Finea en los camerinos de Cabezas de cartel

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Va y me dice Marcelo que soy una cobarde y que no me atrevo a meter a mi madre en los camerinos de Lagrada y luego ponerla a ver Cabezas de cartel de Perigallo Teatro… ¿Qué no? ¡Pues claro que me atrevo!

No sé si lo sabes, y si no lo sabes, te lo cuento yo, que mi madre ha venido a visitarme desde Almagro porque le dije que tenía que ver Cinco horas con Mario, que es una obra muy de madres… Pues ya, de paso, le he propuesto quedarse unos días. A Marcelo esto le ha sentado a cuerno quemado, porque dice que el supermercado es suyo… Pero, bueno, “¿acaso lo has comprado?”, le dije ayer

No sé si lo sabes, y si no lo sabes, te lo cuento yo, que soy una murciélaga. Y, por tanto, mi madre, que se llama Celestina (a todos en Almagro nos ponen el nombre por los personajes de las obras que ven en el Festival, qué se le va a hacer), es también una murciélaga.

Así que, delante de Marcelo, agarré a mi madre de una oreja (que las tiene muy grandes, para escucharme mejor) y me la llevé a Lagrada. Entramos sigilosamente cuando la encargada de la sala abrió la puerta de la calle un momento. Y entonces nos metimos en camerinos. No fue difícil encontrarlos. En un teatro pequeño está todo a mano. Allí, en camerinos, estaban Celia Nadal y Javier Manzanera, actriz y actor de Cabezas de cartel, hablando de sus cosas de antes de comenzar la función…

No sé si lo sabes, y si no lo sabes, te lo cuento yo, que esto de meterme en los camerinos lo he aprendido de Marcelo, que se cuela en ellos y escucha de todo… Y, como somos murciélagos, no nos produce nada ver a un actor o a una actriz en paños menores. Así somos nosotros, los murciélagos.

Cuando mi madre y yo entramos y nos colgamos boca abajo de un saliente del techo, Javier estaba hablando…

JAVIER.- Pues, venir a Madrid, y venir a Lagrada, en concreto (pues es nuestra casa desde hace 20 años) siempre es estimulante. De hecho, todas nuestras obras, hasta que no las traemos a Lagrada, pues como que no terminan de estrenarse. Y por el tema del que habla esta en concreto, tenemos especial interés en que llegue al gremio teatral madrileño, porque al de provincias, allá por donde vamos pasando, va llegando…

CELIA.- Manzanera, ¿qué habíamos dicho?

JAVIER.- ¿Qué habíamos dicho?

CELIA.- ¿Qué habíamos dicho de romper la cuarta pared?

JAVIER.- ¿En camerinos hay cuarta pared?

CELIA.- ¿Con quién hablabas?

JAVIER.- ¿Yo?

CELIA.- ¿Con el público?

JAVIER.- Celia, en camerinos no hay público…

CELIA.- Ya, ya…

JAVIER.- Parece mentira que te tenga que decir esto…

CELIA.- Ya, ya… Claro, claro…

JAVIER.- Y, bueno, pues entramos en la segunda semana… Arrancamos con muchas ganas de darle con todo a lo que venga por la puerta, y también con una sensación diferente, tenemos la sensación de que puede pasar algo, de que podemos en un momento dado penetrar un poquito más allá con lo que estamos contando. Quizá todo quede en una cosa íntima, y también sería maravilloso; pero bueno, este sentimiento, en general, va más allá del deseo de querer petarlo, es algo que está ahí en el ambiente y que…

Dejé de escuchar a Javier, porque mi madre empezó a roncar. Es algo que le pasa, que a veces se duerme y se pone a roncar, y la tengo que llamar para despertarla… Sí, cuando hablamos entre nosotros los murciélagos, los humanos piensan que oyen cigarras, o grillos; pero no, ¡somos nosotros! Llamé a mi madre y noté cómo Celia miraba al techo. Entonces me quedé muy quieto. ¿Nos había descubierto? ¡Maldición! No me gustaría nada que nos vieran, porque, claro, a saber cómo reaccionarían si se dieran cuenta de que tenían no a una, sino a dos murciélagas (muy guapas, por cierto) colgando del techo del camerino… Quizá incluso dijeran que en el teatro no limpiaban… Nada… No nos vio. O, si nos vio, no pareció importarle… Tal que Celia estaba mirando al techo, se puso a pensar y a hablar…

CELIA.- Pues ahora que caigo, en Madrid hemos hecho todos nuestros montajes aquí, en Lagrada. Y luego alguno en el Lara, en la sala pequeña

JAVIER.- Y en el Teatro del Arte.

CELIA.- Y en el Nuevo Alcalá.

JAVIER.- Es verdad, allí también . ¿Con quién hablas? ¿No estarás ya rompiendo la cuarta pared, Vidal?

CELIA.- ¡Que no me llames Vidal fuera del escenario! ¡Que en la vida real soy Nadal!

JAVIER.- Muy bien, Nadal, muy bien…

CELIA.- ¿Con quién voy a estar hablando? ¡Si aquí no hay nadie más! ¿O hay alguien más aquí?

Ahí me entró el tembleque. ¿Nos habría descubierto y era una pregunta retórica? ¿Lo decía para que la escucháramos? Traté de nos respirar. Mi madre roncó de nuevo… “¡Mamá!”

CELIA.- Lo que está pasando con esta función es mágico… Ayer estuvimos hablando con un profesional de las artes escénicas, y nos dijo (nos encantó que lo dijera) que la función le había vuelto a despertar la ilusión por un proyecto que tenía… Y de repente vienen actores a vernos y dicen que han recordado algo que les venía muy bien recordar… Igual que nos ha pasado a nosotros haciendo y escribiendo esta función, que nos emocionamos y… Todos quieren retomar sus proyectos… Que suceda esa unión con los colegas, con la gente de la profesión, es fundamental… Y aquí, pues pasa más, porque viene más gente de la profesión, más que en un pueblo de Valladolid…

“¡Mamá!” La tuve que llamar a gritos. Me estaba poniendo nervioso tanto ronquido, y no me dejaba ni oír lo que estaba diciendo Celia…

Pero entonces Celia volvió a mirar en la dirección en la que estábamos y ya no sé lo que dijo, porque me asusté tanto que agarré a mi madre por una oreja (que las tiene muy grandes, para oírme mejor) y me la llevé a la sala. La puse a roncar colgada de una de las varas de focos, hasta que empezara la función y yo me fui a merodear por la taquilla por si acaso Celia había ido a decir algo a la encargada de la sala sobre nosotras… Pero no, quizá no nos había visto… No sé. No sé si quiero saberlo…

El público había entrado. Me colgué al lado de mi madre. Le di un buen tirón de orejas para que se mantuviera despierta toda la función, y comenzó Cabezas de cartel

Finea, la murciélaga

 

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El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.

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