Genius loci

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Visto desde el aire, mi país es una almazuela parda, verde, ocre y gris, más el fulgor blanco y añil de unas montañas al fondo. No llega hasta el avión el olor de la jara y el cantueso, pero me acompaña aquel poema de Gil-Albert: “Allí estaréis, en medio de los campos, / en los fríos picachos, en las dulces / colinas azulosas…”.

Me voy de España, muy lejos, unas semanas. ¿Qué dejo aquí? Un país triste: la tierra de Caín. Cuánta sangre y cuánto fanatismo, cuánta arrogancia y crueldad… ¡Pero la nieve cubre las cimas de Gredos! Mientras haya nieve, hay esperanza. Vuela el avión rumbo al sur, y yo bebo una copa de vino. Con él, una pena inconcreta me va llenando el pecho. Irse de casa otra vez, dejar atrás lo que uno quiere…

No es fácil despedirse, no. Aunque sea de un país enciscado en lo malo. Vuelvo a mirar hacia abajo. ¿Qué refinamiento será posible en esta tierra dura y áspera? Solo el de lo muy sencillo: un tapial enjalbegado, un tabaque de ciruelas, el olor de unos jazmines. Cuatro tiestos que una anciana riega con esmero cada mañana. Y la humildad bien entendida. Esa es mi patria, si es que una hay que tener.

«Señoras y señores, les habla el comandante. A su izquierda verán la ciudad de Cádiz». Qué emoción. Y cómo brilla —blanca, delicada— mi ciudad de plata y luz: ¿hay algo mejor en el país? Adiós, España.

*

Ya queda menos para llegar, tras catorce horas de vuelo. Es dulce regresar así, con las primeras luces del día, y en la tierra oscura, a lo lejos, divisar un ampo de nieve: ¡Moncayo! Volver a España… País de envidias y odio, de hermanos que se matan entre sí. Pero también de gentes que saben que la vida es un sueño en que se bebe vino y casi siempre luce el sol.

Vuelvo a casa, vuelvo a… Pero ¿qué es España? (¿Y qué más da?). Yo creo que se elige, hasta cierto punto, el país en que uno vive. Mi país es esa rara España del “maravilloso silencio” cervantino, que aún resiste. La del trabajo y el buen humor; el amor a los libros, los árboles, los animales. La España de la tolerancia y la pasión por la libertad.

«Tripulación: preparen la cabina para el aterrizaje». Ojalá pudiera afinar mi paleta para describir los matices de lo seco y la sorpresa de un repentino verdor. En mi país (¿lo habré soñado?), las encinas se aferran a la tierra sedienta, y hay caminos solitarios que recorren los arrieros entonando un aire triste. ¿Y qué es lo propio de España? La devoción por la vida —responde María Zambrano— y la prodigalidad genuina de su pueblo.

Volver al fin, poner orden en cosas y papeles, intentar ponerlo también en mi alma. Dentro de un rato, desde el taxi, iré siguiendo en el horizonte la línea azul de la sierra. Y sabré que he llegado a casa.

 

NOTAS: 1. Un texto de “Gazeta de la melancolía” relacionado con este es “Patria mía“. 2. Los versos de Juan Gil-Albert que cito aquí proceden de su poema “A las hierbas de España”, que escribió en el exilio. 3. Encontré esta idea de María Zambrano en su prodigioso “La España de Galdós”.

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