Finnegans Wake

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Lo próximo va ser que Pablo comience a llamarle Hediondo, y, una vez instalado en Invernalia, nombre con el que una comisión de expertos habrá renombrado a La Moncloa, España pase a llamarse los diecisiete (o diecinueve) reinos...

 

Le ha dicho Pablo a Pdr que la prepotencia es mala para negociar. Se está empleando a fondo el vice con el presi, como jugando a Juego de Tronos (su inspiración), en la parte aquella en que un bastardo cruel y sanguinario (no recuerdo el nombre) vacía de toda honra al felón Theon Greyjoy. Lo próximo va ser que Pablo comience a llamarle Hediondo, y, una vez instalado en Invernalia, nombre con el que una comisión de expertos habrá renombrado a La Moncloa, España pase a llamarse los diecisiete (o diecinueve) reinos. Si esto sucede ni siquiera en el pacto sino en el preámbulo, si Pdr es vejado de este modo en el aperitivo que para Pablo es la merienda, cualquiera puede imaginarse lo que podría ser esa vicepresidencia fantástica y distópica. Muchos nos imaginábamos una legislatura dinámica con la llegada del podemismo y el ciudadanismo como regeneradores de la vida política, una legislatura sana en la que cada uno recibiera lo suyo, pero es que Podemos no venía a remover la olla (un efecto positivo y deseable en aquellos tiempos de indignación) sino a volcarla. La prepotencia es mala para negociar, dice Pablo, siempre que sea la de los demás como los escraches, que en este caso no dignifican la democracia. La olla está ya vertida como si estuviera llena de conceptos que ahora están patas arriba donde Pablo respira, es su hábitat, mejor que nadie. Los medios, los parlamentos, convertidos en aulas (más bien pasillos) de Somosaguas, y la casta, más casta que nunca en la dejación política de Rajoy y en la perplejidad, ¡perplejidad!, de Hernando, desnortada. Mientras tanto en Podemos siguen work in progress, ha dicho Pablo, que es como llamaba Joyce en el proceso de escritura a su libro que después fue intraducible: Finnegans Wake. Yo les veo a todos, a los podemitas, reírse por todas partes. Decían que Pablo no se reía nunca y es como si se estuviera resarciendo. Yo en su lugar tampoco pararía.