Gallinismo

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Habrán visto en alguna parte, en la televisión sin ir más lejos, a las habitantes del santuario “Almas veganas”. Se definen como “comunistas libertarias”, “antiespecistas abolicionistas”, “transfeministas interseccionales”, “asamblearistas” y “ecologistas anticapitalistas”, aunque seguro que se me olvida alguna otra característica importante. Se enorgullecen, entre otras cosas, de haber acogido a un macho cabrío, al que previamente le cortaron los testículos, y de darle así una vida digna como “persona”. Imagínense la felicidad como persona de un cabrón sin testículos viviendo con la familia Manson. Pero han saltado a la fama porque han decidido separar a los gallos de las gallinas para evitar que aquellos las violen. Es el amanecer del gallinismo. Yo como transmachista (o transgallista) unidireccional (una rama lejana del alma vegana), no sé si esta es la mejor solución. De hecho, creo que es una solución terrible y traumática, del estilo del corte caprino-testicular. Esto el veganismo antiespecista anticapitalista internacional, aunque sea un poco conservadurista y le guste el jamón y el tenis como a mí, no lo puede permitir. No sé si Karl Marx dejó escrito algo al respecto. Quién sí trató el asunto fue Manolo Kabezabolo en su conocido tema “El aborto de la gallina”. Yo creo que se debería optar por el diálogo. Hay que ir directamente al cerebro del gallo y reeducarlo. Hay que decirle que la gallina sufre con su brusquedad de gallo. Que está equivocado. Que toda la especie y la naturaleza han estado equivocadas siempre. Y que debe abandonar sus hábitos, amputarse los espolones o, por ejemplo, dejar de andar por el gallinero con esas ínfulas. La actitud es fundamental para la normalización de las relaciones gallináceas. Hay que convencer al macho por la vía del diálogo. Y, de no resultar, pues entonces recurrir al corte de cuello como de testículos al chivo: por machista. Las personas (“persones” en lenguaje de género tonto) se entienden hablando, ya se sabe. Y si no, se soluciona todo con un buen tajo abolicionista. La separación de los gallos y las gallinas, sólo por la existencia de unos pocos gallos violadores, desde el punto de vista psicológico-galliforme podría ocasionarles importantes traumas de consecuencias imprevisibles para aquellas. El transfeminismo libertario debe reconsiderar su decisión de ruptura. La intersección del ecologismo comunista es en esencia un diálogo social antiespecista que reclama consensos y acuerdos de máximos. Lo salomónico no tiene cabida en la asamblea. Hay que hablar o decir cococó y kikirikí. Los humanos o humanes que muevan las manos y los gallos que muevan las crestas. Yo apuesto por una educación pública y de calidad de los gallos, en lugar de por una separación fascista, que es lo que parece esa idea tan poco elaborada e impropia de tan hermosas almas veganas. Yo creo que deberían volver a invitarlas a la televisión para que puedan matizar su mensaje. Un mensaje de esperanza para la humanidad.

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