Galimatías jurídico en el ataque a Libia

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Trasnochadamente, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que autoriza a “utilizar todas las medidas necesarias” para proteger a la población libia. En lenguaje llano, autoriza a atacar a Gadafi.

 

Ahora bien, hubo que convencer a rusos y chinos para que no votaran en contra  y para ello se precisó acomodar el texto. La resolución faculta a la coalición formada y liderada por Francia a crear una zona de exclusión aérea que no permita volar a los aviones de Gadafi y también recoge que se haga lo preciso para proteger a la población pero no autoriza a ocupar el país y tampoco se pronuncia por el derrocamiento de Gadafi.

 

Proteger a los libios tiene mucho de ambigüedad, ¿como los proteges?, ¿hasta donde pueden llegar tus ataques a los aviones y tanques del gobierno de Gadafi? Era previsible que tarde o temprano, Rusia, China y algún árabe criticarían la forma como las incursiones contra Guedaffi se llevaban a cabo. Ha sido más temprano que tarde. El secretario general de la Liga Árabe, Moussa, partidario, sin embargo, desde hace tiempo de la exclusión aérea, y portavoces rusos y chinos ya han comentado que los aliados se están excediendo, que están yendo más allá de lo que la resolución establecía.

 

Estados Unidos ha sido prudente. Obama anuncia que en ningún caso enviará tropas a suelo libio y reitera que  el papel de Estados Unidos es de apoyo a los europeos. Una actitud sabia, si Washington fuera el protagonista absoluto de la incursión las protestas de los disidentes y escépticos arreciarían. Que Estados Unidos reduzca su visibilidad es bueno para el éxito mediático y político de la operación.

 

Los sublevados libios, por el contrario, no piden moderación en los ataques. Pregonan que no quieren tropas extranjeras en su país, ni siquiera para ayudarles, pero ruegan, insisten, suplican que los aliados deben continuar golpeando a Gadafi. En esta semana se percataron con creces de que sus armas eran tirachinas frente a las potentes del líder libio. Este anuncia de nuevo un alto el fuego que probablemente será tan fullero como el anterior. Algo ha variado, con todo, muchas de sus defensas antiaéreas y un puñado de sus tanques han sido puestos fuera de la circulación. Le ha visto las orejas al lobo y ahora debe querer ganar tiempo.

 

El resultado, en estos momentos, es incierto. Si franceses, británicos, daneses, canadienses,italianos españoles…,y hasta dos países árabes que se han unido a la coalición, no dejan con rapidez inerme o muy debilitado al déspota libio, las protestas en el mundo aumentarán, sobre todo desde el momento en que los bombardeos causen bajas civiles. Hasta ahora parece que se han evitado pero un descuido o un fallo de un avión causará, como siempre en estos casos, una pequeña tragedia. La precisión absoluta es imposible y Gadafi se encargará de colocar aviesamente su potencial de fuego en zonas archipobladas y,luego, de explotar, exagerándola, cualquier baja en la población en la población civil.

 

El impacto de unas fotos bien utilizadas y las crónicas lúgubres que llegarían desde allí harían crecer la repulsa en parte del mundo y las dudas en la población de los países liberadores. Para la coalición actuar con celeridad es fundamental.   

Inocencio F. Arias es un veterano diplomático y frecuente colaborador en los medios de información. Ha tenido cargos destacados con diferentes gobiernos: embajador en la ONU con el PP, Secretario de Estado y Subsecretario con el Gobierno anterior del PSOE y Portavoz del Ministerio de Exteriores con tres distintos ejecutivos de la democracia; UCD, PSOE y PP. En la ONU presidió el Comite Mundial contra el Terrorismo y la Asociación de Embajadores. Ha sido profesor en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. En su única escapada a la empresa privada fue Director General del Real Madrid. Ha escrito libros: Confesiones de un Diplomático (Planeta) y Tres Mitos del Real Madrid(Plaza-Janes) y en colaboración con Eva Celada La Trastienda de la diplomacia (Plaza-Janes). A mediados de 2012 publicó también en Plaza y Janés Los Presidentes y la diplomacia. Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero que actualmente está en su tercera edición.