Gansadas, torpezas, rastas y palizas

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Muy buenas a todo el personal. Perdón por el retraso. Recién inaugurada esta etapa política, observo que los nuevos –bastantes de ellos hablan con más soltura, menos miedo e incluso me atrevo a decir que, de momento, con más corrección. Y eso que algunos parecen sucios y llevan ¡rastas!…

 

 

Muy buenas a todo el personal. Perdón por el retraso. Recién inaugurada esta etapa política, observo que los nuevos –bastantes de ellos hablan con más soltura, menos miedo e incluso me atrevo a decir que, de momento, con más corrección. Y eso que algunos parecen sucios y llevan ¡rastas!…

 

Seguimos oyendo las mismas frases torponas por todas partes. Un líder sindical, el otro día dijo en la radio sobre un conflicto laboral en Tragsa: “Se van a poner en la calle unos mil doscientos trabajadores”. Es decir, en castellano, mil doscientos trabajadores se van a plantar en la calle, seguramente a protestar. Con lo fácil que es decir “se va a poner en la calle a…”. O bien, eliminar el reflexivo y: “Van a echar a la calle a…”.

 

Otro, este era político –la verdad, no recuerdo su nombre habló del “derecho de poder intentar formar gobierno”. ¡Derecho de poder! ¡Tres infinitivos seguidos! Hemos topado con el misterioso problema de los hablantes de español con el querer y el poder, que se anteponen a todo. Y el 16 de diciembre leí en la web de El País este titular: “Rajoy rehúye ahora de hablar de pactos electorales”. Rehúye de: creo que no es la primera vez que lo comento y no quiero dar la brasa, pero hay que elegir; o se huye de algo o se rehúye algo. Supongo que en la edición de papel lo cambiarían.

 

Aunque últimamente hay menos colapsos (incluso he oído a alguien decir desplome), seguimos haciendo el ganso con el inglés. Por ejemplo, oí en la SER hace muy poco a un entrevistado decir: “Hacemos market share; ya que market share quiere decir cuota de mercado, no lo encuentro bien ni en inglés, porque la cuota de mercado se tiene, se consigue,  se aumenta, se mantiene, pero no se hace; en este caso, la traducción es facilísima, clara, inequívoca y dos letras más larga. O sea, que es sólo esnobismo de vía estrecha.

 

Otra cosa que me llamó la atención fue la frase, también en una emisora de radio: “…a correr, lo que ahora se llama running. Es literal. Esta persona denota con la frase una especie de complejo de inferioridad lingüístico, y parece creer ingenuamente que ahora se dice de esa otra forma. Qué pena que no se le pasara por la cabeza, al menos, apuntar: “lo que en inglés llaman running”, o “lo que algunos llaman running”. Por la cosa del decoro del lenguaje.

 

Aunque parezco nueva; con la paliza que llevo dando desde hace años con el famoso mobbing o mubin, que Dios confunda (y que efectivamente parece que ha confundido porque se oye bastante menos).

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.