimos que desmontar la sede sin haberla gastado.

Son muchas las personas que me han ayudado en estos cuatro años a ser menos malo y a equivocarme menos, y quisiera mencionarlos a todos, aunque alguno se me quedará en el tintero. No quisiera ponerme ni estupendo ni sentimental, pero sin la complicidad, el desvelo, la sagacidad y el cariño de Edith Rodríguez Cachera y Pilar Bernal, las dos vicepresidentas, este carguero se hubiera ido a pique. Hemos sufrido mucho, pero nos hemos reído más. Ha sido un placer, y añoraré nuestros días interminables, con riesgo mortal para nuestras parejas, que no entendían que diéramos tanto por una organización que no nos daba un doblón. Y junto a ellas, Alfonso Bauluz, un secretario general que recogió la organización de un callejón sin aparente salida en el que un tesorero de cuyo nombre sí que no quiero acordarme nos había metido. Las cuentas de las que enseguida hablará dan cuenta (esta redundancia es necesaria) de que ha logrado lo que parecía imposible. Porque sin nuevas donantes espléndidas y los mil socios que mi delirio de noviembre de 2017 me hizo albergar, íbamos al desastre. Mi tocayo no solo saneó los costes salariales y los gastos absurdos, sino que deja la organización niquelada para que la nueva presidenta la lleve a aguas más templadas y ojalá con más recursos para acometer todo lo que ya hacemos con muy poco. A los tres, Edith, Pilar y Alfonso, muchas gracias.

Queremos seguir siendo una sección independiente, como así se votó en asamblea, y hay que seguir buscando fondos para que eso sea posible sin que París nos marque el rumbo, aunque quiero aprovechar también para dar las gracias al secretario general, Christophe Deloire, por su aliento y apoyo desde la distancia, así como a todo su equipo, con especial mención a Pauline Adès-Mével, además de Thibaut Bruttin, Antoine Bernard, Diana Guzmán, y todo el equipo de asistencia, que tanto nos respalda en nuestras acciones sobre todo en América Latina, por eso quisiera mencionar también a Emmanuel Colombié y Artur Romeu, de la oficina de Río, que de forma tan decisiva nos ayudan en el programa de acogida de periodistas latinoamericanos amenazados, que con la ayuda financiera del ayuntamiento de Madrid acaba de iniciar su cuarta edición. Periodistas de México, Venezuela, Colombia, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Cuba se han beneficiado de una iniciativa que nos permite, gracias a sus testimonios en primera persona, encarnar lo que significa de verdad la libertad de prensa, de lo importante que es el periodismo, y de su ejemplar coraje. Gracias en este sentido a José Antonio Guardiola, que dentro de la junta ha asumido la tarea de pastorear este programa, y a Rosa Isela Pérez, que con una devoción inagotable lo hizo funcionar. Su testigo lo ha recogido Mar Zurita, de nuestra organización amiga Enraíza Derechos, que nos está enseñando cómo gestionar mejor. Gracias a los tres. Gracias también a los miembros de la junta directiva, que han hecho todo lo que han podido por la organización, como Ebbaba Hameida, Gervasio Sánchez, Marta López, Mayte Carrasco, Alejandra Angulo, Carmen Rengel y Ángel Martínez. Muchas gracias también a las secciones en las que siempre hemos encontrado aliento y ejemplo, empezando por Alemania (mención especial para su director, mi querido Christian Mihr) y todas las demás, Suecia, Finlandia, Austria y Suiza.

Quisiera mencionar también a Elena Hernández Soria, que al frente de la oficina de RSF, provisionalmente instalada en su propia casa, con una montaña de archivadores y papeles, ha mantenido vivo el flujo y la actividad de la organización, y con quien siempre me he entendido bien. Y junto a ella a Florence Turbet-Delof, nuestra flamante jubilada, memoria viva (junto a la presidenta honoraria, María Dolores Masana) de RSF-España, y la primera voz amable que muchos periodistas en situación de extrema necesidad escuchaban. Muchas gracias también a la impagable supervisión contable de José Manuel de Lucas, entusiasta de RSF, que nos ha ayudado a cuadrar las cuentas. Muchas gracias a los tres, que sumo, aunque con un punto agridulce, a nuestra ex jefa de prensa, Malena Mangas, a quien debemos en buena medida el aspecto de nuestra web, y a Lucía Campoamor, que por razones que no vienen al caso ya no forman parte de los equipos de trabajo, que por cierto se han visto nutridos por un elenco de becarias que con su entusiasmo y pasión nos han hecho mejores y más eficaces, como Elefetheria Tsaliki, Camila Marinone, Sandra Blanco, Francesca Giannaccini, Cristina Gironès, Lidia López, Gemma Chaparro, Elena Muller, Sonia Arias, Sofía Nicolás, Alba Vivancos o María Rodríguez, y voluntarios tan profesionales como Eduardo García Cancela.

Podría y acaso debería extenderme, pero voy a dejar que sea Alfonso Bauluz quien hable de las cuentas (y tal vez una mención a su labor de portavocía de las familias de Roberto Fraile y David Beriain, cuyo asesinato en Burkina Faso nos estremeció), Edith de proyectos tan valiosos como el de los podcasts de nuestros periodistas de acogida (Vivir para contarla), y Pilar del chaleco digital (idea que surgió del cráneo privilegiado de Bauluz) y de la campaña para sacar de Afganistán a colegas en peligro que ha impulsado con un tesón incomparable.

Estamos vivos, creo que más vivos que nunca. El prestigio que tiene la sección española de Reporteros Sin Fronteras es precioso, y no se puede malbaratar. Nuestra misión es clara. Mientras ultimaba estas líneas, Bauluz (fiel a su espíritu de agenciero) fue el primero en comunicarme que Forbiden Stories acababa de recibir el primer premio Dafne Caruana del Parlamento Europeo. Uno de los hijos de Dafne, Matthew, nos acompañó en una de las presentaciones de nuestro informe anual. Forbiden Stories lucha para que las investigaciones que asesinatos como el de Dafne pretenden silenciar sigan adelante y la verdad resplandezca.

Me gustaría terminar mi informe de despedida con la más calurosa bienvenida a la nueva presidenta, Aurora Mínguez, con mis mejores deseos para que amplíe la influencia, el número de socios y el buen nombre de Reporteros Sin Fronteras, y con ella a los tres nuevos vocales que vienen tras su estela, Íñigo Alfonso, Carlos Hernández y Lula Gómez. No os va a faltar tarea. Sé que tiempo no es lo que más os sobra, pero en RSF siempre hemos intentado sacarle el mejor partido a las capacidades y posibilidades de cada uno, y vuestro talento os precede. Yo seguiré como socio de Reporteros Sin Fronteras hasta que la muere nos separe, a disposición de la junta directiva para lo que tenga a bien encomendarme, pero sin ningún galón ejecutivo. Ya me habéis aguantado lo bastante. Muchas gracias. Ha sido un placer.

 

(Recreación de la vigilancia permanente a que fue sometido Ai WeiWei durante 81 días en China. Sus guardianes no le perdían de vista ni cuando iba al cuarto de baño, y vigilaban tanto su vigilia como su sueño. Actualmente forma parte de la gran exposición que se celebra en la Cordoaría Nacional de Lisboa).

 

Texto de despedida ante la Asamblea General de la sección española de Reporteros Sin Fronteras al término de mis cuatro años como presidente. Madrid, 14 de octubre, 2021

 

 

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